miércoles, 30 de noviembre de 2016

Especial El Proyecto de la Bruja de Blair, bosques, mentiras y cintas de vídeo



Aunque pueda parecerlo el formarto “falso documental”, rebautizado en los últimos tiempos como “found footage”, no nació ayer. No tenemos que irnos muy lejos en el tiempo para encontrar muestras de este subgénero que en su momento cobraron considerable importancia. Productos tan dispares como la paupérrima y antropófaga Holocausto Caníbal (1980), la magistral comedia rockera This is Spinal Tap (1984) o la negrísima y brutal Ocurrió Cerca de Su Casa (1992) son prueba de que dicho tipo de films llevan décadas copando nuestras carteleras y haciéndolo desde países tan dispares como Italia, Estados Unidos o Bélgica. Cuando en el año 1999 El Proyecto de la Bruja de Blair se convirtió en un fenómeno cinematográfico el falso documental estaba adormercido, nunca desapareció, pero durante la segunda mitad de los 90 había sido relegado a subproductos de Serie B, en el mejor de los casos. Pero los directores norteamericanos Eduardo Sánchez y Daniel Myrick llegaron no sólo para volver a poner de moda las cámaras al hombro y los falsos vídeos caseros como medios narrativos, sino que también nos mostraron por primera vez que internet acabaría convirtiéndose en el medio de comunicación más importante de principios del Siglo XXI. En la siguiente entrada vamos a hablar de los tres largometrajes centrados en la ya célebre bruja del bosque de Black Hills situado en la localidad de Burkittsville, abordaremos brevemente la biografía de sus creadores y trataremos de calibrar el alcance de este fenómeno fílmico que ha vuelto a nuestras pantallas con una tercera entrega que regresa a los orígenes de una saga que quedó completamente devaluada tras su secuela del año 2000. De modo que coged las mochilas, la brújula, víveres para varios días y no olvidéis traer vuestro mejor equipo de supervivencia, vamos a adentrarnos en el terreno de la inefable Elly Kedward.




De Blair a Burkittsville, el origen de Elly Keward

Aunque no todo el mundo lo sabe Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, los creadores de El Proyecto de la Bruja de Blair, idearon todo un pequeño microcosmos alrededor de su película para convertirla en un relato que pudiera pasar por real, algo de esto sucedió meses antes de su estreno en el año 1999. Localizando su historia en Burkittsville, un pueblo ubicado en el condado de Frederick en el estado de Maryland con poco más de 151 habitantes, y situando la acción en la ficticia villa de Blair, los guionistas y directores crearon la figura de Elly Keward, una anciana curandera que durante el año 1785 intentó llevar a su casa a una serie de niños de la zona para sacarles sangre y por ello fue acusada de brujería, desterrada de Blair y dada por muerta tras ser abandonada en el bosque de Black Hills durante un crudo invierno. Sólo un año después los hechos extraños relacionados con Keward comenzaron a sucederse en Blair cuando todos los niños que la acusaron de hechicería desaparecieron misteriosamente y los habitantes de la villa abandonaron la misma por miedo a la ya célebre bruja.




Ya en el año 1809 comenzó a forjarse la leyenda gracias a la publicación del libro El Culto de la Bruja de Blair, que relataba la maldición que cayó sobre Blair tras la muerte de Elly Keward. En 1824 se fundó el pueblo de Burkittsville sobre el antiguo asentamiento en el que se encontraba Blair, pero los hechos inexplicables relacionados con la bruja no dejaron de sucederse, ya que sólo un año después Eileen Treacle, una niña de diez años que, según comentaban once testigos que vieron lo acontecido, fue secuestrada por una anciana pálida que salía un arroyo de la localidad y la agarraba de la mano arrastrándola por la corriente. Ya en 1886 un niño de ocho años llamado Robin Weaver fue dado por desaparecido y mientras él lograba volver a Burkittsville sano y salvo el equipo de salvamanto que se dirigió en su busqueda fue encontrado días después con todos sus miembros muertos, maniatados y destripados en La Roca del Ataúd, cerca del aroyo donde fue raptada Eileen Treacle. Ya en el siglo XX y tras años de silencio con respecto a la bruja entre 1940 y 1941 siete niños del pueblo desaparecieron misteriosamente para ser encontrados poco después en la casa de Rustin Parr, un ermitaño que tras admitir haber cometido los asesinatos de los pequeños, por mandato de una voz de mujer que le incitó a cometer dichos crímenes, fue condenado a morir en la horca.




