martes, 27 de septiembre de 2011

El Árbol de la Vida, Terrence Malick todopoderoso




Título Original The Tree of Life (2011)
Director Terrence Malick
Guión Terrence Malick
Actores Brad Pitt, Sean Penn, Jessica Chastian, Fiona Shaw, Hunter McCracken, Crystal Mantecon, Pell James, Joanna Going, Kari Matchett, Michael Showers




Creo que es desacertado e incluso contraproducente hacer una crítica sobre la última película de Terrence Malick al poco de haber terminado su visionado, porque es ese tipo de film que necesita del paso del tiempo para ser asimilado en toda su magnitud, que no es poca. Pero quiero dejar aquí mis primeras impresiones sobre la cinta, para pasados los días, leerlas y ver si mi opinión sobre El Árbol de la Vida cambia en un futuro próximo o lejano, como me sucedió con otra de sus obras, que con el tiempo pasó a ser una de mis películas favoritas de todos los tiempos.




El veterano y poco prolífico (una media de casi una cinta por década, desde los 70) director Terrence Malick entró en mi vida de primerizo cinéfilo, para ponerla patas arriba, en 1999 cuando fui al cine a ver en pantalla grande La Delgada Línea Roja. Me pareció una gran película, pero cometí varios fallos de juventud e inexperiencia a la hora de valorarla. El primero fue introducirla en el cine bélico más ortodoxo, cuando incluso tildar la cinta de antibelicista es practicar un reduccionismo injusto con ella a la hora de evaluarla globalmente.




También la minusvaloré al compararla con esa Salvar al Soldado Ryan de Steven Spielberg que tanto había fascinado e impactado a mi impresionable mente, cuando ambas cintas viven en mundos muy diferentes. Para hablar de qué las asemeja y las diferencia y a pesar de mi admiración por la cinta protagonizada por Tom Hanks me quedo con las acertadas palabras del poeta alemán Durs Grünbein cuando decía que La Delgada Línea Roja es a Salvar al Soldado Ryan como la poesía a la propaganda. En otro momento hablaré de lo que supone para mí la tercera película de Malick, ahora me centraré como es lógico en su última producción.




El Árbol de la Vida ha sido un proyecto largamente acariciado por el cineasta Terrence Malick. Se pre estrenó hace unos meses entre loor de multitudes en el pasado festival internacional de Cannes con división de opiniones, pero a pesar de ello se llevó, sin muchas quejas por parte del público o la prensa especializada, el premio máximo, la Palma de Oro del certamen francés. La crítica de una manera más o menos generalizada ha estado considerablemente de acuerdo a la hora de ensalzar las incontables virtudes del largometraje como obra cinematográfica.




En cambio gran parte del público que ha acudido en masa a ver el El Árbol de la Vida por curiosidad, por inercia o por estar protagonizada por una superestrella como Brad Pitt ha salido escaldado acusando al producto de documental de Discovery Channel de baratillo, soflama intelecualoide, obra sin pies ni cabeza llena de pretensiones o cinta aburrida. En resumidas cuentas, al discurso autoral de Terrence Malick llegar al gran público no le sienta bien, porque la suya es una manera de entender el sépitmo arte tan peculiar como intransferible. Incluso algún cine de España ha llegado a tomar curiosas medidas tan cómicas como alarmantes con respecto a la película de la que nos ocupamos.




El Árbol de la Vida narra, por un lado, los recuerdos de niñez de un empresario en el día del aniversario de la muerte de su hermano, fallecido en la guerra de Vietnam. Entre distintos flashbacks veremos su vida compartida con sus padres y sus dos hermanos menores, sobre todo durante la niñez, y cómo aquel traumático suceso cambió su existencia y la de su familia. Por otra parte seremos testigos del nacimiento de la vida y el universo como tal, desde su propia génesis a modo de supuesto complemento o añadido de la historia central sobre los O'Brien. A continuación comentaré la obra cinematográfica con spoilers




Contrariamente a lo que se piensa o se ha afirmado El Árbol de la Vida es una obra cinematográfica de una sencillez formal y conceptual desarmante, que la profundidad de su discurso sea inmensa o el tema que aborda se antoje de una universalidad (nunca mejor dicho) inabarcable ya es otro asunto. La mayor complicación que puede haber para seguir debidamente el desarrollo del film es ser consciente de que los pasajes centrados en la familia O'Brien están desordenados, idea inteligente y bestialmente lógica si tenemos en cuenta que son recuerdos del personaje de un excelente pero poco aprovechado Sean Penn, ya que nosotros como individuos no rememoramos tiempos pasados de manera cronológica.




