miércoles, 2 de octubre de 2013

Breaking Bad, the man who would be king



Tú conoces el negocio y yo conozco la química
                                                                          
                                                                                                                 Walter White





El 20 de enero de 2008 la cadena de televisión por cable AMC (Mad Men, The Walking Dead) estrenó el episodio piloto de Breaking Bad, una serie ideada por Vince Gilligan (Expediente X) y protagonizada principalmente por Bryan Cranston (Malcolm in the Middle) y un joven y más bien desconocido actor llamado Aaron Paul al que habíamos visto en roles secundarios en films como el interesante remake de La Última Casa a la Izquierda. La primera temporada que consta de sólo siete episodios no fue demasiado exitosa, pero empezó a dar mucho que hablar sobre todo a la prensa especializada que se deshacía en elogios hacia el programa. A partir de la segunda el proyecto fue ganando en profundidad, complejidad argumental, estructura narrativa, en el plano artístico con un magnífico reparto encabezado por un actor sobrehumano que hace fácil lo difícil y que da magistrales clases de interpretación con sólo una mirada y sobre todo en seguimiento, convirtiéndose el último episodio de la serie emitido en USA el pasado domingo en un éxito sin precedentes en la AMC.





Breaking Bad nos narra la historia de Walter White, un apocado profesor de química casado, con un hijo con problemas cerebrales y otro que está en camino, que ve cómo su existencia da un giro radical al recibir la noticia de que padece un cáncer de pulmón en fase terminal que le da pocos meses de vida. Tras conocer el diagnóstico algo se dispara en la mente de Walter al pensar, no sólo en los costosos gastos que supondrá su tratamiento médico, también en qué deparará el futuro a su familia cuando él ya no esté. De modo que tomará una arriesgada decisión, utilizar sus conocimientos como químico para fabricar la metanfetamina más pura que se pueda encontrar en el mercado del narcotráfico y cuya principal particularidad es su color azul. Pero al ser un neófito en estas lides decidirá aliarse con Jesse Pinkman, un ex alumno de sus clases que trabaja como camello a pequeña escala. Ambos se unirán para dar forma a un imperio de la droga que se les irá completamente de las manos. A continuación algunos spoilers de toda la serie.





El primer episodio de Breaking Bad, escrito y dirigido por el mismo Vince Gilligan comenzaba con un flash forward, recurso narrativo y temporal que se convertiría en marca de la casa y que será llevado hasta la majestuosidad en la segunda temporada con los cold openings que abren los episodios y que se utilizará para confundir hasta el extremo al espectador en la quinta. A partir de ese mismo momento y al enfrentarnos con un tono que (como decía David Simon, el creador de The Wire) no tiene ninguna prisa por contar su historia y que pasa completamente de lo que pueda pensar el espectador medio, Gilligan pone las cartas sobre la mesa con un capítulo que parece una película que mezcla el estilo surrealista de los hermanos Coen con el humor negro de Todd Solondz y algunos apuntes que, como no, nos recuerdan a la mismísima Malcolm in the Middle, como utilizar los desnudos de Bryan Cranston con intenciones humorísticas.





Durante esa primera temporada se empiezan a perfilar los personajes principales, la personalidad muy marcada de Skyler (Anna Gunn) la simpatía de Walter Jr (R.J. Mitte) el carisma de Hank (Dean Norris), cuñado de Walter que es un agente de la DEA o el irritante carácter de Marie (Betsy Brandt), la mujer de este último y hermana de Skyler. Con respecto a Hank (uno de los pilares de la serie y el antagonista total del protagonista) que vendría a ser un Vic Mackey honrado y justo empezamos a ver que no nos enfrentamos con Breaking Bad a una serie del montón sustentada en maniqueismos pueriles. Cuando el rol de Norris aparece en pantalla aparenta que va a ser el típico personaje chulesco que mira por encima del hombro a su cuñado, una rata de laboratorio que no puede ni soñar con ser un "hombre de acción" como él. Nada más alejado de la realidad, Hank siente un profundo cariño y admiración por Walter al que trata como a un hermano aunque de vez en cuando sea algo condescendiente con él.





