lunes, 18 de diciembre de 2017

Tusk, rime of the ancient mariner



Título Original Tusk (2014)
Director Kevin Smith
Guión Kevin Smith
Reparto Justin Long, Haley Joel Osment, Génesis Rodriguez, Michael Parks, Johnny Depp, Ralph Garman, Harley Morenstein, Bill Bennett, Jennifer Schwalbach Smith, Rob Koebel, Harley Quinn Smith, Lily-Rose Melody Depp, Ashley Greene, Doug Banks, Matthew Shively






En el año 2011 el guionista y cineasta Kevin Smith dio un cambio radical a su estilo cuando decidió alejarse de las comedias juveniles repletas de freaks, nerds, sexo, escatología, cómics y referencias a la cultura pop con Red State, una abrasiva mezcla de terror y thriller en la que cargaba las tintas contra los extremistas religiosos (en concreto contra la Iglesia Bautista de Westoboro, fundada por el fallecido Fred Phelps y regida por su familia) ejecutando un trabajo que hundía sus raíces en el cine exploit y de Serie B de los años 70 con deudas claras con los primerizos Wes Craven y Tobe Hooper de La Última Casa a La Izquierda o La Matanza de Texas. Aunque el recibimiento se antojó dispar no fueron pocos los que alabaron la valentía del autor de Clerks o ¿Hacemos Una Porno? (Zack & Miri Make a Porno) para dar un giro tan radical a su cine marcando un antes y un después en su filmografía.




Cuando parecía que Red State sólo había sido un experimento y que tras el mismo Smith iba a volver al celuloide que le dio la fama su siguiente proyecto de nuevo supuso un giro inesperado de los acontecimientos. Tusk, que es el nombre de la penúltima cinta del director de Jay y Bob el Silencioso Contraatacan tiene su origen en SModcast, el podcast que Smith comparte con el canadiense Scott Mosier, amigo íntimo y habitual productor de sus largometrajes. En una de las entregas de dicho programa llamada "The Walrus and the Carpenter" ambos locutores hablaron largo y tendido sobre el extraño caso de un hombre que después de permanecer durante medio año perdido en el mar con la única compañía de una morsa al ser rescatado y enviado a su casa puso un anuncio en el que alquilaba su casa a una persona cuya única condición para asentarse en la lujosa mansión era que se pusiera durante dos horas al día el disfraz de una morsa.




De este modo la trama sigue los pasos de Wallace Bryton (Justin Long) y Teddy Craft (Haley Joel Osment) dos locutores al frente de un podcast llamado "The Not-See Party" (que juega con la pronunciación fonética de "Not-See" que es muy parecida a la de "nazi" en inglés) en el que comentan vídeos virales con un humor negro de más que dudoso gusto. Con la intención de visitar al protagonista de una de estas grabaciones Wallace viajará a la vecina Canadá, pero allí sus planes se verán radicalmente alterados cuando lea un peculiar anuncio en el que un lugareño de Manitoba ofrece alojamiento y cientos de relatos sobre sus años como marinero a aquel que decida aceptar su propuesta. Una vez allí Wallace conocerá al misterioso Howard Howe (Michal Parks) un anciano paralítico que, como prometía en un principio, ofrecerá al joven podcaster techo e historias sobre su vida en la mar, destacando por encima de todas ellas la del peculiar Mr Tusk, que le cambió la vida.




Tusk es una película que conviene ser vista conociendo poco o nada de su argumento, de hecho yo he facilitado algo más de la información pertinente para su disfrute total como producción cinematográfica y voy a seguir haciéndolo a lo largo de esta reseña para poder hablar adecuadamente de ella. Lo interesante es que el termino "disfrutar" puede que no sea el que mejor se adhiera a una pieza como la onceava película de Kevin Smith si tenemos en cuenta que el referente con el que más ha sido comparada, de manera bastante lógica, es The Human Centipede (2009), de Tom Six, aquella primera parte de una trilogía en la que dicho cineasta holandés narraba el experimento llevado a cabo por un "mad doctor" que decidía unir a tres personas adheriendo el ano de cada uno de ellos a la boca del siguiente para convertirlos en una especie de ciempiés humano con toda la visceralidad, escatología y morbidez que dicha propuesta cinematográfica conllevaba.




Kevin Smith hace algo muy parecido partiendo del hecho real narrado en su podcast compartido con Scott Mosier, pero cambiando la exigencia por parte del marinero retirado de que su inquilino se disfrazara durante dos horas diarias de morsa en una idea más retorcida y demencial como es que dicho personaje narcotice a su invitado (en este caso el protagonista de la película, interpretado por Justin Long) para posteriormente someterlo a una brutal cirugía plástica para deformar su cuerpo hasta límites malsanos con el único fin de que su físico se asemeje lo más posible al de una morsa. La propuesta de Smith con Tusk es demencial, una pieza bizarra y suicida en no pocos aspectos, y lo más curioso es que durante su primera mitad funciona magníficamente bien en todos los sentidos posibles, pero es en la segunda cuando el proyecto se viene abajo casi hasta hundirse por un cambio de tono tan innecesario como inverosímil.