The Tree of Life es un inmenso viaje introspectivo al origen de la vida y la existencia. Malick narra desde la sencillez más humilde una historia ambiciosa bigger than life a la que da inicio hablándonos de tomar dos caminos a la hora de abordar nuestro destino, el de la naturaleza (representada por el padre) y el de la gracia (con la imagen la madre). Aunque en otros sitios han hablado de que los progenitores vienen a ser el Dios del Antiguo Testamento y el del Nuevo Testamento respectivamente, idea nada descabellada. Por primera vez de manera directa, aunque ya apuntara a ello en La Delgada Línea Roja, Malick muestra una dicotomía entre esa madre naturaleza (a la que había retratado en todo su esplendor en la ya mencionada cinta bélica y en su penúltima cinta, El Nuevo Mundo) y una teología para nada adoctrinadora o discursiva que agradará a creyentes con amplitud de miras y que no disgustará a ateos liberales. Aunque si lo miramos desde un punto de vista panteista ambas entidades (terrenal y divina) formarían parte de un mismo todo.




A pesar de que Malick se muestra como un creyente convencido no duda en mostrar al inicio de su film un big bang que podría fácilmente alejarse de la divinidad e incluso es capaz de enseñarnos dinosarios caminando por la tierra apuntando teorías evolutivas. Pero también apela por la existencia de una entidad superior tan misericordiosa como cruel en ocasiones. Aunque todo está expuesto de manera que no haya necesidad de decantarse por una sola visión. Ya que esos pasajes sobre la formación de la vida y el planeta Tierra pueden abordarse como si fueran el testimonio de Dios dando forma a la creación o desde el punto de vista de la naturaleza misma tomando una perspectiva demiúrgica.




También se permite el director de Días del Cielo dar una entidad poderosa a la vida de una sencilla y común familia y el enfrentamiento de sus miembros a la pérdida de unos de sus componentes, equiparándola a esa formación espacial del universo, confesándonos en cierta manera que ambos relatos le pueden parecer fascinantes en la misma medida, ofreciendo un retrato del ser humano algo alejado de aquella cierta misantropía que destilaban sus anteriores obras y que aquí parece haber desaparecido casi por completo, ya que el personaje más reprobable del film, el del padre que interpreta magnificamente un maduro Brad Pitt al que las arrugas le dan entereza, sigue siendo un progenitor que a pesar de su rudeza u hosquedad ama profundamente a sus hijos.




La cámara de Terrence Malick, desde siempre (aunque seguramente todo empezó en Días del Cielo con la impagable ayuda de un exultante Nestor Almendros en la fotografía) pero en El Árbol de la Vida más que nunca, es una fuerza sobrehumana de la naturaleza. No existe un director en el cine actual que sepa llegar a unas cotas de lirismo o poética visual tan altas como las que alcanza el director de Malas Tierras. La pureza en su máximo exponente, la vida en toda su plenitud, la belleza con una arrebatadora presencia omniscente, imágenes que de tan poderosas a veces incluso pueden llegar a sobrecargar al espectador. Tanto a la hora de abordar la vida de una familia del sur de Estados Unidos como para poner en escena la creación del universo.




Pero la cámara nunca proyecta (en apariencia) meticulosidad o academicismo. Malick encuadra con instinto, mueve el objetivo con vivacidad, no notamos la presencia de ensayos previos o un storyboard, es como si la steadycam cobrara vida y supiera estar en el lugar exacto y el momento preciso y eso con sólo ver el trailer puede percibirse. Es tanta la impoluta pureza que transmite la obra que en ocasiones bordea lo innecesario como en un par de pasajes relacionados con la madre (a la que da vida una entregadísima y muy acertada Jessica Chastain) en los que levita o aparece confinada en un ataúd de cristal al más puro estilo de relato mágico.




