sábado, 27 de agosto de 2016

Ocurrió Cerca de su Casa, asesinato en 8mm




Título Original C'est Arrivé Près de Chez Vous (1992)
Director Rémy Belvaux, André Bonzel, Benoît Poelvoorde
Guión Rémy Belvaux, André Bonzel, Benoît Poelvoorde, Vincent Tavier
Actores Benoît Poelvoorde, Rémy Belvaux, Jacqueline Poelvoorde Pappaert, Nelly Pappaert, Hector Pappaert, Jenny Drye, Malou Madou





Es curioso que cuando se mencionan cuales son los trabajos cinematográficos más destacados en el subgénero found footage o falso documental todo el mundo nombra producciones como la infame Holocausto Caníbal, de Ruggero Deodato, El Proyecto de la Bruja de Blair, de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick o sagas como la española [·REC], ideada por los cineastas Jaume Balagueró y Paco Plaza y la americana Paranormal Activity. Pero pocos se acuerdan de que en 1992 dio mucho que hablar una cinta belga titulada C'est Arrivé Près de Chez Vous (Ocurrió Cerca de su Casa en España) escrita, dirigida, producida, montada y protagonizada por tres jóvenes cineastas llamados Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde. Este film tuvo un gran éxito en el festival de Sitges de aquel año ganando los premios a mejor actor, para Benoit Poelvoorde, y mejor dirección teniendo como rivales en esa edición a pesos pesados como Braindead, de Peter Jackson, Reservoir Dogs, de Quentin Tarantino (aunque esta se llevó los premios a mejor director y guión, como era de esperar) El Ejército de las Tinieblas, de Sam Raimi o El Almuerzo Desnudo, de David Cronenberg.




Ocurrió Cerca de su Casa narra cómo un equipo de filmación de jóvenes cineastas sigue las andanzas de Ben, un asesino en serie de cuya vida están rodando un peculiar documental. En el proceso el tan carismático como demente criminal irá explicando pormenorizadamente por un lado su vida diaría con su familia, amigos y allegados, haciendo hincapié en su pasión por la poesía, la música o el cine y por otro su modus operandi como homicida, argumentando las diferencias existentes entre matar ricos o pobres, niños o ancianos, belgas o inmigrantes, todo esto mientras va estrechando lazos con unos realizadores que se dedican a capturar sus "hazañas" cámara en mano y que poco a poco se irán implicando cada vez más en las fechorñias del protagonista llegando a convertirse primero en cómplices y después en asesinos tan o más descerebrados que él. Esta es la trama central del único film como directores de Rémy Belvaux, André Bonzel, Benoît Poelvoorde y la misma sirve al trío de autores para asestar un fuerte puñetazo en el estómago del espectador.




C'est Arrivé Près de Chez Vous es un largometraje que no hace concesión alguna a la platea, sin glorificar ni criticar los brutales actos de su protagonista los expone de manera seca, cruenta y directa. Hay quien afirma que el film del trío Belvaux/Bonzel/Poelvoorde exhala realismo por sus cuatro costados para exponer cómo poco a poco ciudadanos normales y corrientes pueden llegar a dejarse influenciar por un sociópata desalmado y con ello convertirse en personas como él. Un servidor no opina lo mismo, ya que aunque estéticamente el largometraje se deja influenciar por la veracidad estética del Free Cinema británico, el neorrealismo italiano o la Nouvelle Vague francesa, desde su mismo arranque hay un matiz de surrealismo, de exageración granguiñolesca que no nos permite tomarnos completamente en serio la obra, algo que por otro lado no suaviza las escenas bestiales que captura su vívida cámara. El largometraje no habla de un criminal que incita a otras personas a emular sus actos, ya que los cineastas que capturan para la posteridad las vivencias de Ben desde el mismo inicio del film ya son cómplices de los asesinatos que este perpetra, de modo que pasado por el prisma de ese punto de vista Ocurrió Cerca de su Casa disertaría sobre una juventud demente y enferma, pero esa no es su misión principal.




Esta visión un tanto deformada de la realidad es precisamente la que permite a los guionistas, directores y actores inyectar un humor negro sencillamente brutal y no hablamos sólo del que nace cada vez que el personaje de Ben abre la boca como al lamentar el estado laboral en el que se encontraba el guardia de una obra de raza negra al que acaba de asesinar (pero al que no quiere tocar por si le contagia el SIDA), cómo se jacta de haber eliminado a unos marroquíes pero habíendolos "enterrado mirando hacia la meca" como si de un acto respetuoso se tratase o tomar como un hábito sano empezar el mes matando a un cartero, sino también del que estructura globalmente la obra. La muerte de los dos sonidistas (¿referencia a los baterías "muertos en extrañas circunstancias" de This is Spinal Tap, otra joya del falso documental?) con las exageradas y miméticas declaraciones de Remy delante de la cámara, los protagonistas topándose con otro equipo de rodaje que acompaña a otro asesino, la  inexistente policía que nunca hace acto de presencia a pesar de que Ben mata a plena luz del día y con testigos o la reacción de los amigos del personaje principal con lo que acontece durante su cumpleaños son pasajes que confirman el tono de humor entre surrealista y políticamente incorrecto de la producción.




Aunque, como previamente hemos mencionado, este tono exagerado no es óbice para que los cineastas expongas algunas escenas de violencia explícita muy crudas, no ya sólo en el plano físico, sino también en el psicológico. El mismo film se abre con Ben estrangulando a una mujer en un tren y el desarrollo de la trama irá alternando las escenas de esta naturaleza con las más hogareñas. Podremos ver al protagonista disparar a todo tipo de viandantes, deshacerse de sus cadáveres o dar palizas de muerte a desaprensivos para que poco a poco estas situaciones vayan ganando en visceralidad, y paradójicamente, ironía. La secuencia que más recuerdó como espectador y que fue una de las que se me quedó grabadas a fuego cuando vi el film  por primera vez veinte años atrás (hace poco la revisé en bluray para realizar esta crítica) es la de la anciana a la que Ben da un "susto de muerte". Ver a la señora agonizar mientras él explica a la cámara que al ver los medicamentos para el corazón en la mesa del saló ya sabía cómo debía actuar resulta tan aterrador como descacharrante y apuntes como el personaje de Poelvoorde quitándose de encima la mano de la mujer cada vez que intenta tocarlo para pedirle ayuda transmiten una incomodidad totalmente real que atraviesa la pantalla.




No le van a la zaga tampoco secuencias como la de los dos asaltos a inmuebles, uno en un barrio adinerado y otro en uno obrero, que no se diga que nuestro protagonista es un clasista en lo que al asesinato y la tortura se refiere. De la incursión a la casa de familia rica destaca el asesinato del padre en el lavabo (ese micro captando el cuello rompiéndose) con referencia divertidísima a la película El Viejo Fusil y a Philip Noiret incluida, el ataque que sufre la madre en el suelo al ser golpeada en la cara por Ben y sobre todo la asfixia del niño con la almohada en la que el personaje principal recibe la ayuda de un Remy ya totalmente implicado con las fechorías de su "protagonista". En el otro ataque hogareño encontramos a una pareja realizando el acto sexual, seguidamente tanto Ben como todo el equipo de rodaje violan a la muchacha ante la impotente mirada de su novio (aunque no parce muy afectado, todo hay que decirlo) y al día siguiente encontramos el cuerpo de la chica con los intestinos fuera y a los protagonistas tirados por el suelo de la cocina como si hubieran pasado una noche de borrachera normal y corriente.




Lo más interesante de todas estas escenas que estamos mencionando es que se desarrollan de cara al espectador con el personaje de Ben explicándolas con sorna y un sentido del humor explícitamente mórbido que despierta la simpatía del que visiona y ahí radica una de las mayores virtudes de Ocurrió Cerca de su Casa, esa perversión vírica que transmite el objetivo de la cámara de los tres realizadores y guionistas para apelar a la complicidad de un patio de butacas que en más de una ocasión "se divertirá" con los abominables actos de este grupo de criminales. Con la implicación del equipo de rodaje en las barbaridades de Ben no sólo se retrata una generación de individuos amorales, como apunté unos párrafos más arriba, también se realiza una interesante alegoría sobre el poder vampirizador del cine, la liberación primaria a la que una cámara puede incitar cuando estamos compartiendo el día a día con un individuo que convierte el asesinato en un hábito tan rutinario como cualquier otra actividad lúdica que pudiera llevar a cabo en su quehacer diario.




