jueves, 29 de octubre de 2009

La Naranja Mecánica, más allá de la ultraviolencia



Título Original: Clockwork Orange (1971)
Director: Stanley Kubrick
Guión: Stanley Kubrick basado en la novela de Anthony Burgess
Actores: Malcolm McDowell, Patrick Magee, Michael Bates, Adrienne Corry, Warren Clarke, John Clive, Aubrey Morris, Carl Duering, Paul Farrell, Clive Francis




Con motivo de su reestreno en salas cinematográficas españolas el pasado viernes y porque es sin lugar a dudas la película que más impacto ha causado en mi vida como cinéfilo, le dedico a continuación un medianamente extenso análisis a La Naranja Mecánica, la adaptación cinematográfica que el director americano Stanley Kubrick realizó de la novela del inglés Anthony Burgess publicada en 1962 y que armó un considerable revuelo en el mundo literario. Recomiendo la lectura de la siguiente entrada sólo a personas que hayan visto previamente el film, porque lo disecciono considerablemente.




Si la novela fue controvertida, el film de Kubrick supuso posiblemente la obra cinematográfica que más ha dado que hablar y más ríos de tinta ha hecho correr en la historia del cine. En resumen simple (expresión totalmente incompatible con el film que nos ocupa) se puede decir que La Naranja Mecánica narra las aventuras de Alex DeLarge y sus amigos, unos jóvenes delincuentes que dedican el día a violar, golpear y asaltar a sus concidadanos. Por culpa de algunas rencillas con sus compañeros Alex es traicionado durante una de sus fechorías y posteriormente encarcelado. Ya entre rejas se someterá a un tratamiento que servirá para curar su maldad y resinsertarlo en la sociedad como una persona más, pero nada saldrá como estaba previsto.




La Naranja Mecánica es la complejidad hecha cine, la ambigüedad en celuloide. Cuando se estrenó su repercusión fue tal que no tardaron en salir a la luz jóvenes que tras ver el film se dedicaron a emular los actos delictivos de los protagonistas. A pesar de que la película fue bien acogida por crítica y público, que recibió gran cantidad de premios y nominaciones, cuatro en los Oscars, película, director, guión y montaje, la presión que la Warner Bros y el mismo Kubrick sufrieron por parte de espectadores indignados fue tal que el director se vio en la obligación (demostración de cuanto poder tenía como autor de su obra cinematográfica) de retirar su cinta de los cines, una muestra de autocensura sin precedentes en la historia del cine.




Pero claro, los ataques contra el film no venían por su caleidoscópica mirada sobre la violencia de una sociedad corrupta, que engendra monstruos en todos los estratos sociales y políticos, sino porque por primera vez se mostraba esa violencia de manera más o menos explícita en pantalla. Críticos y espectadores se quedaron en la superficie y sólo supieron ver la estilizada mirada que Kubrick mostraba con su realización de todo tipo de actos violentos. Sí, puede que el director de Atraco Perfecto retratara tales escenas con una delectación hasta cierto punto enfermiza, incluso en algunas situaciones cómica, pero en ningún momento su visión sobre las consecuencias de tales barbaridades era banal de manera alguna.




Polémicas a parte a día de hoy el film es tildado por muchos y de manera puerilmente equívoca como una obra anticuada, ya que la mayoría de estos individuos creen que el mensaje de un largometraje se muestra anquilosado si su estética queda hasta cierto punto demodé. Es indudable que la dirección artísitca, de producción e incluso el vestuario de La Naranja Mecánica a día de hoy se ve hortera, incluso risible (y más si somos conscientes de que Kubrick trataba de mostrar con ella un futuro no muy lejano), pero eso no tiene nada que ver con la esencia y el hondo calado de una obra que argumentalmente sigue a la orden del día.