En los primeros episodios Gilligan tantea el terreno, introduce a los personajes en el contexto espacial que ha construido y nos hace participes de los primeros pasos de Walter en el mundo del narcotráfico junto a Jesse, siendo el primero el pigmalion del segundo dentro del mundo de la química, ya que este tiene el potencial, pero no la dedicación o profesionalidad para explotarlo al máximo, de modo que debe moldearlo. El creador de la serie marca un tono sin estridencias ni montajes espídicos, todas la susbtramas se toman su tiempo en ser desarrolladas y por ello depende qué espectador puede quedarse fuera de juego, porque al igual que otros productos como The Wire o Mad Men Breaking Bad parte de una idea complicada (en aquellas escuchas telefónicas y un publicista en los años 60, en esta un profesor con una enfermedad terminal metido a fabricante de estupefacientes) tan originales como en principio poco atractivas en su punto de partida. Pero cuando las bases se han sustentado, cuando los personajes se han definido y la narración ha asestado sus primeros golpes la adicción que el espectador siente poco tiene que envidiarle a la que experimentan los yonquis de metanfetamina que pueblan la serie.




Desde el punto de vista de un servidor en la primera temporada hay momentos de primera calidad, reflejados en cómo Walter acepta su enfermedad (el cáncer como MacGuffin de toda la serie, Hitchcock estaría orgulloso) su familia afronta tal hecho y él comienza a fabricar metanfetamina con Jesse y a venderla en las calles con,  en principio, más bien poco éxito. Pero bien es cierto que Breaking Bad no despega de manera más o menos oficial hasta el sexto episodio, Crazy Handful of Nothin', uno de mis favoritos de la serie, escrito con rotundidad por Gilligan y George Mastras (uno de los nombres fuertes en los guiones) y rodado con una pericia brutal por parte de la directora Bronwen Hughes (Las Fuerzas de la Naturaleza). Ahí en la secuencia de la visita a la guarida de Tuco y tras una de las líneas de diálogo más lapidarias que se han escrito en la historia vemos por primera vez cómo Walter White empieza a mostrar el rostro de Heisenberg, su álter ego criminal que irá poco a poco ganando terreno a lo largo de la serie al tímido profesor de química.




Pero con la segunda empiezan las cabriolas narrativas, los personajes que ya han sido presentados están preparados para mostrar sus verdaderos rostros y evolucionar y los 7 episodios de la primera temporada pasan a los 13 de rigor en las series de tv por cable americanas, de modo que Gilligan y su equipo ya pueden empezar a mover fichas. En esta etapa tiene lugar el hecho que pondrá a Walter en un camino de no retorno y que será un punto de inflexión para que Heisenberg comience a devorar la personalidad del antiguo Walter White. Me refiero a la resolución de la trama de Jane que más tarde descubriremos que en un trágico efecto mariposa traerá consecuencias aún más fatales. Ante el miedo de ver peligrar su negocio el protagonista recurre a métodos expeditivos con los que conseguir no perder ese estado de bienestar en el que cada día parece sentirse más cómodo, mientras Jesse se aboca a un viaje de autodestrucción donde la drogadicción y los remordimientos son el núcleo central.




Esto se convertirá en la tónica de la serie a partir de la tercera temporada, el cambio de roles entre los dos protagonistas. Cuando Breaking Bad dio sus primeros pasos Walter era un hombre con conciencia y Jesse un camello que pasaba completamente de la ley establecida, pero en una relación de tintes quijotescos Walter comenzará a convertirse en un ser amoral capaz de todo con tal de hacer prevalecer su imperio mientras Jesse se verá en la tesitura de ser una persona con la sombra de la culpa siempre sobrevolándole, es más, cuando la serie acaba sólo han pasado dos años, pero el rol de Aaron Paul parece haber envejecido 20. En incontables ocasiones Pinkman intentará salirse del negocio de la metanfetamina, pero Walter por medio de engaños (a estas alturas ya es un manipulador nato, campo en el que no tiene rival) conseguirá que no deje nunca de ser su ayudante, más si tenemos en cuenta que así evitará que venda en solitario "su producto", idea que no le hace ninguna gracia porque es de su propiedad, él lo ideó y le enseñó a fabricarlo.