Desde su mismo arranque hasta la mitad del metraje Tusk se revela como uno de los mejores trabajos de escritura y dirección de Kevin Smith. En el proceso, y con la ayuda de algunos flashbacks adecuadamente insertados, el guionista y realizador irá perfilando la personalidad de su personaje principal interpretado por un ta repelente y pusilánime como creíble y cercano Justin Long, contextualizará el entorno en el que este se moverá (una Canadá oscura, llena de supuestos paletos y con un tratamiento que aparenta alejarse considerablemente de la realidad) y comenzará a desplegar todo el misterio y la amenaza que late detrás del rol de Howard Howe (enorme Michael Parks, como siempre, en uno de sus últimos trabajos) dándole una consistente profundidad desde el guión que tomará forma cuando empiece a contar a su invitado anécdotas sobre su vida y que eclosionará brutalmente en la secuencia durante la operación quirúrgica en la que conoceremos los hechos traumáticos de su pasado, sin que Smith utilice estos para justificar sus demenciales actos, sólo ofreciéndoles una génesis.




La interacción entre los dos personajes protagonistas, los ya citados flashbacks en los que iremos conociendo un poco más la vida personal de Wallace y que nos harán debatirnos entre el rechazo y la empatía, el pulso narrativo con el que Smith controla algunos de los pasajes más tensos (el personaje de Justin Long cayendo poco a poco bajo el efecto de los narcóticos que Howard le ha echado en el te, mientras este le sigue contando situaciones cada vez más esperpénticas de su pasado) esa violencia verbal recrudeciéndose al tiempo que torna en física cuando el antiguo marinero comienza con las distintas fases de la cirugía, todo ello funciona adecuadamente para que el espectador cada vez se encuentre más inquieto, incómodo y confundido con respecto a qué será capaz de hacer el demente Mr Howe con el imberbe podcaster que se ha metido en la boca del lobo por culpa de su afán por el sensacionalismo más chabacano y pueril propio del siglo XXI.




Pero todo lo que previamente había construido Kevin Smith con aplomo y un timing encomiable con la ayuda de unos protagonistas en estado de gracia que ejecutan un brillante tour de force se viene abajo cuando se consuma la transformación de Wallace en Mr Tusk. Tras el lógico impacto que supone ver al personaje de Justin Long convertido en morsa (excelente trabajo de Kurtz/Nicotero/Berger con el maquillaje, aunque algunos movimientos del actor delatan la naturaleza artificial del atuendo) el autor de la obra imprime un imprevisto cambio de tono hacia la comedia bufa que no concuerda para nada con el matiz de intriga y opresión que iba construyendo lentamente, pero con seguridad, a lo largo de la primera mitad de la obra, firmando su sentencia de muerte desde el mismo momento en el que abandonamos la casa de Manitoba y los personajes de Haley Joel Osment y Génesis Rodríguez (que da vida a Ally, la novia de Wallace) comienzan la búsqueda del protagonista.




A partir de ese momento comienzan a sucederse las situaciones inverosímiles, lo acontecido en la casa de Howard Howe cada vez se vuelve más histriónico e hiperbólico, rompiendo esa meritoria veracidad que Smith transmitía al espectador, con más mérito si cabe teniendo en cuenta el disparatado e inverosímil punto de partida de la película. Gran parte de la prematura decadencia sufrida por la obra durante esta parte del metraje se debe a la aparición del insulso e irreal personaje de Johnny Depp que aún guardándose un par de secuencias memorables como en la que describe las atrocidades que ejecuta el personaje de Michael Parks a modo de asesino en serie (Smith elegantemente narró en off toda la atroz intervención quirúrgica a la que rol del actor de Abierto Hasta el Amanecer sometió al protagonista, causando de esta manera más impacto sus actos en boca de Lapoint al apelar a la imaginación del espectador) lastra el ritmo del proyecto y alude a una pátina humorística que no funciona en casi ningún momento.




Pasajes como el flashback en el que se narra la visita de Guy Lapointe a la cabaña en la que vivía Howard Howe con anterioridad y el comportamiento de este fingiendo algún tipo de deficiencia mental parecen sacados de una película que no tiene nada que ver con Tusk y otros como el de la interminable conversación entre el ya citado detective interpretado por Johnny Depp y los personajes de Teddy y Ally en la hamburguesería hieren de muerte a la película mientras esta se va desangrando poco a poco en la recta final del metraje. Por suerte y una vez entregada la película al humor chabacano y la anarquía narrativa mal entendida Smith nos depara algún momento remarcable como la más atípica, peculiar y bizarra pelea cuerpo a cuerpo que se ha visto en una pantalla en muchos años. Por desgracia esta entrega a la locura no sirve para que olvidemos que el autor de Persiguiendo a Amy ha perdido la oportunidad de ejecutar una de sus mejores obras alejada del liviano tipo de celuloide con el que se dio a conocer.




Presentada como la primera entrega de una saga titulada "True North Trilogy" en la que Kevin Smith parece destilar una pueril inquina hacia Canadá (suponemos que formando parte de alguna broma interna con su colega y colaborador Scott Mosier) Tusk supone una película entretenida para todo aquel espectador con el estómago más o menos endurecido que pudo ser mucho más que eso si la segunda parte de su metraje no hubiera sido abordada tan inadecuadamente por su guionista y director. Retorcido, negrísimo, arriesgado y en varios aspectos autobiográfico el penúltimo trabajo del cineasta nacido en New Jersey marca el inicio de una nueva etapa en su carrera que tuvo continuación con Yoga Hosers, un spin off derivado del proyecto que nos ocupa con un punto de partida no menos descabellado que el de este pero con unos resultados considerablemente peores a la hora de intentar amalgamar géneros y tonos que en ningún momento funcionan con la solidez necesaria y de la que hablaremos en breve dentro de Transgresión Continua.



No hay comentarios:

Publicar un comentario