lunes, 4 de julio de 2011

Enter the Void, omnisciencia cinematográfica después de la muerte




Título Original Enter the Void (2009)
Director Gaspar Noé
Guión Gaspar Noé
Actores Nathaniel Brown, Paz de la Huerta, Cyril Roy, Emily Alyn Lind, Jesse Kuhn, Masato Tanno, Olly Alexander, Sara Stockbridge





Es una empresa complicada, casi imposible para la mayoría, enfrentarse a una película del cineasta argentino afincado en Francia, Gaspar Noé y quedar indiferente con su visionado. Enter the Void es su tercer largometraje y fue presentado en el festival de Cannes del año 2009. Durante su pase tuvieron lugar ciertos hechos ya habituales cuando una de sus cintas es mostrada en alguna competición oficial. Espectadores saliéndose de la sala al poco de iniciar la proyección, otros más aguerridos que aguantan hasta la mitad o la eterna convivencia en la platea entre aplausos enfervorecidos y considerables abucheos.




Gaspar Noé se dio a conocer con el mediometraje Carne, que narraba la vida de un carnicero francés (impagable Philip Nahon) violento, incestuoso y pedófilo a cuyas andanzas dio continuidad en su primer, bestial y prometedor largometraje Solo Contra Todos, obra en la que asentaría sus bases autorales. Utilización violenta de la cámara y el montaje, ausencia casi total de elipsis narrativas, inclusión en pantalla de carteles subliminales o explícitos arrojados contra el espectador, así como una personal y cruenta mirada repleta de agonía existencial sin concesiones sobre el lado más oscuro del ser humano, amparándose unas veces en un hiperrealismo que cortaba la respiración y otras en sensacionalismo que producía vergüenza ajena, sirva de ejemplo el cartel que salía en al recta final del metraje y que nos daba 30 segundos para abandonar el visionado de la cinta y de este modo no asistir a un desfile de violencia supuestamente insoportable.




En el año 2002 llevó el escándalo en la sección oficial del festival de Cannes con su siguiente cinta detrás de las cámaras, Irreversible. La segunda obra cinematográfica de Gaspar Noé era una historia de rape and revenge narrada hacia atrás, destruyendo de esta manera la ley de causa efecto y exigiendo al espectador mayor implicación con una historia angustiosa y brutal en fondo y forma (cámara realizando movimientos giratorios espasmódicos y mareantes, efectos de sonido ensordecedores a 28 khz) protagonizada por tres estrellas del cine francés tales como Vincent Cassel, Monica Belucci y Albert Dupontel. Irreversible como obra posee tantos hallazgos e ideas suicidas con mucho mérito, como pretensiones y pasajes de un efectismo poco acertado. Su paso por el festival causó una agría polémica, por su violencia extrema, su mensaje reaccionario y supuestamente homófobo, pero sobre todo por una dura (realista, directa, sin concesiones podríamos afirmar) escena de 12 minutos sobre una violación en tiempo real. Aunque yo siempre he afirmado que la del extintor que acontece en el Rectum la supera a la hora de causar cierto impacto en el espectador.




Con Enter the Void el público y la prensa especializada ya sabía a que se atenía conociendo la obra previa de Noé. Eso es lo esencial para enfrentarse a una película de este señor, saber que no se corta un pelo a la hora de poner escenas duras en pantalla o mejor dicho, abordar esas escenas de una manera que a otro director ni se le pasaría por la cabeza. Una vez el espectador es consciente de que no sabe lo que se va encontrar (algo que por desgracia se ve muy poco a día de hoy en el mundo del cine y que es algo de mucho valor que se agradece) debe despojarse de prejuicios y acometer el visionado de la obra con una intencionalidad de completa implicación, porque si las obras previas de Gaspar Noé eran de alguna manera difíciles de abordar, su tercera cinta no lo es menos, pero si entramos en su juego seremos partícipes de un ejercicio de estilo cinematográfico original, excesivo, desafiante y único en su especie. A partir de aquí incluyo algunos spoilers de la película.




Ya desde los exagerados, coloristas y martilleantes títulos de crédito (no tan acertados como los de Irreversible) de Enter the Void vemos sin lugar a dudas el sello de su director. Un señor que es capaz de utlizar los carteles en los que se presenta el equipo artístico y técnico de su producto como arma arrojadiza para llamar la atención a todos los sentidos de un espectador que despierta de su letargo y sale de su estado acomodaticio. Más tarde con la sencilla premisa de dos hermanos americanos que viven en Tokyo y la muerte de uno de uno de ellos, Noé nos propone un viaje cinematográfico intra y extracorporeo que no se parece a practicamente nada que se haya podido ver previamente en una pantalla de cine.