Breaking Bad es Walter White/Heisenberg, podemos tener personajes magistrales como el de Jesse o Hank, ese agente de la DEA inasequible al desaliento que siempre va un paso por detrás de su cuñado que es el criminal al que está dando caza sin llegar nunca a saberlo, o Skyler uno de los roles femeninos más complejos que ha dado la televisión americana actual y que no merece la mala fama que tiene. Pero Bryan Cranston es el rey de la creación de Vince Gilligan. La pregunta es: ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina, Walter White o Heisenberg o el mismo Walter White siempre ha sido Heisenberg y viceversa?. Podemos defender que Walter White es un hombre bueno que se ve corrompido por un poder de reminiscencias shakesperianas que lo transforma en una bestia deshumanizada y avariciosa que es capaz de destruir todo aquello que se interponga en su camino. Pero también es sólida la teoría de que Heisenberg  siempre estuvo ahí, que lo de Walter White siempre fue una coraza (el Jekyll de su Hyde) que el criminal se encontraba agazapado y que sólo necesitaba un catalizador, una excusa (el cáncer, proteger a su familia) para mostrar su verdadera cara, la de ese monstruo que todos llevamos dentro y que sólo en circunstancias (in)adecuadas enseñaría sus fauces.




Esta segunda teoría añadiría un interesante subtexto de crítica al ciudadano estadounidense medio y al famoso Sueño Americano. La utilización de la familia como excusa para que todo esté permitido (guerras, libre comercio de armas, terrorismo institucionalizado) el afán descarnado y brutal por sacar adelante la idea del individualismo de corte objetivista que nos hace destacar sobre "la masa", el que supuestamente nos hará triunfar porque "lo hacemos por los nuestros", mientras ese mismo núcleo familiar se descompone poco a poco (genial que en las primeras temporadas la casa de los White sea un lugar luminoso y confortable para en las finales mostrarse como una oscura cueva mortecina y repleta de secretos a media voz, terror y amenazas) debido a que, en este caso, el patriarca no cesa en su empeño de ser el número uno, de saciar su ego y por fin ser el mejor en un campo tan peligroso como el del narcotráfico, ya que la vida no le ha permitido serlo en otros para los que también estaba capacitado.





Pero el mayor acierto de guión con respecto a Walter es que su transformación en Heisenberg nunca es total, al menos en una lectura exterior. Cada temporada que pasa, cada victoria que consigue, cada nueva muesca en su revolver nos hace pensar que en la próxima lo veremos sentado en su trono dando órdenes a sus subordinados sin rivales que puedan hacerle sombra. Pero hasta que no llegamos a la quinta, cuando ha eliminado a toda la competencia, aún vemos decisiones equivocadas o pasos hacia adelante ejecutados entre titubeos y miedos que en muchas ocasiones desembocan en fracaso. Pero esta idea por parte de Giilligan y sus seis guionistas tan sólo enriquece y aviva más la llama de la esencia de su criatura. Nunca lo llegamos a ver como un mafioso en el sentido más ortodoxo de la palabra, porque Heisenberg es mucho más complejo que un Tony Soprano o un Nookie Thomspon, es el reflejo oscuro de nuestra propia personalidad y de ese lado oculto que a veces ni nosotros mismos llegamos a conocer.




La elección de Bryan Cranston fue arriesgada por parte de Vince Gilligan, ambos se conocieron en el rodaje de un episodio de Expedinte X y darle un papel de esta envergadura al actor que dio vida al entrañable padre Malcolm no era la mejor idea o puede que sí, vistos los resultados. Bryan Cranston hace que el oficio de interpretar le quede pequeño, el suyo es posiblemente el más rico y tridimensional de todos los personajes que han poblado alguna vez el tubo catódico, sí, puede haberlos mejores, pero no tan bien interpretados como el que él se saca de las entrañas. Es una pena haber descubierto el inmenso talento de este hombre cuando ya casi se adentra en la sesentena, porque verlo trabajar es asistir a la creación de arte en su más pura esencia. Desde el tono de su voz hasta el lenguaje gestual pasando sobre todo por sus miradas el actor de Argo consigue pasar de transmitir patetismo o compasión a miedo y asco con sólo chasquear los dedos.




