martes, 28 de junio de 2011

Nuevos X-Men, de Grant Morrison



A inicios de la década pasada el recién estrenado editor de Marvel, Joe Quesada, tenía buenas ideas. Sí, ahora son todo mefistazos a Spiderman y decisiones en su mayoría erroneas, pero en el año 2000 el dibujante de Daredevil y diseñador del Azrael de Batman dio nueva vida a la Casa de las Ideas. Entre varias elecciones acertadas como poner a Garth Ennis al frente de Punisher o a Kevin Smith de Daredevil ,Quesada decidió devolverle el prestigio a la franquicia mutante de los X-Men, que a pesar de que al inicio de los 90 tuvo una época fructífera con Chris Claremont y Marc Silvestri (sutituido este más tarde por Jim Lee) a los mandos y que con la nefasta influencia de Rob Liefeld en los X-Force (extendiéndose más tarde a el resto de colecciones) las ventas se dispararon, nunca había levantado verdaderamente la cabeza, en lo referente a su calidad, desde la mítica etapa de Chris Claremont y John Byrne en los 80. Para relanzar a los Hijos del Átomo, Joe Quesada y sus huestes pusieron al frente de la colección al guionista escocés Grant Morrison.




Grant Morrison es una personalidad mayúscula dentro del mundo del cómic (para mí, como autor sólo es superado por Alan Moore). Nacido en Glasgow en el año 1960, comenzó a despuntar como muchos de sus coetaneos en la revista británica especializada en el mundo del cómic 2000 A.D. Más tarde inició su extensa colaboración con DC revitalizando con maestría dos colecciones como Animal Man y Doom Patrol y más tarde marcando época con la novela gráfica Arkham Asylum, controvertida, genial, onírica y suicida visión del universo de Batman al que volvería dos veces más. Una poco después con el tomo Gótico, de la colección Legends of the Dark Knight y la otra, 15 años más tarde, con la serie regular que aún hoy está realizando y que ya dura más de un lustro lleno de éxitos, alabanzas de la crítica y también polémica por la visión que el guionista da de el Señor de la Noche, que no es del agrado de todos, aunque sí de la mayoría.




Ciertamente dentro del cómic mainstream Morrison ha tenido grandes éxitos (como su larga etapa en la JLA), pero donde más extendida se ha podido ver su vertiente cruda e intransferible, deudora de la contracultura y con continuas reminiscencias a la estética pop o la literatura beat, es en el sello para cómics dirigidos al público adulto de DC, Vertigo. Allí creó obras geniales como su reformulación del personaje Kid Enernity, la muy personal y posiblemente definitiva en muchos aspectos en lo referente a su estilo, Los Invisibles, Flex Mentallo, We 3, El Asco (una especie de secuela espiritual y casi conceptual de Los Invisibles), Mata a tu Novio o El Misterio, estas tres últimas reeditadas recientemente por Planeta DeAgostini en España.




Precisamente su fructífera etapa en la JLA de DC sirvió para que en Marvel contrataran sus servicios para relanzar la franquicia mutante. Morrison acabó a finales de los 90 harto de la editorial que impulsó a Superman y Batman, debido a varios roces con los editores (sirvan como ejemplo los problemas con cierta censura que quisieron imponerle en su colección Los Invisibles). Famosas son las declaraciones que dio al abandonar el famoso sello: "Me voy para quitarme este mierdoso sabor de boca que me ha dejado la compañía que una vez quise tanto". Afirmación que al igual que otros tantos autores dentro del cómic (Warren Ellis, Mark Millar, Alan Moore o Frank Miller) se tuvo que tragar cuando volvió a trabajar en dicha casa años después de su breve pero intenso paso por Marvel.




Pero situémonos a mediados de 2001, que fue cuando empezó la andadura de Morrison con la serie. Antes de empezar la misma el escocés escribió una especie de tratado, una declaración de principios en forma de guía en la que exponía lo que según él funcionaba o no funcionaba, lo que debía permanecer y lo que se debía erradicar, en los últimos X-Men, esos que no levantaban cabeza y que él venía a revolucionar. Dicho texto era poco alentador. Morrison tenía las ideas claras, pero hablaba de manera muy superficial sobre la colección y los personajes centrándose más en la estética de los mismos, en la influencia de la primera película basada en los cómics, dirigida por Bryan Singer en el año 2000 o en captar nuevos lectores (aunque sin dejar de lado a los veteranos) que en hablar a las claras de qué iba a hacer con la saga. Por suerte todo lo que quería exponer sobre el camino que iba a transitar con su paso por la Patrulla X era mucho más complejo y serio que lo que exponía en estas escuetas páginas. El resultado es, no sólo la etapa más rompedora y arriesgada que se ha visto en muchos años dentro de la franquicia mutante, sino también la más completa y lograda desde la ya mencionada de Chris Claremont y John Byrne.