Todo este contexto histórico, magníficamente expuesto en el falso documental La Maldición de la Bruja de Blair, dirigido por los mismos Sanchéz y Myrick, se estrenó antes de que El Proyecto de la Bruja de Blair viera la luz como producto cinematográfico. Por tanto toda esta falsa historia adherida al folklore de dicha localidad situada en el estado de Maryland es la que incitaba a los estudiantes de cine Heather Donahue, Joshua Leonard, y Michael C. Williams a realizar en 1994 el documental sobre Elly Keward y su leyenda que los llevaba a desaparecer misteriosamente en los bosques de la localidad para ser sus cintas encontradas un año después justo en la casa de Rustin Parr, localización en la que asesinó a los “Siete de Bukkertsville”. Todo un entramado que como previamente hemos apuntado no pocos espectadores tomaron como cierto y cuyo morbo por el mismo los animó a ir en masa a las salas cinematográficas. Por desgracia el rico microcosmos creado por los directores y guionistas se vio truncado con el estreno de la paupérrima El Libro de las Sombras: BW2, dando al traste con lo que pudo convertirse una exitosa franquicia cinematográfica. Por suerte o por desgracia la sombra de Elly Keward ha vuelto con esa Blair Witch estrenada hace poco en nuestras carteleras y que ha sido impulsada por los creadores del personaje y su leyenda negra, dos jóvenes cineastas que pasaron del anonimato al éxito mundial, para al poco tiempo ser devorados impunemente por la maquinaria hollywoodiense.


Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, los autores de la invocación

Eduardo Sánchez (La Habana, 1968) y Daniel Myrick (Florida, 1963) eran unos cineastas novatos cuando decidieron sacar adelante El Proyecto de la Bruja de Blair, ya que un puñado de cortos por parte del primero y una simple colaboración televisiva por parte del segundo suponían la única experiencia en el mundo del cine y la ficción de ambos. En 1997 comenzaron la gestación de un falso documental de ínfimo presupuesto con el que narrarían la excursión y posterior desaparición de tres estudiantes de cine en el bosque de Black Hills localizado en Burkittsville (Maryland) para intentar desentrañar los secretos detrás de la famosa Bruja de Blair, una supuesta leyenda local sobre la que recaé una oscura maldición. El film, protagonizado por actores no profesionales, rodado casi enteramente por los mismos en sólo ocho días y con una escasez de medios notable se convirtió en un éxito sin precedentes en la historia del séptimo arte, no sólo por recaudar casi 250 millones de dólares a nivel mundial con un presupuesto de poco más de 22.000, sino también por marcar tendencia en lo que a realizar una potente y original publicidad en un internet que por aquel entonces daba sus primeros pasos, depositando en una web relacionada con la película (activa todavía hoy día) ingente cantidad de información sobre la historia de la Bruja de Blair, los muchachos que desparecieron buscándola y abordando toda la temática relacionada con la obra como si se basara en un hecho real.




De la noche a la mañana Eduardo Sánchez y Daniel Myrick pasaron de ser unos desconocidos estudiantes de cine a convertirse en las nuevas promesas del cine de terror americano, unos emprendedores que hicieron historia en el mundo del séptimo arte e internet transformando un producto totalmente amateur como su debut al alimón detrás de las cámaras en un éxito con pocos precedentes en el mundo del cine contemporáneo. El problema es que El Proyecto de la Bruja de Blair supuso el prematuro principio del fin de la carrera de sus directores dentro de la primera línea de Hollywood. Sólo un año después llegó El Libro de las Sombras: Blair Witch 2, una secuela en la que Sánchez y Miryck sólo colaboraban como productores que abandonaba (casi) totalmente el formato found footage para convertirse en un slasher prototípico de los años 90 a rebufo de productos como Scream o Sé lo Que Hicisteis el Último Verano con la leyenda de la famosa bruja como único vínculo con la cinta primigenia. Su fracaso de crítica y poca repercusión en taquilla fueron suficiente motivo para que la saga desapareciera del mapa durante unos larguísimos dieciseis años. En ese periodo de tiempo Sánchez y Myrick han seguido trabajando en cine y televisión, pero casi siempre por separado y sin que su labor tuviera mucha repercusión. Ha sido en el presente 2016 cuando han vuelto a colaborar como dupla para producir una nueva entrega de El Proyecto de la Bruja de Blair que se encarga de dirigir otra nueva promesa del cine de terror como es Adam Wingard y de la que hablaremos en esta entrada una vez hayamos rememorado las dos primeras entregas de la franquicia.