Dicen que los actores grandes hacen que sus compañeros de reparto se contagien de su trabajo y eso es un hecho en Breaking Bad. Aaron Paul se ha revelado como uno de los mejores profesionales de su generación dando vida a Jesse Pinkman, un personaje casi de tragedia griega en un contexto contemporáneo que va ganando en profundidad cuando toma conciencia de la realidad y decide abandonar inútilmente el mundo del narcotráfico en el que sólo sigue por egoismo y avaricia, algo que comparte con Walter. Pero aunque Paul hace un trabajo superlativo y cuando él y Cranston comparten pantalla saltan chispas, al verlos enzarzados en sus impagables tour de fource podemos contemplar de manera cristalina lo que es un gran actor y uno que es un fuera de serie. Meintras Paul se deja la vida en las escenas más dramáticas que comparte con su partenaire este último no parece hacer el más mínimo esfuerzo para eclipsarlo. Algo que se vuelve la tónica habitual cuando el protagonista comparte escena con cualquier otro de los actores del reparto a los que solamente deja las migajas.




Nota aparte para una grandísima Anna Gunn dando vida a la ambigua Skyler, una mujer que cuando descubre la doble vida de su marido se mueve entre dos tierras, la de aceptar de buena gana los incontables dividendos que entran en casa gracias al negocio ilícito de su esposo o el de la madre protectora que ve que este estilo de vida y las relaciones poco fiables que mantiene su cónyuge con criminales acaben algún día pasándoles factura. Enorme también el trabajo de R.J Mitte como Walter White Jr, actor que al igual que su personaje padece parálisis cerebral y que se revela como uno de los pocos resquicios de humanidad realmente pura de la serie. También gana en entereza Marie, a la que da vida Betsy Brandt, la hermana de Skyler que comienza siendo una cleptómana metomentodo y que sin dejar de ser un incordio de mujer va ganando enteros a lo largo de las temporadas sobre todo con respecto a la relación que tiene con Hank, su marido.




Este último es el verdadero héroe de Breaking Bad en el sentido más ortodoxo de la palabra, el personaje más coherente de la serie aunque en algunos momentos de la última temporada lleva a cabo actos un tanto reprobables. Un policía justo e íntegro que admira a su cuñado, vela por la mujer de este, quiere a su sobrino y aguanta las neuras de su esposa con un estoicismo digno de elogio. El rol de Dean Norris da un giro radical en el plano psicológico tras los hechos acontecidos con el Cártel de Juárez en El Paso y en el físico lo experimentará tras su encontronazo con los hermanos Salamanca en la tercera temporada. Tras ese hecho trágico su vida cambiará y tendrá que encauzarla para seguir su incansable búsqueda de Heisenberg aunque sea por medio de vías extraoficiales, ya que el caso se convierte en algo personal para él. A partir de la segunda mitad de la última temporada Norris dará lo mejor de sí como Hank sobre todo cuando se deba enfrentar a Walter teniendo su culmen con esa gloriosa última línea de diálogo en el apoteósico antepenúltimo episodio titulado Ozymandias.




Pero hasta en los personajes secundarios Breaking Bad se muestra como un producto de una calidad altísima. Tendríamos que destacar a toda la familia Salamanca formada por Tuco, los hermanos Leonel y Marco y el patriarca Héctor al que da vida un colosal Mark Margolis lleno de rabia y resentimiento que ha convertido el timbre con el que se comunica en todo un icono pop relacionado con el universo de la serie. Otros criminales como el impasible Todd (Jesse Plemons) la asustadiza Lydia (Laura Fraser) o el sádico Jack (Michael Bowen) completan una galería de enemigos de los protagonistas principales que tienen momentos brillantes, una personalidad muy definida y sobre todo muy pocos escrúpulos, los mismos o incluso menos que los del propio Walter White cuando ya es un capo del narcotráfico. A ellos se les debe sumar el dúo de yonquis formados por Badger (Matt Jones) y Skinny Pete (Charles Barker), amigos de Jesse y vía de escape cómica de la serie con salidas inolvidables. Pero si hay tres personajes recurrentes que deben estar en el podio de honor (al menos el mío) son Gus Fring, su subalterno Mike Ehrmantraut y el abogado Saul Goodman. 