Si hay que resumir la etapa de Grant Morrison en los X-Men en una sola, escueta y directa palabra esa es indudablemente "evolución". Ya desde el título de la colección que pasó a llamarse New X-Men, el escocés insufló a todo el proyecto un afán por el cambio y por dar pasos adelante, pero sin perder en ningún momento la esencia del Universo X y sus personajes. Por ello dejó un poco de lado el tono superheróico de la franquicia y se centró más en darle un tono de ciencia ficción deudor de autores literarios como Philip K. Dick o William Gibson. Pero sobre todo acertó a la hora de convertir su saga en un remake actualizado y contemporáneo de la ya mencionada etapa de Claremont y Byrne, curiosamente, con sus propias La Saga de Fénix Oscuro y Días del Futuro Pasado incluídas.




Cuando Morrison toma las riendas de una serie regular sobre superhéroes siempre la realiza dejándose influenciar por la etapa que más le ha marcado como lector de la misma. Con Batman bebió de las historias de los años 60 y 70, que iban desde las más coloridas y esperpénticas (impuestas por el Comics Code) hasta el tono más austero que inyectaron a las historias del Caballero Oscuro autores como Denny O'Neill, Neal Adams, Marshall Rogers o Jim Aparo. Con X-men sucedió lo mismo, pero con dicha colección se dejó inspirar por la que es conocida casi unanimemente como la mejor etapa de los personajes, la que abarcó desde la segunda mitad de la década de los 70 hasta 1986, cuando el canadiense John Byrne dejó los lápices de la colección.




Pero como ya he mencionado, Morrison decidió hacer que los X-Men evolucionaran y se quitaran todos los lastres conceptuales y caminos comunes que los mantenían estancados desde hacía años. Por ello decidió incluir ideas que los guionistas previos que habían pasado por la colección ni llegaron a imaginar o sólo trataron de manera superficial y sin ahondar en ellas. Para empezar el escocés toma la idea de la primera película de Bryan Singer de llenar la Mansión X de alumnos. Gracias a este planteamiento se puede permitir tratar temas como el sexo entre mutantes adolescentes, el uso de drogas experimentales (uno de los temas centrales en casi toda la obra de Morrison) en los colegíos o el asesinato anónimo con posterior investigación detectivesca para dar con el responsable (magnífico el arco Asesinato en la Mansión X) que remite directamente a los relatos de la escritora Agatha Christie.




El primer puñetazo en la mesa lo da Morrison con la ayuda del magnífico y detallista autor Frank Quitely en el dibujo (que por desgracia no fue el ilustrador fijo de la colección, lo que dio lugar al mayor fallo de la etapa, pero de eso hablaré más adelante). Un arco de tres capítulos titulado E de Extinción que es un prodigio de cohesión conceptual, y fluidez narrativa. En dicha historia un nuevo y misterioso personaje con la ayuda de unos Centinelas mejorados lleva a cabo un genocidio en la isla de Genosha (lugar de refugio para un extenso país lleno de mutantes, entre ellos el mismísimo Magneto) en el que morirán más de 16 millones de homo superiors. Tan radical punto de partida sirve para poner en escena a la que será la villana de la primera parte de la etapa de Nuevos X-Men y sobre todo para que el guionista se haga con los personajes principales y los desarrolle con convencimiento y de manera gradual.




Con respecto al retrato de personajes tenemos un acierto total. El autor de Sebastian O aborda a los X-Men con inteligencia y fidelidad, enriqueciéndolos y dándoles tanta entereza como vulnerabilidad. Su mayor acierto sin lugar a dudas es darle de nuevo y después de muchos años a Cíclope ese peso que debe tener como líder del equipo. El Scott Summers de Morrison sigue siende un hombre con dudas y debilitado mentalmente por haber sido poseido con anterioridad por Apocalipsis, pero gracias a lo bien que está perfilada su personalidad es del todo creíble como capitán al mando de la Patrulla X. Su relación con Jean se llena de matices gracias a un crisis matrimonial que el escocés sabe llevar con elegancia y estilo y que más tarde se enriquece con la intromisión de Emma Frost, convirtiéndose en trío lo que anteriormente era una pareja.