El Proyecto de la Bruja de Blair (1999), in the shadow of the valley of death



Dirección Eduardo Sánchez y Daniel Myrick
Guión Eduardo Sánchez y Daniel Myrick
Música Antonio Cora
Fotografía Neal Fredericks
Reparto Heather Donahue, Michael C. Williams, Joshua Leonard, Patricia DeCou, Sandra Sánchez
Duración 81
Productora Artisan Entertainment / Haxan Films
Nacionalidad Estados Unidos

Fue el sleeper del año aquel 1999, El Proyecto de la Bruja de Blair estaba en boca de todos y llegó para dividir radicalmente al público entre los que la consideraban la película más aterradora de la historia del cine y los que afirmaban que nos encontrábamos ante un timo de los que hacen época con el que sus creadores se reían en plena cara del espectador. Vendida en sus inicios como una serie de grabaciones reales gracias a una campaña viral en internet que marcó época la historia de los tres estudiantes de cine Heather Donahue, Michael C. Williams, Joshua Leonard (el trío de actores conservaba en el film sus verdaderos nombres para ceñirse más a su “falsa realidad) y su viaje al bosque de Black Hills en el condado de Burkittsville (Maryland) para realizar un documental sobre la inefable Bruja de Blair se convirtió en una de las películas más icónicas del celuloide adscrito al género del terror de lo que fueron las postrimerías del siglo XX. Vista hoy día casi veinte años después de su estreno el largometraje de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick mantiene intactos tanto sus aciertos como sus fallos, siendo los primeros bastantes más que los segundos, gracias a cómo suplieron estos la sencillez de su propuesta y la escasez presupuestaria por medio de una sabia puesta en escena reducida al mínimo exponente pero que funcionaba al 100% gracias al ingenio y la osadía de todos los que implicados en aquella atípica propuesta cinematográfica que resucitaría un subgénero que tras su regreso hoy día sigue siendo rentable por medio de distinto tipo de sagas.




El Proyecto de la Bruja de Blair cumple con casi todas las características que debe tener una pieza de falso documental como el metraje exiguo (81 minutos) para no quemar la propuesta rápidamente de cara a la platea, buscar una excusa narrativa más o menos viable para que los personajes nunca dejen de grabar a pesar de encontrarse en situación extremas (la obsesión de Heather con sacar adelante el proyecto del documental a toda costa aún a riesgo de costarle la vida a ella y a sus dos colaboradores) y una continuidad cronológica de las grabaciones que de la impresión de inmediatez y tiempo real aunque pasen varios días a lo largo del desarrollo del largometraje. Con los tres actores ejerciendo de cámaras y sonidistas (recibieron clases de realización antes de manipular el equipo de grabación durante el rodaje) y haciendo un especial hincapié en la sutilidad, el sugerir y nunca mostrar, los efectos de sonido y la atmósfera que proporcionaban las localizaciones elegidas para el rodaje Sánchez y Myrick consiguieron una pieza rotundamente efectiva, que conseguía mantener en tensión a la platea gracias a sus resoluciones narrativas bien elegidas y ejecutadas asustando de manera elocuente y veraz a un muy bajo coste monetario por medio del talento depositado por ambos en la producción.