Parece como si autores de la talla de Tarkovski, Dreyer o Kubrick se amalgamaran en uno sólo director en muchos momentos de The Tree of Life. Terrence Malick crea la obra más ambiciosa de toda su carrera sin ínfulas de adoctrinamiento y sin caer en el subrayado discursivo. Todo se muestra tan natural y epidérmico que es imposible que el espectador pueda negar la plasticidad pictórica de los encuadres o angulaciones, pero en parte yo sí puedo comprender que a cierto tipo de espectador le pueda a llegar aburrir o saturar la estructura o el acabado del film, porque esta es una de esas obras con las que o uno entra de lleno en ella o se queda fuera del todo mirándola desde la lejanía y sin interés alguno.




Cuando llegamos a ese final que remite a 2001: Una Odisea del Espacio (ese marco de puerta de entrada en medio de la nada enfocada en contrapicado recuerda al célebre monolito de la obra maestra de Kubrick) una vez más la ambigüedad puede hacernos pensar que Jack tiene una visión de su llegada al paraíso compartiendo felicidad con sus familia difunta o que todo es una metáfora de como ha conseguido por fin y tras muchos años superar la pérdida de su hermano y llegar a la redención consigo mismo (ya que también llega a ver su yo adolescente), de ahí su sonrisa final mirando a cámara.




El Árbol de la Vida es una obra que a día de hoy no se pude evaluar adecuadamente, ya que el paso del tiempo es el que la encumbrará en lo más alto o la abocará al olvido. Para mí ha supuesto un experiencia intensa, única y como largometraje me veo en la obligación de ponerlo en una posición alta dentro de lo mejor de este 2011. En sus dos primeras producciones Malick era un director que se mostraba mucho más grande y talentoso que sus propios films, tras La Delgada Línea Roja esa barrera se rompió y por fin nos pudo entregar un proyecto a la altura de su discurso como autor. El Nuevo Mundo supuso (a pesar de ser un film menor) la confirmación de tal hecho.




En cambio su último film es la confirmación total y fehaciente de que el discurso malickiano ha llegado a sus más altas cotas de pureza y conceptualidad, ofreciéndonos esta vez la película más personal y suya de cuantas ha realizado. Poco importa si es una obra religiosa, agnóstica o que abogue por la evolución o el creacionismo. El séptimo arte se creó para transmitir sensaciones por medio de la imagen llevándonos a otros mundos o universos y este largometraje es la muestra más cristalina de tal idea. Con El Árbol de la Vida ese director enemigo de la fama, de las conferencias de prensa, alérgico a ser fotografiado, que destila amor por el arte y que ignora taquillas o críticas ha conseguido llegar a una autorealización profesional (que seguramente repercuta también en su vida personal) con la que el resto de directores del cine actual sólo pueden soñar. Larga vida a Terrence Malick.


9 comentarios:

  1. Gran crítica para una película que, o no he entendido, o voy a contracorriente en cuanto a interpretaciones se refiere. Para mí –y conste que no soy religioso– la mayor parte de este filme no son los recuerdos de Penn, sino la respuesta de Dios a una pregunta de la madre. La Chastain pregunta "¿qué somos para ti?" (refiriéndose a Dios) y, en ese momento, vemos como empieza ese "documental" que muchos espectadores han criticado pero que yo veo perfectamente coherente. Porque Dios le está respondiendo así... con dos horas y media de relato en el que asistimos a cómo vería Dios la vida de cualquiera; a cómo vería la historia de alguien dentro la Historia en general. La cuestión es que, por supuesto, Dios empieza el relato por el principio, y su principio no es el nuestro. De ahí tanto el Big Bang o los dinosarios iniciales como ese final, con el Sol convirtiéndose en gigante roja y liquidando la vida en la Tierra. PERO, y ahí está el quid, el hombre ocupa la parte central y más importante del asunto. Así pues ¿qué somos para Dios? Por una parte apenas nada, pero por la otra somos el centro de sus desvelos. Lo más importante y esencial.

    En efecto, El árbol de la vida tiene para mí presentación, nudo y desenlace. E incluso su atípica sintaxis narrativa queda justificada, porque si Dios es el que cuenta el asunto es normal que vaya a momentos fugaces, a impresiones, a recuerdos en los que se ha fijado lo importante y prescindido de lo accesorio. En este sentido la dualidad Padre/Madre es claramente la dualidad Naturaleza/Gracia, en la que no veo tanto al Dios del Antiguo/Nuevo Testamento sino más bien al eterno dilema Ciencia/Fe. El padre es frío, severo, inmisericorde y a veces hasta cruel... busca ante todo preparar a sus hijos para las desgracias del mundo, conseguir que sobrevivan, hacerlos fuertes. La Madre, sin embargo, es cariño, amor y cuidado; es el dinosaurio que reniega de la naturaleza para mostrarse clemente con su presa. Es el triunfo de la Gracia frente a la Naturaleza; una Gracia que al final también resulta triunfante, con el Padre rebosante de amor y cariño.