Benoît Poelvoorde, él tiene la culpa de todo. El actor belga es el principal responsable de que un asesino como el que interpreta en Ocurrió Cerca de su Casa caiga bien al espectador. El Ben al que él da vida y del que conoceremos a toda su familia (la real del actor, lo que acantúa la potencial empatía que podamos sentir por él) es un dechado de carisma, socarronería, y mala baba, un tipo que puede transmitir en la misma secuencia, y con una facilidad pasmosa, terror, simpatía, elegancia y patetismo. Dentro del largometaje sus monólogos directamente a cámara son los mejores momentos del mismo como al inicio del largometraje cuando comenta cuánto lastre necesita un cadáver para ser sumergido en agua dependiendo de su edad o tamaño, cuando explica lo poco que le gusta asesinar niños mientras está matando a uno, las secuencias en las que está borracho y se encara con el equipo de rodaje o esos arrebatos artísticos en los que lo vemos recitar poesía, tocar el piano o dar lecciones sobre autores pictóricos antes o después de verlo cometer homicidios sin el más mínimo remordimiento.




C'est Arrivé Près de Chez Vous es pura sesión golfa, hija de La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick y madre de Asesinos Natos de Oliver Stone la cinta de Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde es el equivalente cinematográfico al típico chiste de mal gusto que sólo contamos entre amigos de confianza y con bebidas espirituosas, u otras sustancias, de por medio. Su único fallo es que su fórmula se vuelve algo redundante a lo largo del metraje y su final se antoja precipitado y caótico, por lo demás nos encontramos con una reivindicable cinta de culto que supuso la única incursión como directores de sus responsables. Después André Bonzel ha ejercido de director de fotografía para otros realizadores, Rémy Belvaux se dedicó a la publicidad y tuvo sus quince minutos de renovada fama al lanzarle una tarta en plena cara a Bill Gates en 1999 para nueve años después suicidarse lanzándose a la vía de un tren. Benoît Poelvoorde por el contrario se ha convertido en una de las caras más reconocibles de la comedia romántica belga y francesa, quién lo diría habiéndose dado a conocer al mundo como el perfecto asesino de personas de la tercera edad.



martes, 23 de agosto de 2016

Mucho Ruido y Pocas Nueces, crazy little thing called love



Título Original Much Ado About Nothing (2012)
Director Joss Whedon
Guión Joss Whedon, basado en la obra de William Shakespeare
Actores Amy Acker, Alexis Denisof, Nathan Fillion, Clark Gregg, Reed Diamond, Fran Kranz, Jillian Morgese, Sean Maher, Spencer Treat Clark, Riki Lindhome, Ashley Johnson, Emma Bates, Tom Lenk, Brian McElhaney, Joshua Zar, Paul M. Meston, Romy Rosemont







Los que conocemos con un mínimo de profundidad la carrera del guionista, productor, cineasta y actor ocasional Joss Whedon sabemos de su predilección por rodearse de amigos cercanos a la hora de realizar no pocos de sus proyectos de ficción. A lo largo de los rodajes de series como Buffy Cazavampiros, Ángel, Firefly o Dollhouse el director de Serenity fue estrechando lazos con, sobre todo, actores como Alexis Denisof, Amy Acker, Nathan Fillion, Alan Tudyk, Sean Maher, Tom Lenk o Frank Krantz, varios de ellos presentes en el largometraje del que vamos a hablar a continuación que se rodó justo después de que su autor finalizara la producción de Los Vengadores revelándose como el lado opuesto de aquella superproducción auspiciada por Marvel Studios que se convirtió en una de las películas más taquilleras de la historia del cine.




El origen de Mucho Ruído y Pocas Nueces viene del año 2002, en aquella época Joss Whedon y su esposa Kai Cole invitaban a sus mejores amigos actores a casa para allí recitar algunas de las obras más famosas escritas por William Shakespeare por simple diversión. Esta fue la semilla de esta nueva adaptación de Much Ado About Nothing que es abordada por su autor de manera totalmente opuesta a como Kenneth Brannagh lo hizo con la suya en 1993. Durante aquellas sesiones el director de Los Vengadores: La Era de Ultrón percibió que los dos actores que mejor se desenvolvían con la prosa del bardo eran Alexis Denisof y Amy Acker, intérperetes que habían colaborado con él, principalmente, en la serie Ángel, el spin off de Buffy Cazavampiros protagonizado por David Boreanaz (Bones), de modo que ellos fueron los elegidos para dar vida a los Beatriz y Benedicto de esta revisión de la obra teatral al celuloide.




Don Pedro (Reed Diamond), su más destacado soldado Claudio (Frank Krantz) y su mejor amigo Benedicto (Alexis Denisof) vuelven a la ciudad de Mesina tras librar encarnizadas batallas, a ellos les acompaña Don Juan, el vil hermano de Don Pedro (Sean Maher) recientemente reconciliado con este. Allí son recibidos por Leonato (Clark Gregg) el gobernador de la ciudad, que vive con su hija Hero (Jillian Morgese) y su sobrina Beatriz (Amy Acker). Al poco de llegar al lugar Claudio comenzará a sentir un irrefrenable amor por Hero, a la que intentará conquistar, con modos más bien poco ortodoxos, para contraer matrimonio con ella y Benedicto comenzará a intercambiar hostilidades verbales con Beatriz con la que en apariencia no parece llevarse nada bien, pero de la que está locamente enamorado, sentimiento que ella comparte con él en silencio ya que previamente habían sido amantes de una noche. Mientras los allegados a los cuatro jóvenes tratarán de hacer lo posible para que las dos parejas tomen forma el malvado Don Juan ideará otros planes no tan altruistas para intentar abocar al fracasa tan felices gestas sentimentales.




Mucho Ruido y Pocas Nueces se adscribe a esas adaptaciones de escritos de William Shakespeare que se trasladan temporalmente a la actualidad. Ricardo III, Romeo + Julieta, Hamlet o más recientemente Coriolanus llevan la prosa del escritor inglés a la contemporaneidad y no siempre aciertan con ello, mismamente un servidor no soporta la cinta de Baz Luhrmann portagonizada por Leonardo DiCaprio y Claire Daines, pero en su momento se enamoró del Hamlet de Michael Almereyda interpretado por Ethan Hawke. Por suerte el tercer film como director de Joss Whedon elude la pompa y los grandes presupuestos para revelarse como una modesta cinta rodada en blanco y negro, en sólo doce días y utilizando la casa del director y su esposa como única localización. El resultado es una deliciosa adaptación de la obra teatral del autor de Macbeth u Othelo cuya sencillez en la puesta en escena y guión ágil permite que el elenco de intérpretes dé lo mejor de sí mismo para convertir la obra en una verdadera historia de personajes.




Este largometraje de 2012 nadie diría que fue realizado como un producto entre colegas rodado en pocos días y con medios más bien escasos. La Much Ado About Nothing de Joss Whedon es una cinta elegante, un producto exquisito con unos actores en estado de gracia que consiguen sacar todo el partido a uno de los libretos más ágiles, divertidos y cómicos de Shakespeare.El reparto al completo se mimetiza al máximo con la elocuencia del guión y en ningún momento chirría el uso del tipo de lenguaje shakespiriano en pleno siglo XXI gracias a la naturalidad que todos saben imprimir a sus roles. En este sentido Joss Whedon puede explotar la que, junto a su timing para la comedia, es su mayor virtud como narrador, su excelente control de la dirección de actores. El guionista de Astonishing X-Men ama a sus intérpretes y ellos se sienten totalmente implicados con su visión, por eso esta pequeña pieza supuso un bálsamo para él después de realizar Los Vengadores una cinta en la que primaba la acción y los efectos especiales.