Como previamente hemos mencionado El Proyecto de la Bruja de Blair se convirtió en un éxito sin precedentes recaudando 250 millones de lo dólares a nivel mundial cuando su presupuesto superó a duras penas los 22.000 y aunque sigue lastrando algunos fallos (el personaje de Heather Donahue torna en insoportable durante la recta final de la cinta, empañando en parte el buen hacer del trío actoral) que ya en su momento hicieron restar puntos al conjunto de la obra sigue siendo una película muy a tener en cuenta. Por suerte el film de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick ha superado la prueba del tiempo revelándose como la punta de lanza de un nuevo resurgir del género falso documental al que se subieron sagas como las de Paranormal Activity, o [•REC] y films como La Visita, de M. Night Shyamalan, Chronicle, de Josh Trank, Cloverfield, de Matt Reeves o Home Movie, de Christopher Denham, adscritas todas ellas a géneros como la comedia negra, el cine superheróico, el de catástrofes o posesiones demoniacas respectivamente. Por desgracia y como vamos a comentar a continuación los creadores de la potencial franquicia perdieron pronto el control de la misma por dejarla en manos del primer grupo de mercenarios que los productores les impusieron para seguir explotando la gallina de los huevos de oro.


El Libro de las Sombras: Blair Witch 2 (2000), disposable teens



Dirección  Joe Berlinger
Guión Dick Beebe y Joe Berlinger, basado en personajes de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick
Música Carter Burwell
Fotografía Nancy Schreiber
Reparto Kim Director, Jeffrey Donovan, Erica Leerhsen, Tristine Skyler
Duración 90 min
Productora Artisan Entertainment/ Haxan Films
Nacionalidad Estados Unidos

Poco más de un año tardó en llegar la secuela de El Proyecto de la Bruja de Blair a las pantallas de todo el mundo. Con el éxito de la cinta original todavía muy reciente la pequeña productora que la impulsó, Haxan Films, vio por primera vez el cielo abierto de par en par y no quiso dejar pasar la oportunidad de seguir dando forma a lo que esparaban fuera una nueva franquicia cinematográfica dentro del género de terror que reventara las taquillas atrayendo al mayor número de espectadores posibles, los mismos que se sorprendieron ante el ingenio y la efectividad del largometraje de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick. El problema surgió cuando la productora Artisan Entertainment, que distribuyó el film primigenio, metió presión para rodar lo antes posible una segunda parte y para colmo sacó de la ecuación a los dos guionistas y directores de la película de 1999, quedando esta vez relegados a la producción ejecutiva de esta nueva incursión en los terrenos de la localidad de Burkittsville en general y el bosque de Black Hills en particular. Para sacar adelante el proyecto se contrataron los servicios del documentalista Joe Berlinger para que lo dirigiera y del guionista de films de bajo presupuesto Dick Beebe para que lo escribiera. El resultado fue El Libro de las Sombras: Blair Witch 2, un desastre mayúsculo nada inesperado por culpa de las prisas y lo mal planteada y ejecutada que había estado toda la génesis del producto.




El Libro de las Sombras: BW2 tuvo una sola buena idea, tratar de no ser una copia de su predecesora, y ni esa llegó a desarrollarse adecuadamente por culpa de la ineptitud de sus creadores. El largometraje de Joe Berlinger abandona el formato found footage y abraza una narrativa cinematográfica asentada en la ficción pero adentrándose en un juego metaficcional desde el mismo planteamiento de la trama, que está centrada en un varipointo grupo de fans de la película El Proyecto de la Bruja de Blair que deciden viajar al bosque de Black Hills para visitar las localizaciones donde se rodó dicho film. Esta secuela de la producción de 1999 ideada por Eduardo Sánchez y Daniel Myrick es un pésimo y genérico slasher que utiliza la mitología asentada sobre el personaje de la Bruja de Blair para dar forma a una muestra pobrísima de cine de terror que no asusta por su ineficaz puesta en escena, guión caótico y horriblemente estructurado (el uso de los flashbacks es nefasto) así como por un reparto de actores imberbes que por mucho que se entreguen a la exageración y la hipérbole en ningún momento consiguen ser creíbles o despertar un mínimo de empatía hacia un espectador que asiste a lo acontecido en pantalla con sensaciones que van desde la indiferencia hasta la incredulidad ante la consecución de secuencias vergonzosas y sonrojantes (las apariciones de los “7 de Burkittsville” sólo transmiten risa a la platea) que son rematadas con un clímax ineficaz, chapucero y tan insatisfactorio como el resto del metraje.




