miércoles, 2 de septiembre de 2009

La Biblia Satánica, entretenido tratado sobre la vacuidad



Anton Szandor Lavey, el Papa Negro, el emisario del maligno en la tierra, el gurú, el creador de este libro, era un gilipollas.

La Biblia Satánica es un entretenidísimo cúmulo de soplapolleces tan grandes como las del libro sagrado del cristianismo. Lavey no da cohesión a su tratado, todo es un afán entre cachondo y pedante por dejar en evidencia (eso sí, escribiendo muchas verdades) a la religión ciristiana y todo lo que representa y ahí reside el principal fallo del libro, que quiere dar forma a una religión que vive inevitablemente a la sombra de otra, de modo que su personalidad no se define en ningún momento.

Lavey proclama que su religión no es espiritual, sino carnal, que los ciristianos son unos hipócritas, que es preferible la lujuria a la castidad, que ninguna persona debería someterse ni reverenciar a nadie y que siendo más materialistas se puede vivir de manera más próspera, yo hasta ahí estoy con él, pero mete la pata y de qué forma, cuando introduce una perogrullada reaccionaria haciendo una apología bestial de la venganza, de aplastar a los débiles y de destruir piscológicamante (y si es necesario de manera física) a las personas que consideres tus enemigos, una sinrazón detrás de otra que deja el escrito a la altura del argumento de una película de Steven Seagal, de modo que aquellos que lo tildan como el manual de autoayuda definitvo están dopados hasta las trancas, aunque ese tipo de libros son aún más ridiculos que este que nos ocupa, que ya lo es, y mucho.

Esteticamente el libro es la hostia, tiene conjuros, tratados sobre sexo demoniaco, los pasos para realizar un ritual satánico (descojonantes las descripciones que da para llevarlo a cabo, desmientiendo eso sí, lo de los sacrificios humanos), los nombres de los distintos diablos, artes para crear maldiciones y las Claves Enoquianas, ridículas a más no poder, para dar forma a invocaciones satánicas, con dos cojones, además la edición de Martínez Roca tiene un diseño cojonudo que la de un estética envejecida al libro que queda muy resultona.

Lo dicho, Anton Lavey era un pintas, un músico con ganas de sexo y tocar los huevos, un resentido que consiguió meterse en la jet set americana y tomar como discípulos a un puñado de descerebrados sin personalidad que siguieron a pies juntillas sus estrambóticas teorías, un hombre que ni siquiera escribiendo tenía mucha destreza ni cultura, pero que ofreció al mundo 400 páginas de entretenimiento realmente memorables. Pero algo malo tiene que tener esta La Biblia Satánica cuando su prólogo llevado a cabo por Peter H Gilmore (sumo sacerdote de la iglesia de Satán y alumno de Lavey) es más inteligente y conciso que el libro en su totalidad.

Además, que podemos esperar de un hombre que ponía un rabo de demonio a su nombre cuando firmaba.


2 comentarios:

  1. Hombre, no creas que porque el libro es de fácil lectura, significa que el hombre no sea muy culto.

    El libro da una muestra de profundo conocimiento de Nietzche, Shivaismo oriental y de la filosofía vitalista.

    La sencillez con la que escribe el libro lo que demuestra es su capacidad de comunicación y de cómo sintetiza los tres elementos en un sólo libro. Nietzche necesitó muchísimos volúmenes.

    Recuerda que en su país, Estados Unidos, la gente no es muy inteligente, por eso el libro tiene que ser extremadamente sencillo.

    Un saludo.

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  2. Puede que tengas razón, a lo mejor investigando algo más de lo que haya escrito Lavey, pero no soy muy ducho en el resto de su obra.

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