miércoles, 2 de septiembre de 2009

La Naranja Mecánica, sí, él ya estaba curado


Sí amigos, no hay nada más tópico, típico y estúpido que hacer un comentario de La Naranja Mecánica (ya sea del libro o la película) utilizando términos de dialecto Nadsat la jerga que utiliza Alex el protagonista tanto del film como del escrito, pero yo también quiero ser popular.

Bien drugos míos La Naranja Mecánica es el libro más célebre del veco escritor inglés Anthony Burgess y sirvió de inspiración a Stanley Kubrick para crear su fílmica obra maestra homónima.

De entrada puedo decir que el libro es realmente joroschó y te scavata bien de los yarboclos desde la primera página, la gran diferencia con la película del dedón barbudo que dirigió La Chaqueta Metálica y que puede ser tanto un acierto como una provocación es el hecho de que Alex tiene catorce años y las ptitsas de la tienda de discos con las que practica el viejo unodos, unodos en su habitación (por poner un ejemplo) no tienen más de diez años.

Si el mensaje de la película es complejo el del libro es la de dios, una carga social y política realmente chudesña, una ambigüedad moral que le hace a uno pensar si el mismo escritor justifica realmente las grasñas acciones de su protagonista, ya que parece que el autor nos da a copar que las bestialidades que el gobierno lleva a cabo para convertir a Alex en un nadsat puglio resultan más salvajes (posiblemente lo sean) que todos los actos de ultraviolencia realizados por nuestro drugo brato con anterioridad.

Kubrick fue realmente fiel al libro, ya que practicamente calcó casi todos los episodios que plasmó en imágenes, pero algunos pasajes bastante joroschós han desaparecido, como cuando los drugos al inicio del relato crastan en una tienda y tolchan a la babuchca que lo regenta y elimina algunas cosas de la trama en la staja, sobre todo la importante parte en la que Alex ubiva a un plenio en su propria celda con la ayuda de otros chelovecos. Luego detalles más simples como el hecho de que los dos drugos que acaban siendo Militsos no son Georgie y Dim, éste último sí acaba siéndolo, pero el otro no, ya que su lugar lo ocupa el grasño Billy Boy (que sale al inicio del film y el libro intentando violar a una filosa con sus amigos, que acaban peleando con la banda de Alex en el teatro abandonado) y destacar también un acierto de la cinta sobre el escrito y es el hecho de que en la primera, Dim, en la noche de la traición golpea a Alex con una botella de moloco y en el segundo lo hace con su usy quedando mejor estéticamente la escena del film.

Nota aparte para el célebre capítulo 21 que no está en la edición americana del libro ni en la película de Kubrick y que aún no sé si mejora, empeora o deja en las mismas este chudesño libro lleno de filosas de grudos apetitosos, glupos políticos, sodos militsos y un sistema futuro tan sucio que ya lo podemos nuquear en la actualidad.

Es cierto que el drugo Alex es el único molodo verdaderamente umno del libro, pero es un madmeño málchico sin moral ninguna, Burgess como buen católico nos quiere vender que anular la voluntad del libre albedrío a un liudo es una aberración que lo deshumaniza y que esa no es manera de acabar con la delincuencia, pero si tenemos en cuenta que nuestro brato Alex es amante de la ultraviolencia y se divierte de fenómenos al ver correr el crobo ajeno puede que merezca todo lo que le pasa... o no.

Pero ahí drugos míos en esa ambigüedad reside el encanto de este obo libro que más tarde pasó a ser una de las más polémicas y joroschás obras maestras de la historia del siny.

Yarboclos para todos y besadme los scharros graños pianitsos.


3 comentarios:

  1. No se entiende una mierda de la entrada, pero sí, es una gran película.

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  2. Pues yo la vi pensando que trataba de una sociedad futurista en la que la naturaleza ha muerto y es replicada mediante modernas tecnologías.
    Ese era el chiste.

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  3. Dejen de hacerme reir los dos, yo aquí tengo una reputación de hombre serio y leído, bueno reputación de hombre serio, vale, reputación de hombre, de acuerdo, reputación de hombre, ¿o sólo reputación? da igual, hostia no me hagáis reir.

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