Pero no sólo a la hora de guiar a su equipo artístico por la senda más adecuada hace competentemente su trabajo Joss Whedon, ya que su puesta en escena, su manera de encuadrar y colocar la cámara en el lugar más adecuado (algo que en este caso nadie podía hacer mejor que él, si tenemos en cuenta que el rodaje tuvo lugar en su preciosa casa) se unen a otras labores ejercidas por él como el montaje, la composición de una sencilla pero efectiva banda sonora y por supuesto la escritura de un libreto terriblemente fiel no sólo al texto que toma como base sino al espíritu y la idiosincrasia del mismo. El cometido del co guionista de Toy Story en todos estos apartados de la obra es el que inyecta en la misma una exquisitez formal y conceptual que en todo momento se dejan notar en pantalla y que en última instancia el reparto lleva a niveles más altos gracias a su labor conjunta delante de las cámaras y a fe del que aquí suscribe que lo consigue.




Todos los actores de Mucho Ruido y Pocas Nueces están a la altura de las circunstancias, se nota que conocen la obra de Shakespeare y transmiten con verismo lo que este escribió en papel. Esto se deja notar en la excelente labor de Nathan Fillion y Tom Lenk como los descacharrantes Dogberry y Verges, la entrega de Reed Diamond o Frank Krantz como Don Pedro y Claudio, la malicia de Sean Maher como Don Juan, la dignidad de Clark Gregg como Leonato o la etérea belleza de la debutante Jillian Morgese dando vida a Hero, pero son los protagonistas los que hacen una labor mayúscula con sus roles. De Alexis Denisof un servidor poco puede decir más, sus trabajos como Wesley Wyndam-Pryce en Ángel o sus decacharrantes apariciones como Sandy Rivers en Cómo Conocí a Vuestra Madre nos muestran a uno de los actores más infravalorados y desaprovechados del Hollywood actual, pero lo de Amy Acker es toda una sorpresa, no sólo por el talento desatado que muestra recitando unos diálogos que en malas manos podrían ser el colmo de la impostura sino porque su desparpajo, bellaza natural y encanto dejan entrever una potencial actriz cómica y teatral que todavía no ha sido explotada.




Mucho Ruido y Pocas Nueces es una muestra más de la versatilidad de este hombre renacentista en pleno siglo XXI llamado Joss Whedon. Un autor que tan pronto caza vampiros, como surca la galaxia con un western al más puro estilo space opera o se codea con los héroes más poderosos del planeta nacidos en el seno de Marvel. La presente cinta nos confirma que también puede ser un excelente adaptador de la obra de Shakespeare amalgamando el estilo de este con la ligereza para la comedia de enredo propia de Woody Allen (no sé qué hace este hombre que todavía no ha llamado a Amy Acker para que protagonice una de sus cintas) pero marcando a fuego su impronta como uno de los creadores de ficción que más aman su trabajo en la actualidad. No hay más que ver cómo afirma en el audiocomentario del bluray de la obra que aquí comentamos que eligió a los dos actores protagonistas, entre otros motivos, porque quería darle a Wesley y Fred (los roles que ambos interpretaron en la serie Ángel) el final feliz que no tuvieron en aquel spin off de Buffy Cazavampiros. Joss siempre será uno de los nuestros y por suerte nada cambiará eso.



jueves, 18 de agosto de 2016

Spring Breakers, girls gone wild



Título Original Spring Breakers (2012)
Director Harmony Korine
Guión Harmony Korine
Actores Selena Gomez, Vanessa Hudgens, Rachel Korine, Ashley Benson, James Franco, Heather Morris, Emma Holzer, Ash Lendzion, Josh Randall, Gucci Mane





Harmony Korine es un tipo que me produce rechazo, tanto en el plano profesional como en el personal. Como guionista al servicio de otros directores se hizo famoso por escribir Kids, la sobrevalorada y gratuitamente provocadora ópera prima del fotógrafo Larry Clark, y posteriormente sólo me ha convencido realizando la misma operación con Ken Park, la descarnada pero vitalista cuarta película de Clark como realizador. Como director la cosa empeora si tenemos en cuenta que su debut detrás de las cámaras es Gummo uno de los engendros cinematográficos más aburridos, insultantes e irritantes de la década de los 90 que se convirtió en una especie de cinta de culto dentro de los círculos del cine independiente americano, pero de la que hoy por suerte pocos se acuerdan. Más tarde experimentó con el movimiento Dogma 95 en Julien Donkey Boy, rodó una rareza protagonizada por un imitador de Michael Jackson en Mr Lonely y se embarcó en un proyecto llamado Trash Humpers cuyo cartel con un actor disfrazado de anciano mientras hace aguas mayores me hizo perder todo el interés por este niñato con ínfulas de falso transgresor.




Tras un tiempo de relativo silencio realizando cortos o involucrándose en largometrajes rodados por varios directores en 2012 Korine estrenó, con bastante repercusión y una enconada polémica entre los que la consideraban una obra maestra (entre ellos el cineasta John Waters) y los que aseguraban que era la peor película de aquella temporada, Spring Breakers la que puede considerarse su obra más accesible y comercial, una pieza que sin perder las señas de identidad de su discurso (la pocas buenas y las muchas nefastas) ofrece un trabajo que contiene los suficientes alicientes como para ser considerado su mejor obra (que no es decir mucho) detrás de las cámaras gracias a su esquizofrenia ideológica, su malsana inclinación por ensuciar iconos catalogados "para todos los públicos" y por el camino hacernos reflexionar sobre distintos temas bastante interesantes que un servidor jamás hubiera pensado podrían ser abordados con un mínimo de inteligencia por un descerebrado de escaso talento como el que nos ocupa.




Spring Breakers sigue los pasos de Faith (Selena Gómez), Candy (Vanessa Hudgens),  Brit (Ashley Benson) y Cotty (Rachel Korine) cuatro universitarias que tras atracar un restaurante consiguen el dinero suficiente para poder pegarse las vacaciones de primavera de su vida. Durante el desfase de la fiesta interminable en la que las chicas se ven implicadas la policía hace una redada en el apartamento donde se están llevando a cabo la misma y las detienen para llevarlas a comisaria. Arrestadas y ya frente a un juez verán como su suerte cambiará cuando Alien (James Franco) un narcotraficante amante del lujo, las mujeres y las armas pagará la fianza y acabará acogiéndolas en su casa donde les permitirá establecerse entre el lujo y el peligro de la vida de un gangster. Esta es la sencilla trama de la quinta película como director en solitario de Harmony Korine y la simpleza de la misma sigue denotando el pobre talento de este como narrador, pero por suerte como guionista deja subyacer algo interesante debajo de lo rudimentario de su argumento y ahí es donde el film se hace fuerte de cara al espectador.




El agradecido carácter malsano de Spring Breakers se deja notar prematuramente sólo con mirar su casting, Tres de las cuatro protagonistas (la cuarta es la esposa del mismo director, Rachel Korine) son conocidas como iconos infantiles que se han hecho famosas en programas o series dirigidos principalmente a niños y adolescentes. Selena Gómez a parte de cantante es uno de los rostros más reconocibles de Disney Channel, Vanessa Hudgens cimentó su fama con los films de la saga High School Musical, propiedad también de la casa del Pato Donald, y Asley Benson es una de las actrices protagonistas de la serie para quinceañeros Pretty Little Liars. La elección completamente consciente de este reparto "estelar" por parte de Harmony Korine es toda una declaración de principios, ya que mientras las jóvenes actrices creen estar abriendo el abanico de sus aptitudes interpretativas y los fans de estas acaban tragando cualquier película en la que hagan acto de presencia sus "ídolos" el guionista y director escupe en todo lo que sus actrices representan de cara a la opinión pública.