Los dilemas morales que plantea una película como La Naranja Mecánica son de todo menos simples o secillos. Su fondo es tan complejo que el espectador despistado puede tildarlo tanto de conservador como de progresista, cuando no es ni lo uno ni lo otro, o puede que los dos a la vez, nada resulta baladí en un film como el que nos ocupa. Si bien durante los primeros noventa minutos de metraje Kubrick nos muestra una lectura social y moral (incluso moralista a veces) sobre una sociedad deshumanizada, donde la violencia la puede ejercer un jóven desalmado o una organización gubernamental con el respaldo de las altas instancias del partido que se sitúa en el poder, en la media hora final de la obra la carga política se acentúa vorazmente, mostrando las distintas caras lascivas y corruptas de una misma moneda, moneda indudablemente de cambio.




Alex es un jóven inteligente, carismático, pero eligió el camino de la violencia, de infligir el dolor ajeno y de disfrutar aplicándolo y aquí entra la lectura teológica que poseen tanto el libro de Burgess como el film de Kubrick. El libre albedrío, la capacidad del ser humano de tomar sus propias decisiones, de elegir personalmente el camino que debe tomar para realizarse como persona. Escritor y director coinciden en que anular la voluntad de un individuo, por muy asocial que sea, es un acto inhumano que lo convierte en poco más que un autómata reducido a la mínima expresión existencial, de ahí que muchas personas piensen que los autores del libro y el film estén del lado de su criminal protagonista, observación que se mueve con austera complejidad entre lo acertado y lo erroneo.




Por eso no es extraño que en la primera mitad del film sintamos un profundo odio hacia Alex, por su soberbia, sus actos, su falta de escrupulos y compasión, ni tampoco es alarmante que en la segunda mitad nos compadezcamos, de él, de su calvario, de como está, de alguna manera entre cómica y trágica, pagando todo lo que hizo durante su carrera delictiva. En este apartado puede que La Naranja Mecánica sí sea un relato moral (de hecho es una de las películas más utlizadas en insitutos de todo el mundo en las clases de la asignatura de Ética) pero como ya he mecionado previamente en su recta final su mensaje se vuelve tan alambicado que reducirlo a una sola palabra resulta una futilidad del todo inane.




Treinta años censurada en Inglaterra, nunca emitida en televisión en abierto, maldita como pocas, polémica, graciosa, dura, seca, inteligente, satírica, política, envenenada, en definitiva una obra maestra adelantada a su época. Tardé diez años en verla tras lo traumatizado que quedé al ver el trailer de producción propia que Canal Plus le dedicó para su estreno allá por Febrero de 1995, si mal no recuerdo, pero cuando por fin la pude videar, no pude resistirme a la fuerza de sus imágenes, a lo desafiante de su planteamiento, a lo subversivo de su esencia. La Naranja Mecánica fue gestada para que su creador marcara una antes y un después en la historia del cine y le arrebatara de una tacada su inocencia, y a fe mía que Stanley Kubrick lo consiguió drugos míos, vaya que si lo consiguió.


4 comentarios:

  1. Sólo diré que con La naranja mecánica, If... y O Luckjy Man, Malcolm McDowell compensó cualquier mal que pudiera hacer (y que hizo) al cine en su carrera posterior.

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  2. No he visto ni If ni Oh Lucky Man ni ninguna de las películas que hizo para Lindsay Anderson y no es por falta de ganas.

    Y sí, la carrera posterior de Malcolm McDowell es de las más nefastas jamás vistas y eso que esta década ha remontado un poco el vuelo al trabajar con Robert Altman o Rob Zombie.

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  3. Estoy por hacer un informe sobre violecia (violencia y drogas/jóvenes/marginalidad/outsiders) en el conexto de la américa latina de fines de siglo XX y comienzo del XXI (con análisis de dos obras de teatro brasilero contemporáneo).
    No puedo dejar de pensar en esta novela.

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  4. Es la más adecuada para ese tipo de trabajo, es más, tanto la película como la novela se utilizan mucho en distintos tipos de enseñanza para analizar dilemas éticos y morales, así como la influencia de de actos violentos en nuestra sociedad.

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