Para empezar, el director del corto Sodomites apela a la implicación total y la empatía del espectador al introducir su cámara literalmente en su protagonista. Es decir, lo que viene siendo la primera media hora de la obra está rodada en unos magníficos y en ocasiones geniales (lo de los parpadeos me parece una idea magistral) planos subjetivos. Nosotros mismos somos el protagonista, Óscar. Vivimos su vida, vemos lo que él ve y experimentamos lo que él siente, como cuando se coloca al fumar DMT y empieza a ver imágenes lisérgicas y oníricas llenas de colores que remiten a la obsesiva admiración que Gaspar Noé tiene por 2001, Odisea en el Espacio la obra maestra de Stanley Kubrick.




Cuando llegamos al final de este tramo experimentamos de manera enfermizamente epidérmica y brutal la escena que hace que merezca la pena el visionado de Enter the Void. La de la muerte de Óscar y por ende la nuestra como espectadores. Esa sola secuencia, ese instante, tiene tanto cine puro en su interior, está tan magistralmente expuesta en pantalla que algo muy grande debe hacer Noé para superarla y a fe mía que a pesar de que queda un largo viaje lleno de momentos meritorios (y otros no tanto) no lo consigue. Las manos ensangrentadas del protagonista, esa muerte solitaria, esos sollozos convertidos en súplicas, dan forma a una de las escenas más profundamente reales, tristes y logradas que un servidor ha podido ver en muchos años dentro de un film.




Tras esta parte la cinta crea una ruptura total en la puesta en escena ya que la cámara (el espectador, el narrador) sale de Óscar y se convierte en una entidad extracorporea que sobrevuela la ciudad de Tokyo. Para unos se trata del fantasma del protagonista, para otros (entre los que nos incluímos el mismo director y un servidor) todo es un último sueño en la mente del chico durante su estertor de muerte. Una fuga disociativa que le hace creer ser la presencia demiúrgica de un futuro en el que vela por su desamparada hermana y que realmente sólo está en su cerebro apunto de apagarse al fallecer. Poco importa cual de las dos teorías es la válida o acertada (aquí entraríamos en unos terrenos similares a los de la filmografía del norteamericano David Lynch) Noé se sirve de esta técnica para convertir al espectador en un ser cinematográficamente omnisciente que todo lo ve y al que nada se le escapa.




Esta elección tan arriesgada formalmente es la que sacrifica a gran parte de los espectadores que visionan Enter the Void. Porque de los 155 minutos que tiene el metraje 125 más o menos, si no contamos los flashbacks de Óscar (esta vez rodados desde su propia espalda, otro acierto de Noé sacarnos poco a poco de su personaje, pero ojo, manteniendo los parpadeos que siguen enfatizando la empatía física del espectador con el rol) están planificados en un interminable plano cenital que recorre edificios iluminados de la ciudad nipona, habitaciones, calles, cableados, luces. Esta decisión por parte del cineasta puede irritar y agotar a cierto tipo de espectadores más acostumbrados a que se lo den todo mascado en el plano visual, pero si aceptamos la propuesta la experiencia merece la pena.




A partir de la muerte de Óscar el film torna en un sobrecargado, excesivo y por qué no decirlo, en ocasiones genial ejercicio de estilo cinematográfico de corte voyerista sobre cómo el personaje de Linda afronta la muerte de su hermano. Por otro lado la relación entre ambos es retratada en los flashbacks por Noé bordeando el candor más esplendoroso (puede que ahí estén las imágenes más bellas de su filmografía) pero también el morbo y casi el incesto, siempre con la versión que la compositora de música electronica Delia Derbyshire hizo del Aria para cuerda en Sol de Johann Sebastian Bach sonando de fondo. También destacar, para bien o para mal y como no podía ser menos, que el metraje contiene en su interior todas las constantes autorales de Noé como cineasta al cuadrado.