Hay una tan atractiva como irritante dualidad en Spring Breakers que puede despertar tanto iras como pasiones por parte de los espectadores. Por un lado hay una clara intención por parte de Harmony Korine de hacer un retrato inmisericorde y nihilista de los hijos del Siglo XXI, idea que queda establecida bien pronto con dos de las protagonistas que asisten a clase de historia mientras matan el tiempo hablando de la cantidad de relaciones sexuales que van a mantener en sus vacaciones de primavera haciendo oidos sordos a las palabras de un profesor que diserta sobre la importancia que tuvo en Estados Unidos la lucha por los derechos de los negros y la erradicación del segregacionismo, algo que a estas chicas deseosas de "pasarlo bien" no parece importarles lo más mínimo. Con su quinta película como director Korine no quiere tanto enfatizar ideas que retratan a los adolescentes nacidos en los 90 como salir de fiesta, experimentar con el sexo o las drogas, meterse en líos y entregarse al exceso (conceptos indivisibles a cualquier juventud que se precie desde el principio de los tiempos) como poner el acento sobre la vacuidad moral y la nula implicación social o ideológica a la que se ha entregado gran parte de una acomodaticia "generación internet" que no sabe lo que es luchar por sus derechos más básicos porque nunca lo han necesitado.




La dicotomía nace cuando descubrimos que para realizar esa crítica furibunda sobre la alienación a la que una generación de adolescentes se ha entregado casi sin saberlo o importarle el director utiliza un despliegue de recursos visuales que parecen querer abrazar esa idea de vacío existencial de carácter vírico y pueril. Desde el arranque del film, que parece la intro de un programa de la Mtv tipo Jersey Shore, ejectuado con una artificiosa comunión entre imagen y música que convierten a Spring Breakers en un interminable y efectista videoclip de reggaeton regado con desnudos, coches, alcohol y drogas, todo el proyecto está abordado de la manera más "videoclipera" posible por parte del director de Gummo. que con ello parece contradecir su propio discurso al utilizar el "vacío" para criticar la "vacuidad", algo parecido a lo que hizo Oliver Stone con la muy superior Asesinos Natos (Natural Born Killers) haciendo uso de una estética intrinsecamente violenta para criticar la violencia. En ese momento no sabemos si Korine es un traidor de sí mismo o un genio que juega a placer con los límites de la autoparodia sin que la platea pueda distinguir cuál de las dos ideas es la que se ciñe más a la realidad.




Lo interesante es que entre incontables pasajes ideados como si fueran versiones light de orgiásticos vídeos porno que lo único que hacen es atraer la atención de los espectadores a los que se está dejando en evidencia con la obra podemos ver fogonazos de talento en la narración impropios de un cineasta tan deficiente como el de Julien Donkey Boy. Momentos como el atraco al restaurante rodado en plano secuencia dentro del automóvil, la escena de sexo en la piscina o el asalto a la mansión por parte de dos de las protagonistas en la recta final del metraje dan muestras de que Harmony Korine va cogiendo oficio con la cámara y gracias a ello consigue tapar los fallos de ritmo que sus guiones siguen conteniendo con síntomas claros de no saber hacia donde guiar la trama con diálogos repetitivos hasta la extenuación, situaciones dinámicas por parte de los personajes alargadas hasta el agotamiento y todo ello con la excusa de que el espectador esté más pendiente del acabado estilístico de la obra que de un trabajo de escritura tan aceptable como lleno de altibajos.




Spring Breakers es un producto que merece le pena ser visto aunque sólo sea una vez, ya que debajo de su carcasa de "película para pajilleros" o videoclip de hora y media late el corazón de un relato tan interesante como contradictorio, tan subversivo como moralista, tan políticamente incorrecto como autocomplaciente en el que cuatro actrices adolescentes juegan a ser algo más que juguetes de la industria del entretenimiento comandadas por un tan memorables como grimoso James Franco con rastas, fundas dentales de metal y cara de ir puesto hasta el culo de todo tipo de sustancias. Mientras Harmony Korine se embarca en su próximo proyecto The Trap, los productores de Spring Breakers anunciaron en 2014 una secuela titulada Spring Breakers: The Second Coming de la que el director y James Franco están totalmente desvinculados (de hecho el actor de Mi Nombre es Harvey Milk echó pestes de la misma cuando se enteró de su desarrollo) y que será abordada por el director Jonas Åkerlund (autor de videoclips para Metallica, Rammstein o U2 y de la nefasta cinta Spun) y el novelista Irvin Welsh (Trainspotting, Porno) aunque parece ser que el proyecto está bastante aparcado. Sólo el tiempo nos dirá si  estas vacaciones de verano se convierten en tradición o quedan en anécdota de un sólo año.



jueves, 11 de agosto de 2016

Jason Bourne



Título Original Jason Bourne (2016)
Director Paul Greengrass
Guión Christopher Rouse y Paul Greengras basado en la novela de Robert Ludlum
Actores Matt Damon, Alicia Vikander, Julia Stiles, Tommy Lee Jones, Vincent Cassel, Ato Essandoh, Riz Ahmed, Scott Shepherd, Bill Camp, Vinzenz Kiefer, Stephen Kunken, Ben Stylianou, Kaya Yuzuki, Matthew O'Neill, Lizzie Phillips, Paris Stangl





Cuatro años después de aquel inferior pero nada desdeñable amago de reinicio de la franquicia con El Legado de Bourne, ideado por el habitual guionista y productor de la misma, Tony Gilroy. volvemos a encontrar en nuestras carteleras una nueva entrega de las desmemoriadas aventuras del letal ex agente de la CIA, Jason Bourne, esta vez con una producción de nombre homónimo en la que el cineasta irlandés Paul Greengrass y el actor norteamericano Matt Damon vuelven a verse las caras para relanzar las andanzas del personaje principal interpretado por el protagonista de Dogma o El Indomable Will Hunting. El resultado es una nueva entrega que no sólo no desentona para nada con la anterior trilogía iniciada por Doug Liman y extendida por el autor de Bloody Sunday, sino que acentúa todas las virtudes que aquella poseía tratando de convencer al espectador de que este retorno merece la pena cinematográficamente hablando.




El mayor reproche que podemos hacerle a un producto como Jason Bourne es la desvergüenza de Paul Greengrass y Matt Damon a la hora de recuperar un personaje y una historia que en palabras de los mismos habían quedado finiquitados tras la soberbia El Ultimatum De Bourne, de ahí que Tony Gilroy se embarcara en solitario en un spin off protagonizado por Jeremy Renner con el que mantener en pie la franquicia sin la presencia del mismo Jason Bourne. Más allá de esta insana decisión de volver al redil, por inquietudes más económicas que artísticas, poco más reprobable hay en esta producción del año 2016 que se revela posiblemente como la mejor película comercial de lo que llevamos de verano. Un thriller potente y facturado con una pericia fuera de toda duda que manteniendo las señas de identidad de la franquicia a la que pertenece trata de adaptarse a los tiempos que corren y que no son los mismos que los de aquel 2007 que recibió en las carteleras la tercera entrega de la saga.




Jason Bourne ve la luz tras una enorme crisis económica a nivel mundial, unos cambios sociales y políticos (sobre todo en Europa) más que notables y sobre todo lo hace después de que Edward Snowden sacara a la luz información de vital importancia relacionada con un programa de vigilancia secreto de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) con el que el gobierno de Estados Unidos estaba vulnerando los derechos a la privacidad de ciudadanos de todo el mundo con la excusa de la lucha contra el terrorismo y la seguridad nacional. Este caso ha sido abordado en el sobresaliente, aunque de ritmo algo mortecino, documental Citizenfour de la realizadora Laura Potrias, ganador del Óscar el pasado año, y será dramatizado a manos de Oliver Stone en Snowden, su versión de la historia del ex miembro de la CIA protagonizada por Joseph Gordon-Levitt, Shailene Woodley, Melissa Leo y Nicolas Cage entre otros y con la que esperemos el autor de Platoon o El Cielo y la Tierra recupere el favor de la crítica y el público que hace tiempo le es esquiva, al menos fuera del campo del documental.




Con este contexo espaciotemporal que Paul Greengras y su guionista Christopher Rouse no dejan pasar Jason Bourne asienta sus bases para volver a narrar otra de las frenéticas huídas del personaje creado por Robert Ludlum de sus captores, esa CIA que lo entrenó para convertirlo en una máquina de matar infalible. Con una excusa bastante peregrina para devolver al protagonista al campo de juego en la que su antigua compañera Nicky Parsons (Julia Stiles) hackea la base de datos de la Agencia Central de Inteligencia para encontrar información de vital importancia sobre el pasado del padre del personaje principal ya tenemos a Bourne de vuelta a la acción preparado para repartir hostilidades mientras escapa de los agentes más letales de una CIA cuyo liderazgo se debate entre el expeditivo y reaccionario Robert Dewy (Tommy Lee Jones), que depositará su confianza en el "activo" (Vincent Cassel) para dar caza a Jason, y la joven Heather Lee (Alicia Vikander) que tratará de cambiar, aparentemente, el statu quo de la agencia con sus propios métodos.