Curiosamente la Dama Blanca es el personaje mejor retratado por Morrison. Nadie le ha sabido sacar tanto jugo a la señorita Frost y le ha regalado tantos diálogos ácidos, momentos memorables y reflexiones sobre el artificio y la superficialidad, convirtiéndola en un personaje tan adictivo como aborrecible. Pero el escocés no se olvida del Hombre X por excelencia y como el tipo no es tonto, aplica la sabia ley que afirma que Lobezno es mejor personaje cuando está en un plano secundario que cuando es el centro de la acción. A Logan lo pone de fondo, con momentos brillantes (cuando lo vemos aparecer al pie de la escalera en Revuelta en la Mansión X, frente a Quentin Quire nos damos cuenta del potencial del personaje, que con su sola presencia desprende fuerza y carisma) pero sin recibir demasiado protagonismo. En cambio cuando llegamos al brillante arco Asalto a Arma Plus, Morrison le da la batuta al canadiense y nos revela datos nuevos sobre su paso por el proyecto Arma X y le regala momentos de puro genio como ese diálogo final con Arma XV antes del cliffhanger que cierra la saga, para ser enlazada con la siguiente, Planeta X.




Pero no nos olvidamos tampoco de lo fieles que son las visiones que se dan también de personajes como un Bestia/Hank McCoy con miedo por su involución animal o un profesor Xavier del que descubrimos que debió enfrentarse a su primer enemigo ya en el vientre materno (magnífico el capítulo mudo). Por otro lado tenemos la inclusión de personajes nuevos por parte de Morrison como la misteriosa y aterradora Cassandra Nova, Fantomex, versión high tec por parte del guionista del famoso ladrón francés Phantomas, así como el engmático nuevo componente de la Patrulla X, Xorn, rol clave en el devenir de la colección. También aparecen por primera vez algunos alumnos nuevos como Pico, Ángel o los Cuclillos de Stepford, unas quintillizas con poderes telepáticos que son tuteladas por Emma Frost. Por último habría que sumar las apariciones estelares de Tormenta, Bishop, Mercurio, Sapo, las huestes del Imperio Shi'ar y demás personajes relacionados con el Universo X.




Algo está claro con New X-Men, Morrison se acopla a un franquicia que nunca había tocado pero gracias a su inventiva y adaptabilidad no sólo consigue hacerla suya, también aplica en ella muchas de sus constantes autorales e inquietudes artísticas, las mismas que han cimentado su obra como guionista. Este sello personal e intransferible se percibe a lo largo de los 43 números, pero sobre todo en la ya mencionada saga Revuelta en la Mansión X. En dicho arco se narra un acto revolucionario dentro del mismo hogar de los X-Men encabezado por un alumno modelo y de una portentosa inteligencia llamado Quentin Quire, que consigue reunir a un grupo de compañeros para rebelarse contra las directrices y el sistema de valores pacifista de Charles Xavier. Finalmente el resultado será trágico tanto para alumnos como para profesorado. En estos cuatro números (a los que se añade un prólogo) se plantean temas morrisonianos como el uso de la revolución como arma contra un sistema supuestamente totalitario (esta vez desde un punto de vista equívoco y fallido) o el consumo de drogas como catalizador tanto de inspiraciones artísticas como de problemas físicos y psicológicos. Parece en estos capítulos como si Morrison realizara una visión crítica sobre su propio discurso como autor, pero en verdad lo está reformulando, haciéndolo evolucionar y perfeccionarse. Mutar al fin y al cabo.




El cierre de la colección es de un dramatismo considerable, sobre todo cuando se descubre quién era la persona que movía los hilos desde las sombras. El problema es que hay una ruptura argumental cuando se descubre la identidad de dicho personaje. Ya que el escocés se pasó muchos números desarrollando un rol nuevo para después darle un giro a su personalidad que desde distintos puntos de vista se antoja tan caprichoso como inviable. Esta pequeña mancha, junto al baile de dibujantes, pueden considerarse los únicos fallos de la etapa de Grant Morrison en los X-Men. Frank Quitely era perfecto como ilustrador, pero su perfeccionismo y lentitud en el trabajo hizo imposible que pudiese seguir el ritmo de entregas adecuado para continuar en la colección, aunque por suerte dejó su huella en varios de los mejores arcos argumentales de Nuevos X-men.




El gran número de dibujantes de la colección hizo que la misma perdiera cohesión estética o estilística como historia compacta. Por el lado bueno tenemos que grandes ilustradores como Jon Paul Leon, Ethan Van Sciver, Phil Jimenez o un muy contenido Chris Bachalo (entre otros) cumplieron notablemente con su trabajo. Pero por desgracia tenemos que destacar para mal la labor del croata Igor Kordey. Este hombre, que realizó números para Cable o Soldier X, en la época en la que participó en Nuevos X-Men estaba saturado de trabajo, debido a que intervenía en varias colecciones a la vez. Seguramente por eso sus lápices en la mayoría de los arcos argumentales en los que colaboró son tan deficientes, convirtiéndose las viñetas a veces en una maraña de personajes con rostros decrépitos y mal acabados que daban una sensación poco profesional y de torpe ejecución.