Un tratamiento del sexo deshinibido por fuera pero considerablemente conservador y hasta crítico en su interior, que curiosamente sólo se muestra con cierta pureza cuando es utilizado como medio para dar vida, hasta con plano digital del interior de la vagina y el pene introduciéndose para dar forma a la concepción en el óvulo por medio del espermatozoide. Una visión del uso de las drogas que se mueve entre la sumisión placentera y la repulsión a causa de sus efectos. Tratamiento crudo de algunas escenas que funcionarían en off o veladas por una elipsis narrativa, pero con las que el director prefiere recrearse considerablemente (la del feto por poner un ejemplo). Una mirada profundamente nihilista acerca de la existencia en la que unos pocos personajes buenos son devorados vivos por los seres egoistas que les rodean y por una sociedad desalmada que los hace llegar a situaciones extremas.




Finalmente tras el bestialmente onírico, cargante y excesivo (aunque también acertado) pasaje del hotel, como en todo clímax final de una obra de Noé la cristalina y luminosa vida se abre camino. Pero todo es falso o está manchado por la inmoralidad (Solo Contra Todos) o destruido por el tiempo (el final de Irreversible es el principio de la historia y ya sabemos como acaba la misma) o por ser un trayecto que puede no ser real porque sucede en la mente de su protagonista, que mezcla recuerdos, imágenes, objetos (las maquetas de la ciudad de Tokyo de su amigo) y personas, como en Enter the Void. Gaspar Noé ya no es tan misántropo como en sus anteriores obras, pero sigue odiando este mundo en el que vivimos y a la mayoría de la gente que en él habita. Un mundo en el que, según él, sobrevivir es un deber y un derecho, en el que vivir es un acto puramente egoista y en el que la muerte no es el paso a otro nivel trascendental ni un camino redentor sino el final de un sólo trayecto, el de la propia existencia terrenal.




Enter the Void debería ser de visión obligada para toda mente inquieta interesada en aventurarse en un producto cinematográfico diferente, rompedor y suicida. Por descontado ese espectador curioso tendrá que enfrentarse a lastres como un metraje excesivo, unas interminables pretensiones, pedantería, barroquismo visual llevado al extremo e incluso una gratuidad enfermiza en la exposición de ciertas escenas que no necesitan un tratamiento tan sensacionalista. Pero el viaje merece la pena, por su naturaleza lacerante, incómoda, vívida, melodramática y catárquica. Un trayecto que nos muestra a un autor en constante evolución (ahora quiere hacer una porno artie, chúpate esa Lars Von Trier) que no sabemos si ha llegado con su última obra a la cumbre de su discurso autoral o si puede adentrarse aún más en él. Lo único que sé es que, como he dicho en numerosas ocasiones, este señor llamado Gaspar Noé, cuya obra me produce tanta fascinación como rechazo, es necesario para despertar del hastío y la rutina a ese encafalograma plano al que llamamos panorama cinematográfico actual.



6 comentarios:

  1. Espectacular crítica.

    Mi más sincero aplauso para ti. Pocos críticos de cine saben "explicar" tan bien lo que ofrece una película sin caer en la facilidad del "me ha gustado" - "me ha disgustado".

    La que publiqué yo en Cinefilo
    http://www.cinefilo.es/criticas-cine/enter-the-void-de-gaspar-noe/21695/

    es sin duda una crítica muy inferior a esta.

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  2. No desmerezcas tu crítica porque está muy bien y apunta con acierto las virtudes y fallos de la película. Me ha gustado mucho.

    Además comparto contigo la admiración por esa genialidad llamada Las Vidas Posibles de Mr Nobody que también comenté en el blog, aquí te dejo la entrada por si quieres leerla

    http://transgresioncontinua.blogspot.com/2010/07/las-vidas-posibles-de-mr-nobody-cara-y.html

    Un saludo.

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  3. Buena crítica, Armin, que acrecienta mi intriga por esta película. Pienso verla después de "Irreversible". Por cierto, la cinta porno artie, si es "Love", tiene más de cualquier otra cosa que de porno, en mi opinión, al igual que "Solo contra todos" abunda en muchas cosas y no precisamente en violencia.

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    1. Cuando hablo de que Sólo Contra Todos es violenta no lo digo sólo en el plano físico, que también, sino en el conceptual, las dos primeras películas de Gaspar Noé son violentas estructuralmente, lo es en su puesta en escena, en el montaje, en el uso de los efectos de sonido... todo en concordancia con la psicología del carnicero.

      En Irreversible esa violencia se multiplica, tanto la psicológica como la física, pero sobre todo la que menciono, que es intrínseca en la obra de Noé. En esa película la cámara sufre, agoniza, sangra, se autoinmola, casi parece querer agredir al espectador y esa es una de sus mayores virtudes como narrador.

      Love la tengo pendiente, a ver si algún día me animo con ella.

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