Con las piezas colocadas sobre el tablero y habiendo mostrado previamente una cara más contenida de su impronta en la excelente Capitán Philips en Jason Bourne vuelve el Paul Greengras más vibrante, el deudor de John Frankenheimer y Willam Friedkin, el artesano que supo adaptar su puesta en escena hiperrealista y enraizada en la estética documental a las grandes superproducciones americanas y que sigue siendo uno de los profesionales del medio que mejor rueda escenas de acción, ya sean tiroteos, persecuciones, peleas cuerpo a cuerpo o pasajes que hacen del in crescendo de la tensión al más puro estilo Hitchcock sus señas de identidad facilitando incluso al espectador información de la que los personajes carecen. Estos pasajes dinámicos que no dan respiro al espectador tienen la complicidad de un reparto a la altura en el plano físico comandado por un Matt Damon mejor que nunca en cuanto a sus condiciones atléticas se refiere o un Vincet Cassel robaescenas que le da la réplica con un pericia intachable (la habitual en él) y hereda el rol de villano a pie de calle que en otras entregas de la saga habían interpretado actores como Clive Owen, Karl Urban o Edgar Ramírez.




Parece ser que por fin Hollywood se atreve con películas en la que los servicios de inteligencia no son retratados como la panacea en cuanto espionaje internacional, por suerte ya no sólo tenemos que tragarnos productos como las adaptaciones de las novelas de Tom Clancy como Juego de Patriotas o Peligro Inminente o piezas más recientes como la sonrojante La Prueba (The Recruit). Desde la primigenia El Caso Bourne (The Bourne Identity) la saga protagonizada por Matt Damon heredaba del celuloide europeo no sólo influencias del polar francés o la contención del cine de policíaco nórdico, sino que también se dejaba imbuir por esa tradición británica de poner en entredicho las acciones del espionaje internacional pero aplicado al de Estados Unidos. Jason Bourne acentúa ese tono crítico y muestra uno de los retratos más duros que la meca del cine ha realizado sobre la CIA en los últimos años, exponiéndola de cara a la platea como una organización fascista que no duda en recortar las libertades o manipular información referida al terrorismo extremista en su propio beneficio y con ello ofrecer una visión nihilista y descreída en la que las nuevas generaciones dentro de la agencia van a seguir el antidemocrático perfil de sus predecesores.




Con un magnífico reparto que sigue la senda de contención que es seña de identidad de los distintos equipos artísticos que han dado forma a las varias entregas de la saga, un guión perfectamente construido y anclado en una realidad que nos es reconocible para después de solidificar su propuesta entregarse a una acción ejecutada con el poderío visual habitual de un Paul Greengrass al 100% de sus capacidades como narrador Jason Bourne se revela como la mejor superproducción hollywoodiense de lo que llevamos de verano. Un producto intachable y profesionalmente rematado que tratando de ir más allá de la simple acción intenta hacer (sin tampoco profundizar demasiado en el tema, pero con buenas ideas e intenciones) un retrato del estado en el que se encuentra el mundo en la actualidad gracias al terrorismo (el extremista y el institucionalizado) las difíciles tensiones políticas y unos gobiernos que llevando a cabo acciones propias de regímenes dictatoriales ofrecen la peor cara de una democracia cada vez más mancillada y debilitada en la que palabras como libertad o privacidad casi se ha convertido en una utopía.



martes, 9 de agosto de 2016

Escuadrón Suicida



Título Original Suicide Squad (2016)
Director David Ayer
Guión David Ayer basado en los cómics de John Ostrander
Actores Will Smith, Jared Leto, Margot Robbie, Jai Courtney, Joel Kinnaman, Viola Davis, Cara Delevingne, Adewale Akinnuoye-Agbaje, Adam Beach, Jay Hernandez, Karen Fukuhara, Scott Eastwood, Jim Parrack, Ike Barinholtz, Ben Affleck, Corina Calderon, Alex Meraz, David Harbour




Después de la polvareda que se levantó con el polémico estreno de Batman v Superman: El Amanacer de la Justicia de Zack Snyder DC Cómics sigue poniendo piedras para construir su propio universo cinematográfico con el que competir con Marvel Studios. Esta vez los elegidos han sido los miembros del Escuadrón Suicida, aquel grupo de soldados insubordinados creado por Robert Kanigher y Ross Andru en 1959 para el número 25 de la colección The Brave and the Bold y que casi veinte años después el guionista John Ostrander se ocupó de reformular y revisar a partir del número 3 de la miniserie Legends, para así dar inicio a una nueva etapa al grupo por el que pasarían decenas de personajes de DC. Ya en 2011, en pleno reboot de los New 52 tras el evento Flashpoint, el Escuadrón Suicida estableció una alineación que es en gran parte la que esta adaptación cinematográfica ha tomado como base. Para llevar a cabo esta cinta en la que un grupo de villanos es utilizado por el gobierno de Estados Unidos para realizar misiones imposibles en Warner Bros y DC Cómics contrataron los servicios de David Ayer, guionista (Training Day) y director (Harsh Times, Sin Tregua) especializado en el género policíaco y films protagonizados por grupos de antihéroes (Sabotage, Corazones de Acero). El largometraje se estrena hoy tanto en España como en Estados Unidos, pero antes del mismo la crítica pudo verla en un pase de prensa y lanzó no pocos dardos contra la producción enfantizando cuan fallida se mostraba de cara al público. En Zona Negativa ya hemos podido ver la película de David Ayer y a continuación trataremos de ofrecer qué nos ha parecido esta tan esperada Escuadrón Suicida, recomendando a los lectores que no pasen por alto que lo que aquí van a leer, por ahora, es la opinión de uno sólo de los muchos redactores de la web, teniendo cada uno de ellos su propia opinión del film que intentaremos publicar y recopilar próximamente.




Esta versión cinematográfica de Escuadrón Suicida tiene un extenso reparto entre el que podemos encontrar a Will Smith (Deadshot) Margot Robbie (Harley Quinn), Jared Leto (el Joker) Adewale Akinnuoye-Agbaje (Killer Croc) Jai Courtney (Capitán boomerang) Jay Hernández (Diablo), Cara Delevingne (Encantadora), Karen Fukuhara (Katana), Adam Beach (Slipknot) Joel Kinnaman (Rick Flag) y Viola Davis (Amanda Waller). La trama es sencilla y se inspira en la conceptualidad del grupo desde su nacimiento en las viñetas cuando, después de la desaparición de Superman tras el film inmediatamente anterior dirigido por Zack Snyder, Amanda Waller organiza un equipo de villanos fuera de la ley para implicarse en misiones suicidas. Por lo tanto Suicide Squad es una sencilla, directa y muy competente cinta de acción que da lo que ofrece, un grupo de los villanos y antihéroes más famosos del universo DC Cómics luchando contra fuerzas sobrenaturales. La película de David Ayer toma como punto de inicio Los Doce del Patíbulo (The Dirty Dozen), de Robert Aldrich y una historia cuyo desarrollo casi parece un remake de 1997: Rescate en New York, de John Carpenter, para que el director de los Dueños de la Calle lo convierta en blockbuster macarra y testosterónico que sin llegar a la incorrección política de Deadpool, de Tim Miller, sí consigue desvincularse un poco del tono más solemne que hasta ahora tenían las producciónes de Warner Bros que adaptaban al celuliode las aventuras de los personajes de la casa de Green Arrow o Wonder Woman.