    Sobre Malick, comentar que es un esteta de tomo y lomo; uno muy experimental e impulsivo además. Por eso rueda como rueda, tirando muchos rollos, pendiente siempre de lo hermoso, del plano y del detalle. El hecho de que haya montado una película tan sensual y emocionante a la vez que coherente con tamaña fragmentación del planos me indica que si algún Oscar debería llevarse este filme (además del de fotografía) es el de montaje. ¡Un saludo!

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  2. Pues tu punto de vista me parece tan inteligente como probable, adentrándose esaa visión que comentas en terrenos que van más allá de la metafísica.

    Yo como tú veo esa dualidad Naturaleza/Gracia en las imágenes del padre y la madre respectivamente. Además el mismo Malick lo deja claro con la voz en off al principio del film.

    Es gratificante ver que una obra como esta puede dar para muchas lecturas y ser abordada desde distintos puntos de vista, poco importa si son teológicos o existencialistas, mientras transmita sensaciones y de pie al debate su triunfo como obra es total.

    Un saludo.

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  3. Gran entrada! la verdad es que meditando la película y comparándola con otras obras de Malick, en concreto "Badlands" las similitudes tanto en el estilo como en el mensaje me han sorprendido (En Badlands también aparece un padre aguerrido pero que ama a su hija, y luego el personaje de Martin Sheen, que aparece cual Job para matar a ese padre -en este film lo logra- y quedarse con su hija -figura interpretada por la Spacek y que en la del árbol de la vida sería Jessica Chastain- Por lo demás, barrios residenciales americanos, un incendio, la pareja viviendo en plena naturaleza...). No sé, puede que sea una ida de pinza, pero pensándolo me pareció una temática recurrente.

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  4. Hay similitudes estilísticas y formales, cierto, pero, por poner un ejemplo, la frialdad que transmitía el personaje de Sissy Spacek para mí está bastante alejada del candor y el cariño pasional que el de Jessica Chastain ofrece a sus hijos en El Árbol de la Vida. Lo que en la ópera prima de Malick era cierto distanciamiento y contención en su última cinta es vida y muerte desatadas y sin concesiones.

    A mí de Malas Tierras me llamó la atención en su momento la gelidez y determinación con la que los protagonistas interactúan entre ellos o con el resto de la sociedad y como llevan a cabo sus actos (incluidos los criminales) con toda la naturalidad del mundo. Aunque si bien el papel de Martin Sheen me gustó y me pareció carismático el de la Spacek me produjo rechazo y hasta rabia, señal de que la actriz hizo inmensamente bien su trabajo.

    Un saludo.

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  5. A mi es que Spacek me produce mucha perturbacion en sus papales, ya no por la naturaleza de los mismos (Badlands, Carrie...), si no por su físico; parece totalmente dejado de humanidad. De hecho no te sabría decir si es guapa o no. Jessica Chastain me ha recordado a una Naomi Watts con pecas xD (únicamente en el físico, la Watts es otra con unos papeles de loca de cuidado y de un dramatismo de la hostia).

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  6. Si quieres ver a una Sissy Spacek muy humana (puede que demasiado) debes ver si no lo has hecho En la Habitación (In the Bedroom) de Todd Field, ahí entre ella y Tom Wilkinson con sus enormes papeles levantan todo el peso de la película.

    Guapa no era (hablo en pasado porque ahora la mujer tiene una edad y ha envejecido soberanamente mal) pero algo tenía ese físico y esa mirada que le daba cierto encanto extraño.

    Jessica Chstain tampoco me parece guapa, pero en algunos momentos es atractiva, más que en El Árbol de la Vida me he dado cuanta en La Deuda de John Madden, que comentaré en breve aquí.

    Me quedo con Naomi Watts guapa, profesional y entregada a los papeles dramáticos como pocas.

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  7. Le tomo la palabra en la recomendación de "El la habitación"; ya le comentaré.

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  8. Intensa, única y para mi conmovedora. Una de las mejores del 2011.

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  9. No me queda más remedio que darte la razón, David.

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