El primero es uno de los criminales más atractivos que se han visto en la televisión reciente y está perfectamente interpretado por el actor Giancarlo Esposito en un registro tan contenido que a veces llega a molestar al espectador. Gus Fring es un hombre negocios que tiene una franquicia de comida rápida llamada Los Pollos Hermanos que le sirve de tapadera para la red de distribución de metanfetamina que dirige en la clandestinidad. Fring parece un villano salido de The Wire, la serie de David Simon y Ed Burns, ya que los Avon Barksdale y Stringer Bell de aquella comparten con él su elegancia e inteligencia para el negocio de la droga sin dejar de empatizar con el espectador y desprender carisma. A destacar el episodio en el que se cobra su vendetta con el Cártel siendo la escena del vómito en el cuarto de baño uno de los giros de guión más inesperados y plenos de toda la serie. El intérprete italoamericano lo hace tan jodidamente bien que incluso le perdonamos que seguramente se aprendiera sus diálogos en español fonéticamente porque tiene pinta de que ni él sabía qué cojones estaba diciendo en esos momentos.




El segundo es una debilidad mía, el Mike Ehrmantraut bordado por Jonathan Banks. Un ex policía, un guerrero cansado y de pocas palabras, un ronin que se vende al mejor postor y lo más parecido que hay en Breaking Bad a un personaje escrito por Jean-Pierre Melville. Mike está de vuelta de todo y sigue en el mundo de hampa al servicio de Gus Fring (aunque al principio creemos que trabaja para Saul Goodman) porque quiere conseguir el suficiente dinero para sustentar el futuro de su nieta, sin utilizar esto como excusa, algo que como ya hemos comentado sí hace el protagonista en beneficio propio. Más tarde pasará a colaborar con Walter y Jesse manteniendo con este último una especial relación paternofilial que les hará estrechar lazos de una manera poco habitual y muy contenida por su sutilidad. El último momento del personaje en la serie exhala un aire de lirismo oriental que nos remite a Akira Kurosawa, Yasujiro Ozu o Takeshi Kitano siendo su despedida uno de los momentos más tristes y poéticos del producto a pesar de estar envuelta en cierta pátina de patetismo e impotencia.




Por último tenemos al abogado Saul Goodman al que pone físico el actor Bob Odenkirk. Goodman es un personaje que parece salido de una comedia de Billy Wilder con algunos apuntes del Lionel Hutz de Los Simpson de la era dorada. Un rastrero hijo de puta que vendería a su madre por defender un caso con el que pudiera aumentar su cuenta bancaria. Un tipo demagogo, un parásito de interminable verborrea que protagoniza anuncios cutres en la televisión local y que tiene empapelada su oficina con la Carta de Derechos de Estados Unidos. Este rol vendría a ser la respuesta cómica al corrupto letrado Maurice Levy de The Wire que defendía a criminales y capos de la mafia de Baltimore. Tanto ha calado el enorme trabajo de Odenkirk como Saul que AMC ya está preparando un spin off a modo de precuela llamado Better Call Saul protagonizado por él.