David Ayer se toma su tiempo para presentar a los personajes y perfilar sus personalidades, para ello utiliza el pasaje en el que Amanda Waller propone a sus superiores la iniciación de la Fuerza Especial X enseñándole los expedientes de los miembros como excusa para incluir flashbacks en los que conoceremos sus orígenes y en los que veremos cameos de otros personajes de DC que no pertenecen al elenco principal del largometraje. En este proceso David Ayer, que se ha especializado en realizar films con policías que atravesaban con asiduidad la barrera de la legalidad, retrata a unos servicios de inteligencia americanos cuyos métodos expeditivos en poco se diferencian de los llevados a cabo por los protagonistas y que son comandados por una Amanda Waller que se revela como la verdadera villana del largometraje. En este proceso el guionista de Dark Blue sabe alternar drama ligero, humor (más acentuado que en ninguna otra película de DC) pilodras para saciar el apetito goloso del fandom (ese génesis de Harley Quinn con referencia a la famosa ilustración que Alex Ross le dedicó a ella y al Principe Payaso del Crimen) e inyectar los primeros apuntes de temática sobrenatural, relacionada con Encantadora, que se convertirán en el núcleo central que vertebrará la trama principal de la obra y en uno de los puntos flacos del proyecto. A partir de aquí David Ayer se marca una versión cinematográfica de Escuadrón Suicida que se revela como una divertida cinta de acción que se hace fuerte cuando se entrega al tono urbano y a pie de calle y se vuelve algo más endeble y redundante cuando afronta en su recta final la temática fantástica.




Evidentemente en un producto como Escuadrón Suicida los personajes son el principal atractivo y reclamo de cara al público, no sólo por si los actores han conseguido enfundarse bien los trajes de los mismos, sino también por si los ideólogos del largometraje han decidido ser fieles a las contrapartidas en viñetas que los inspiraron. A nadie se le escapa, porque es algo que ya vimos en los trailers, que Margot Robbie no sólo es lo mejor del reparto de la película, sino también una magnífica recreación de Harley Quinn, absorbiendo esa mezcla de sociopatía e inocencia que Paul Dini y Bruce W. Timm le ofrecieron cuando la crearon para la catódica, e inigualbale, Batman: The Animated Series. La protagonista de El Lobo de Wall Street respira sexualidad, ironía, es a la vez excitante e irritante, y tiene una química brutal con un excelente Joker de Jared Leto (una mezcla entre Marilyn Manson, la visión que dio del personaje Grant Morrison en su etapa de Batman y un proxeneta del Bronx) que por desgracia tiene muy poco tiempo en pantalla, aunque sus apariciones están adecuadamente repartidas a lo largo del metraje. Will Smith cumple como Deadshot, le ofrece carisma y fisicidad al personaje, pero toda la subtrama sentimentaloide con la hija para humanizarlo (seguramente por exigencias del mismo actor) sobra y lastra la imagen letal de su rol. Joel Kinnaman cumple como Rick Flag aunque le falta más presencia para parecer un verdadero líder, Jay Hernández se luce como Diablo, Karen Fukuhara está como de pasada dando cuerpo y poca voz a Katana, Cara Delenvingne parece ir puesta de metanfetamina dando vida a Encantadora, un irreconocible Adewale Akinnuoye-Agbaje se mete adecuadamente en la piel escamada de Killer Croc y Jai Courtney por fin da vida a un papel al que no quieres ver morir desde el minuto uno de metraje. Pero es Viola Davis la que se roba en no pocas ocasiones la velada su Amanda Waller, un personaje que la actriz de Criadas y Señoras (The Help) hace suyo.



La presencia de David Ayer era necesaria en el universo cinematográfico de DC, ya que el estilismo como realizador de Zack Snyder comenzaba a agotar a gran parte de los espectadores. El director de Sabotage es un artesano curtido en thrillers policíacos, que incluso ha jugueteado con el found footage en Sin Tregua (End of Watch) y en Escuadrón Suicida ofrece secuencias de acción más orgánicas, directas, no tan estilizadas y entregadas a el esteticismo, de hecho cuando el film se hace fuerte es cuand Ayer apela a este tipo de cine de género, con tiroteos, persecuciones, escenas de acción físicas, al celuloide de testosterona masculina deudor de John Carpenter. Porque, como hemos apuntado brevemente unos párrafos más arriba, cuando la película incide en su faceta sobrenatural, más superheróica o fantasiosa al cineasta parece como si no se le notara cómodo con el material, algo que se deja notar también en su guión, que en ese sentido desbarra en varias ocasiones en la recta final. Toda la trama centrada en Ecantadora/June Moone, su hermano y la brujería (con más de una referencia a Cazafantasmas, buscadas o no) parece que choca con el entramado más terrenal, aquel relacionado con una historia a lo Walter Hill sobre un grupo de dementes inadaptados capaces de meterse en la boca del lobo con tal de sacar algún tipo de beneficio personal o económico con ello. Con esto no afirmamos que la mezcla de géneros a la que apela la cinta no funcione, sino que la balanza se inclina con más peso hacia el que el guionista y director conoce más de primera mano en detrimento del que para él era ajeno y que aquí tantea por primera vez en su carrera, y ahí en cierta manera se notan varias flaquezas en la estructura de la obra.




Pasad de Rotten Tomatoes, Metacritic, y demás web de opinión, Escuadrón Suicida no es ni mucho menos el desastre que proclaman varios medios en la red, pero tampoco es una gran película o una pieza que vaya a redefinir el cine protagonizado por personajes de cómic. La cinta de David Ayer es cine de evasión, una obra divertida, ligera, macarra, sin más aspiraciones que entretener, un blockbuster orgulloso de serlo que muestra un tono diferente a lo que hasta ahora nos estaba ofreciendo la dupla Warner/DC, más divertido y pasado de rosca. Por el camino tenemos escenas bien ejecutadas, actores que en varios casos bordan sus papales, una banda sonora cojonuda con éxitos del rock de los 60 y 70 (Queen, Black Sabbath, The Animals) referencias al universo DC en viñetas, apuntes de por donde irán los tiros en la película sobre la Liga de la Justicia Americana que prepara Zack Snyder (sí, hay escena post créditos, pero sólo una) un guión que aunque con ritmo y bastante efectivo hubiera necesitado un par de revisiones y todo ello con la sana intención de hacer pasar al espectador dos horas de diversión sin pretensiones. En la opinión del que aquí suscribe la crítica americana tiene todo el derecho a no haber disfrutado la película, pero el escarnio que con ella llevan haciendo desde hace unos días es excesivo, porque una cinta sobre un grupo de criminales contratados por el gobierno de su país para hacer el trabajo sucio que ellos no se atreven a llevar a cabo es lo que Escuadrón Suicida ofrece el espectador. Si alguien esperaba algo más que eso evidentemente saldrá decepcionado, en cambio el que demande del producto lo que vio en los trailers pasará un muy buen rato con esta superproducción veraniega que no aspira a ser nada más que eso y a fe mía que lo consigue.



jueves, 4 de agosto de 2016

Mi Amigo el Gigante



Título Original The BFG (2016)
Director Steven Spielberg
Guión Melissa Mathison, basado en el relato de Roald Dahl
Actores Mark Rylance, Ruby Barnhill, Penelope Wilton, Jemaine Clement, Rebecca Hall, Bill Hader, Rafe Spall, Adam Godley, Matt Frewer, Ólafur Darri Ólafsson, Haig Sutherland, Michael Adamthwaite




Desde los inicios de su carrera el cineasta norteamericano Steven Spielberg ha demostrado una más que contrastada versatilidad como autor para elaborar todo tipo de celuloide. Su talento y conocimiento del lenguaje cinematográfico siempre le han permitido alternar obras para adultos como El Diablo Sobre Ruedas (Duel), Tiburón (Jaws) o 1941 con otras más dirigidas a todos los públicos como Encuentros en la Tercera Fase, E.T o la saga Indiana Jones. Esta costumbre no la ha perdido en la actualidad si tenemos en cuenta que tan pronto coquetea con el thriller de espionaje o político en Munich o El Puente de los Espías, por poner un par de ejemplos, como se entrega a los brazos de las aventuras de proporciones épicas con Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio, la adaptación que él y Peter Jackson hicieron de los cómics creados por Hergé. En cierta manera a esta último tipo de films pertenece Mi Amigo el Gigante, la última cinta del realizador de Parque Jurásico con la que traslada a la pantalla grande el cuento El Gran Gigante Bonachón (The BFG en su título original, tanto para el relato como para la película) escrito por Roald Dahl, famoso autor de libros infantiles como Charlie y la Fábrica de Chocolate, James y el Melocotón Gigante o Matilda. Con su habitual equipo detrás de las cámaras, la ayuda en producción y guión de su amiga Melissa Mathison (E.T, Kundun) que falleció antes de ver el film estrenado, unos soberbios efectos digitales, un excelente reparto y sus no pocas tablas como uno de los directores más reconocidos de la historia de Hollywood Steven Spielberg construye con su proyecto más reciente una película infantil (de hecho los niños pequeños serán los que más la disfruten) con mucho potencial y algunos pasajes memorables, pero una construcción irregular por culpa de un guión inadecuadamente expuesto y desarrollado.