Después de acabar en el presente Morrison decide crear su propio homenaje a Días del Futuro Pasado con su último tramo de cuatro entregas al mando de la serie, Bienvenidos al Mañana. Una revisión profana y muy sui generis de aquella mítica e irrepetible saga a manos de los nunca suficientemente laureados Chris Claremont y John Byrne. Aquí Morrison, con la ayuda de un muy acertado Marc Silvestri, cierra tramas, une cabos sueltos, recupera personajes que se habían perdido en el inicio de su etapa como guionista de la colección y da rienda suelta a su tono más críptico haciendo un uso tan acertado e inteligente como desconcertante de la narración circular. Finalmente dicho círculo se cierra y el de Glasgow deja la serie, abandonándola a su suerte, con mucho camino transitado y cambios en la historia de la franquicia mutante que aún hoy se respetan (aunque no todos) para volver a DC y seguir su camino con el sello Vertigo y la serie regular de Batman. El calvo volvía a casa.




Tras le etapa de Nuevos X-Men la suerte siguió sonriendo a la Patrulla X. Una nueva colección titulada Astonishing X-Men la sustituyó y la misma, que estaba comandada por ese genio llamado Joss Whedon (Buffy, Ángel, Firefly, Serenity) en la escritura y el enorme John Cassaday (Planetary) en el dibujo, siguió deslumbrando (puede que con menos intensidad que la de Morrison, pero eso ya lo comentaré cuando desgrane esta etapa en otra entrada, dentro de poco) a unos lectores que volvían a sentir ilusión por leer las aventuras sus personajes favoritos. A Whedon y Cassaday más tarde los segurían Warren Ellis (Transmetropolitan, Planetary) acompañado de dibujantes como Simone Bianchi, Phil Jimenez o Karee Andrews, pero de eso hablaré más adelante, aunque dentro de no mucho tiempo.




New X-Men tiene mucho más valor de lo que en un principio parece, No sólo supuso un soplo de aire fresco, una descarga eléctrica en pleno corazón de los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby cuando más lo necesitaban, también sentó las bases de lo que más tarde seria Batman INC y supuso un nuevo paso en la carrera de Morrison como escritor. A día de hoy se puede considerar un punto de inflexión en las aventuras de los Hijos del Átomo y para muchos no sólo la mejor obra del escocés dentro del cómic comercial, también su opus magna como autor. Lo que sí es cierto al 100% es que supuso una arriesgada apuesta que fue un rotundo triunfo. Morrison nos mostró con sus Nuevos X-Men que para que una franquicia tan grande como la mutante avance la misma debe sobrevivir y mejorar, en definitiva hay que hacerla cambiar y llevar su concepción argumental al extremo, apostar por lo desconocido y poco transitado en su temática. En resumidas cuentas, el amigo Grant sustituyo la E de Extinción por la E de Evolución y el mundo del cómic superheróico todavía se lo agradece.


2 comentarios:

  1. Saludos, llevo ta rato leyendo tu blog, me parece sensacional.

    New xmen de morrison, me parece una muy buena etapa que no excelente de los xmen, en parte como tu lo comentabas por el desfile de dibujantes que pasó pir el título y en parte porque esperaba más, la leí después de haber leído astonishing xmen de wheddon y en lo personal me pareció mejor, por la caracterización de los personajes y un poco mas accesible, cabe destacar que tambien cassaday tuvo mucho que ver en ese cariño que le guardo a la serie, el hecho de Magneto siendo Xorn pues no me causo impresión ya lo sabía cuando la leí y dejame decirte que uno de los momentos que mejores me parecieron fue el momento en el que Jean está muriendo y Scott pide que traigan a Xorn... Imagino que alguno que otro se sintió así, sin más me despido, es como ese sentimiento que me cargo de "quisiera no haber sabido que Vader era el padre de Luke y haberme asombrado al ver la peli" pero ni modo. Saludos desde México.

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  2. Bienvenido al blog.

    Estás en lo cierto, los Astonishing X-Men de Whedon y Cassaday es una etapa genial de los personajes, yo me quedo con la de Morrison porque me parece más arriesgada y rupturista, pero es innegables que los números de Joss y John son una delicia en fondo y forma.

    Cierta vez la he comentado en este blog en alguna reseña, pero dentro de poco le dedicaré una entrada extensa a esos Astonoshing X_Men y también a los posteriores de Warren Ellis.

    Saludos.

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