En el plano técnico de realización Gilligan se ha rodeado de un equipo de profesionales que supieron emular y extender la puesta en escena que él imprimió en el episodio piloto. Directores de cine como Rian Johnson (Brick, Looper) al que le debemos el mítico episodio Fly, en el que Walter se obsesiona con cazar una mosca que se ha colado en el laboratorio de metanfetamina y que destila momentos dignos de cine mudo o slapstick, pero siempre desarrollando los personajes y haciendo evolucionar la trama, o el ya mencionado Ozymandias que es uno de los mejores de la serie. Michelle MacLaren (hay un interesante grupo de mujeres detrás de los guiones, la producción y la dirección de esta serie que han dado mucho al programa y a las que conviene seguir de cerca) que se forjó con Gilligan en las filas de la ya mencionada serie creada por Chris Carter y que rodó episodios memorables como 4 Days Out o Buried entre otros e incluso el mismo Bryan Cranston que a parte de ser protagonista y productor se colocó detrás de la cámara para ponerse al frente de tres episodios, algo que ya había hecho previamente en Malcolm in the Middle y que posteriormente repetiría también en The Office y Modern Family.




El look visual de Breaking Bad es inconfundible con esos tonos verdes y amarillos o el azul de la metanfetamina que Walter y Jesse cocinan, ritual este rodado con todo tipo de delectación meticulosa por parte los directores y siempre acompañados con temas musicales cuyas letras buscan la ironía o la parodia con respecto a las imágenes que estamos viendo y que acentúan las situaciones de humor negro que son marca de la casa en la serie. Dentro de la estética pocos fallos se pueden poner al producto, pero si veo como pequeñas máculas algunos planos que quedan muy bien en un sentido estético (cámaras pegadas a palas, cepillos o que vemos debajo de mesas) pero que normalmente no tienen justificación narrativa alguna y también la inclusión a partir de la tercera temporada (si mal no recuerdo) de escenas de transición con planos generales con cámara acelerada que si hubieran estado desde el principio de la serie no me hubieran molestado, pero que siendo metidos cuando ya ha pasado el ecuador del recorrido del programa no llega a convencerme del todo.




Poco más puedo decir de Breaking Bad, el trabajo de Vince Gilligan que ha entrado por derecho propio en el olimpo de las mejores series jamás realizadas. Para mí las hay mejores, pero no me cabe duda que estamos ante uno producto que ha marcado época dentro de la televisión por cable americana batiendo sus propios records episodio a episodio y sobre todo en cada una de las apoteósicas season finale que daban cierre a las temporadas y regalándonos con ello a uno de los personajes más grandes de la historia de la ficción filmada. Esos tres últimos episodios son oro puro que en un futuro serán estudiados en las clases de guión, realización y arte dramático. Al final no sabemos si el último golpe de Walter White es llevado a cabo con motivos redentores (la segunda mitad de la quinta temporada era la versión de El padrino III de Vince Gilligan, el rey corrupto que quiere dejar atrás su vida criminal sin conseguirlo o querer hacerlo realmente) o si realmente es el definitivo acto de egoísmo de un genio del crimen, un monarca del hampa hecho a sí mismo en un tiempo récord, el verdadero reflejo del hombre occidental del siglo XXI que exhala su último aliento de vida con una sonrisa en el único lugar donde era el mejor, el mafioso, el manipulador, el que llamaba a la puerta, el peligro, el cocinero, Heisenberg, Walter White.


8 comentarios:

  1. Póngame usted a los de su señora

    Pd: Aquí os dejo un articulazo que los chicos de la web Zona Negativa han hecho de la serie:

    http://www.zonanegativa.com/?p=69696

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    1. La serie es tan redonda que hasta el número de artículo de ZN les ha salido circular, capicúa. Y encima el capicúa feliz.

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    2. Es que a Heisenberg no se le escapa una, bitch.

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  2. Le habéis echado un ojo a Metástasis, el remake que se esta preparando de esta gran serie? A eso le llamo tener visión comercial y talento para seleccionar actores XD

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    1. Sí, calla, calla y para colmo se ve que es un calco plano por plano de la versión americana. Lo mejor es que el actor que hace de Hank parece un stripper de esos que se desnudan para las despedidas de solteras.

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  3. Formidable! Un análisis genial de un genio. Bravo, compañero!

    Un saludo de tu amigo Abetos.

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    1. ¡Muchas gracias Abetos!

      Nos vemos en alguna de las dos Logias, que nos espera un 2015 movidito ;)

      ¡Un saludo!

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