Mi Amigo el Gigante narra la historia de Sophie (Ruby Barnhill) una niña solitaria y fantasiosa que vive en un orfanato en el centro de la ciudad de Londres. Una noche de insomnio descubre la presencia en el exterior del edificio en el que vive de un gigante (Mark Rylance) que al sentirse delatado la secuestra para llevarla a la Tierra de los Gigantes. Allí, y siempre de la mano de su enorme amigo, Sophie descubrirá el trabajo de este como recolector de sueños, su enemistad con otros gigantes cuya única afición es comer niños humanos y se verá implicada en una aventura en la que copara capital protagonismo la mismísima Reina de Inglaterra (Penelope Wilton). La trama inspirada en el relato de Roald Dahl deja clara la naturaleza de cuento de hadas típicamente Disney especialmente dirigida a los más pequeños de la casa, Spielberg es consciente de ello y vuelca toda su inventiva visual y talento como narrador para que su último trabajo detrás de las cámaras deje satisfecho principalmente a ese amplio sector del público. El director de Minority Report o Salvar al Soldado Ryan se deja imbuir por un humor blanco (con algunos apuntes de escatología que, no lo neguemos, suele encantar los niños) que rodeará todo el argumento y sustentará la entrañable historia en la que se ven implicados los dos protagonistas. El norteamericano aprovecha los amplios medios que tiene a sus disposición para crear un mundo fantástico deudor tanto del mismo Roald Dahl como de Michael Ende o Terry Gilliam, con ecos que van desde La Historia Interminable hasta Los Héroes del Tiempo (Time Bandits) tejiendo un microcosmos repleto de detallismo, magia y pericia estética que, eso sí, de vez en cuando se ve devorado por el exceso de CGI.




Desde la decoración de las aposentos del Gigante en la cueva con el barco pirata como cama, los diminutos libros humanos que debe leer con lupa, esos asquerosos “Pepinachos” con los que se alimenta hasta su “taller de trabajo” en el que envasa los sueños que más tarde “soplará a los humanos” pasando por los parajes de la Tierra de los Gigantes incluyendo ese lago invertido en el que encuentra el material que después usará el protagonista para dar forma a las ensoñaciones de los ciudadanos de Londres Steven Spielberg y su equipo consiguen hacer pasar por real un reino de fantasía lírico, rico en contenido, y poseedor de un encanto fuera de toda duda. Gracias a unos efectos digitales tan excesivos (la búsqueda de Sophie por parte de los gigantes) como efectivos (el motion capture traslada fielmente toda la gestualidad facial de Mark Rylance y eso se deja notar en pantalla) Mi Amigo el Gigante extrapola con pericia la palabra de Roald Dahl a la pantalla grande transmitiendo a la platea un universo tan evocador como epidérmico gracias a la profesionalidad de unos técnicos que convierten el frío pixel en verdadera fábula para toda la familia. Steven Spielberg consigue arrancar genuina poseía en no pocos pasajes del largometraje como ese bellísimo plano de la gigantesca mano entrando por la ventana del orfanato bañada por el azul de la noche, las descacharrantes “técnicas de camuflaje” del Gigante para no ser descubierto por los humanos cuando deambula por las calles de la capital inglesa o el modus operandi que utiliza para transmitir los sueños a las personas y que desemboca en la divertida escena del niño que en su propio mundo onírico cree ser el asesor del presidente de los Estados Unidos ante al asombro y diversión de una atónita Sophie.




Como era de esperar la unión de Disney con la productora Amblin del mismo Steven Spielberg iba a permitir al director de Always o Loca Evasión (The Sugarland Express) tener un reparto a la altura de las circunstancias y el de Mi Amigo el Gigante no es una excepción. Aunque el papel protagonista iba a estar interpretado por el tristemente desaparecido Robin Williams, la labor de Mark Rylance (que ganó este año el Oscar al mejor actor secundario por su papel en El Puente de los Espías, una vez más a bajo la batuta del cineasta norteamericano) es sencillamente brillante, implicándose al 100% con un personaje que aunque realizado totalmente de manera digital captura (nunca mejor dicho) toda su gestualidad, lenguaje corporal y simpatía. Le da la réplica la unas veces encantadora y otras repelente Ruby Banhill que consigue que empaticemos con su soledad (una vez más el autor de Inteligencia Artificial recurriendo a la desestructuración familiar y la ausencia de figuras paternas como señas de identidad de su discurso) y disfrutemos con las aventuras en las que se embarca desde que conoce a su amigo gigantón. Dentro de los secundarios tenemos a Bill Hader (Superbad) o al compositor Jemaine Clement, entre otros, dando vida a los gigantes antropófagos y ya en la corte de la reina a Penelope Wilton (Orgullo y Prejuicio) dando vida a la misma, a Rafe Spall (Black Mirror) como Mr Tibbs y a una siempre elegante Rebecca Hall (Iron Man 3) como Mary, todos entregados al tono de humor liviano y fantasía desprejuiciada del proyecto, pero siempre en un segundo plano con respecto a los dos protagonistas que son el núcleo central sobre el que vertebra todo el argumento de la obra.




Por desgracia no todo son aciertos en Mi Amigo el Gigante ya que su mayor punto débil, y tristemente no pasa desapercibido, reside en el guión con el que la fallecida Melissa Mathison adaptaba el cuento de Roald Dahl. La guionista de E.T. afronta cada uno de los actos que dan forma al conjunto del largometraje con mucho eficacia, explotando sobre todo la relación entre los dos personajes principales para que la interacción entre ambos se convierta en la mayor virtud del proyecto. pero rebasado el arranque los pasajes del film se alargan innecesariamente, entregándose a la reiteración, la redudancia y transmitiendo con ello cierta sensación de apatía al espectador, que si bien nunca llega a aburrirse, en más de una ocasión mirará furtivamente el reloj por el exceso de descompresión narrativa con el que está escrito el libreto. No hay más que ver la potencia con la que arrancan momentos como la llegada a la casa del protagonista, los “juegos” con los otros gigantes a plena luz del día, o la llegada al palacio real para todas estas situaciones extenderse inadecuadamente en el tiempo sin que haya una necesidad de peso para llevarlo a cabo. Por suerte la pericia de un perro viejo como Steven Spielberg y su séquito tienen las suficientes tablas para solapar adecuadamente la mayoría de estas taras en la escritura con un dinamismo que no da respiro al espectador, pero no siempre lo consiguen y al film como conjunto se le ven las costuras.




Mi Amigo el Gigante entra en el panteón de las obras menores de Spielberg, ya que aunque se muestra en todo momento como una pieza estimable y bien ejecutada la endeblez de su guión la hiere considerablemente, tanto como para bajarla de la excelencia en la que podía haberse aposentado fácilmente. Por suerte, y como ya hemos apuntado un par de veces en la entrada, la maestría de un mago como el cineasta norteameriacno consigue que el barco no se hunda y podamos deleitarnos con una imaginería visual que, agradará a la mayoría de los adultos y hará soñar a los más pequeños con otros mundos poblados de gigantes, niñas solitarias, pepinachos malolientes, vehículos utilizados como juguetes y sueños deslizándose por una trompeta al interior de la mente de niños durmientes. Agradecidamente el director de la Lista de Schindler o Warhorse no se amilana con ningún proyecto y si bien es cierto que hace años que no ofrece una de sus obras maestras (la última fue la brutal Munich de 2005) no deja de trabajar, experimentar con técnicas y estilos, alternando realismo inmediato con fantasía universal, y hasta en una pieza irregular como la que nos ocupa siempre consigue que el que suscribe en algún momento puntual reconozca al gran narrador de historias que se esconde tras su impronta, el mismo que con un Gigante leyendo un cuento con una lupa en una mecedora al calor de una chimenea mientras una niña se duerme en lo alto del mástil de un barco escuchándole me hace, aunque sea por unos minutos, volver a ser el niño que se enamoró con sus arqueólogos aventureros, sus dinosaurios, sus extraterrestres o su patético, entrañable e incomprendido Capitán Garfio. Gracias por todo Mr Spielberg, que tenga dulces sueños.


miércoles, 20 de julio de 2016

Juego de Tronos: Sexta Temporada, todos los hombres del rey



"Si Robert se entera... sabes que lo hará, debes protegerlo, prométemelo Ned, prométemelo




Tarde o temprano tenía que suceder lo que todos nos imaginábamos. El ritmo de producción anual de Juego de Tronos era tan rápido que tarde o temprano adelantaría a los libros de George R.R. Martin en los que la serie estaba inspirada y así ha sucedido en esta sexta temporada, algo que se deja notar, para bien o para mal, a lo largo de los diez episodios. A continuación adjuntaré spoilers muy importantes de la trama, de modo que cuidado. Tras la incertidumbre que supuso el asesinato a traición de Jon Snow por parte de sus hermanos de la Guardia de la Noche en el último episodio de la quinta temporada al inicio de la sexta la primera cuestión a responder era saber si el personaje de Kit Harington estaba realmente muerto o no y en el caso de estarlo si David Benioff y D.B. Weiss tenían intención de resucitarlo, algo que ni lectores de los libros sabían a ciencia cierta ya que el personaje parecía morir también en Danza de Dragones sin mucha posibilidad de haber sobrevivido. La respuesta en televisión nos la dio la HBO al final del segundo episodio cuando Melissandre, la Bruja Roja, devolvía de entre los muertos al joven bastardo y en ese mismo momento la temporada se ponía verdaderamente en marcha.




Desde un punto de vista más o menos objetivo y como lector de los libros o fan de la serie de televisión debo admitir que esta temporada me ha parecido la más irregular de la serie, no mala (ninguna me lo parece, siendo algunas mejores que otras) pero sí considerablemente descompensada precisamente porque a David Benioff y D.W. Beiss se les nota que se han quedado sin el sólido material literario de George R.R. Martin para ir tejiendo su versión televisiva de Canción de Hielo y Fuego. Para el que suscribe es indiscutible que esta sexta tanda de episodios a contenido algunas de las subtramas más gratuitas, innecesarias y endebles de toda la serie. Porque si bien el personaje de Deanerys comienza a tomar un rol activo todavía se antojan sus acciones y decisiones de un estatismo narrativo que poco tiene que ver con su contrapartida en las páginas de los libros, cuyas hazañas están exupuestas de manera mucho más dinámica y atractiva. Pero peor es el caso de Tyrion, ya sabemos que es el personaje que más gusta tanto en la saga literaria como en la catódica y que Peter Dinklage es un actor que llena la pantalla con sólo abrir la boca, pero es que todo la trama relacionada con él es de una insulsez e inanidad alarmante, por mucho que quieran darle peso como consejero de la Madre de Dragones su presencia no aporta nada de verdadero peso y su hazañas quedan reducidas a intercambiar diálogos con otros personajes como la misma Daenerys, Varys o Missandei y Grey Worm, compartiendo con estos últimos pasajes de humor que, aunque efectivos, están fuera de lugar.




Como previamente hemos comentado recurrir a estas subtramas que son excusas para mantener en la serie a personajes importantes pero que narrativamente no se sustentan como debieran para cohesionarse con las otras que pueblan el programa posiblemente se deba a que los showrunners de la serie ya no tienen donde reflejarse ahora que han dejado al autor de las novelas atrás, pero también sería de necios negar que las dos cabezas pensantes de la serie a estas alturas ya conocen el estilo del autor de El Sueño de Fevre y que evidentemente este los habrá seguido asesorando a lo largo de la temporada aunque en esta ocasión no haya escrito el guión de ninguno de los episodios, como venía siendo tradición en las anteriores. Esto que comento queda claro en cuanto a la serie de traiciones, asesinatos, crueldades, muertes, batallas e intrigas palaciegas que sobrevuelan los diez episodios, que son 100% George R.R. Martin, material con toda la personalidad de una serie como Juego de Tronos al máximo nivel y sin hacer prisioneros. Por otro lado los actores vuelven a estar a la altura, pero hay que tener cuenta que después de seis años interpretando sus roles es fácil que la labor del reparto sea notable. En esta temporada un servidor destaca a un Kit Harington algo más entregado (y expresivo) por la causa ya que esta entrega recae casi por completo en sus hombros desde su mismo arranque, también Maisie Williams por haber convertido su Arya Stark en un personaje completamente físico, a Sophie Turner por dar por fin el paso a la madurez que Samsa llevaba tiempo exigiendo, Iwan Rheon pletórico como el demente Ramsay Bolton, una Lena Heady que ha exprimido hasta el paroxismo la crueldad de una Cersei Lannister mejor que nunca y esa Lyanna Mormont personalizada por la maravillosa Bella Ramsay que nos ha enamorado a todos por su entereza y determinación concentradas en el cuerpo de una pequeña niña de doce años.




Evidentemente aunque esta sexta se antoje como una temporada no del todo brillante es no es óbice para admitir que volvemos a encontrarnos ante un producto televisivo de calidad a la altura de una cadena como HBO. David Benioff y D.B. Weiss siguen por el buen camino recurriendo a guionistas con talento, actores magníficos de nueva hornada (enorme Jonathan Pryce como el Gorrión Supremo, agradable la presencia de Max Von Sydow como Three-Eyed Raven y una pena que Ian McShane haya sido ta poco aprovechado siendo un intérprete de nivel) y unos directores que cada nuevo episodio elevan la calidad técnica y la puesta en escena del show. Hay varios momentos potentes en esta temporada (a continuación los destacaré, pero seguro que no es difícil adivinarlos) y los mismos hacen que merezca la pena hacer el recorrido de esta última colección de episodios que no han sido todo lo potentes que debieran. Ahora llega la verdadera prueba de fuego, saber si Benioff y Weiss van a conseguir mantener a flote el barco las dos temporadas que quedan (hace poco nos hemos enterado que la séptima se retrasará por la falta de nieve para poder comenzar el rodaje de la misma) sin que la calidad de la serie se resienta demasiado, algo que por desgracia en esta sexta ha llegado a suceder en cierta manera.




El personaje – Ramsey Bolton, siento especial predilección por esos villanos a los que “da gusta odiar” y el personaje de Iwan Rehon es un auténtico hijo de la gran puta que parece salido de Los Señores del Acero (Flesh+Blood) aquella sucia y lasciva cinta medieval rodada por Paul Verhoeven en 1985.

El momento de bronce – La muerte de Hodor, un personaje al que todos teníamos especial cariño y que abrazó un destino escrito desde su propia niñez para salvar a Brann y Meera, un momento en el que la tensión y la tristeza se dan de la mano para retorcer el corazón del fan de la serie.

El momento de plata – El fuego Valirio y su orgía de muerte instigada y planeada por Cersei Lannister y que se cobra la vida, entre otros, del Gorrión Supremo, Margaery y Loras Tyrell. Uno de los puntos álgidos de la temporada

El momento de oro – Evidentemente la Batalla de los Bastardos se ha convertido en el pasaje técnico cumbre de lo que llevamos de serie. Juego de Tronos es una producción que se caracteriza porque sus responsables en cada temporada tratan de superarse a sí mismos a la hora de rodar las escenas bélicas, pero lo de Michael Sapochnik (True Detective) en esta ocasión es un prodigio de control del tempo narrativo, ejecución coreográfica, utilización de los encuadres para incomodar hasta lo asfixiante al espectador y uso sabio de los efectos digitales. Un hito televisivo con todas las letras.