Como era de esperar la taquilla no respondió bien, la crítica masacró la cinta y las nominaciones a los Razzie (ganando el de Peor Remake o Secuela) no se hicieron esperar. Ante este desalentador panorama la franquicia quedó muerta y enterrada, Eduardo Sánchez y Daniel Myrick desaparecieron del mapa de Hollywood y comenzaron a sobrevivir de mala manera en productos de Serie B o comercializados directamente en los videoclubs y los fans de la obra primigenia se quedaron sin su potencial franquicia llena de posibilidades. A pesar de la decable mayúscula la idea de resucitar a la Bruja de Blair nunca desapareció de internet con continuos rumores sobre una nueva continuación o un reinicio del relato original escrito y dirigido por los mismos Sánchez y Myrick. Finalmente ha sido en pleno 2016 cuando una nueva entrega de la historia negra de Burkittsville y la inefable Elly Keward ha llegado a las pantallas, con sus creadores detrás de su gestación pero sin intervenir directamente en el guión y la dirección, ya que de estos se han encargado Simon Barrett y Adam Wingard respectivamente, dos nuevas promesas del cine de género en el que los hacedores de El Proyecto de Bruja de Blair han confiado para resucitar su criatura con unos resultados que pasaremos a comentar a continuación.

Blair Witch (2016), born again



Dirección Adam Wingard
Guión Simon Barrett
Música Adam Wingard
Fotografía Robby Baumgartner
Reparto James Allen McCune, Callie Hernandez, Corbin Reid, Brandon Scott, Wes Robinson, Valorie Curry
Duración 89
Productora Lionsgate / Vertigo Entertainment / Room 101 / Snoot Entertainment
Nacionalidad Estados Unidos

En la pasada Comic Con de San Diego la productora Lionsgate presentaba una de sus últimas producciones, un proyecto gestado bajo el más estricto de los secretos del que sólo habíamos visto un primer teaser trailer y que se llamaba The Woods. El film iba a ser una nueva colaboración del cineasta norteamericano Adam Wingard y el guionista Simon Barrett, autores de You’re Next y The Guest, pero al final todo se desveló y descubrimos que el proyecto se llamaba Blair Witch y no era nada más y nada menos que una nueva secuela de El Proyecto de la Bruja de Blair. Ideado en lides de producción por Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, creadores de trabajo original de 1999, y obviando totalmente lo acontecido en la insalubre El Libro de las Sombras: BW2, esta nueva entrega volvía a las raíces de la saga recurriendo nuevamente al formato de falso documental y narrando una historia que parecía tener muchas similitudes con aquella protagonizada por Heather Donahue, Michael C. Williams y Joshua Leonard. Después de la proyección en la CCSD la red ardía con comentarios que afirmaban que Blair Witch era una de las películas del año y una de las piezas de género más aterradoras de los últimos tiempos. Su paso por el festival de Sitges por el contrario no fue tan benévolo, ya que tanto la prensa especializada como el público acusaron al film de poco original y arriesgado, incitando a que el hype sobre el proyecto de cara al fandom y el espectador ocasional descendiera notablemente.




Por desgracia con Blair Witch nosotros nos posicionamos con aquellos que han recibido negativamente la última incursión en los bosques de Black Hills. Lo hacemos porque Eduardo Sánchez y Daniel Myrick han desperdiciado una oportunidad de oro para, después de diecisiete años, reverdecer laureles y encarrilar una saga, que desde sus inicios poseía en su interior un más que considerable potencial, entregando una pieza cinematográfica brutalmente desvergonzada en cuanto a su planteamiento y conceptualidad, no por ser una producción de mala calidad, sino por haber sido gestada, ejecutada y vendida como una secuela o reinicio de la franquicia a la que pertenece cuando realmente es un descarado y pedestre remake de la El Proyecto de la Bruja de Blair original que llegara a carteleras de todo el mundo en el año 1999. Nuestros peores vaticinios se han hecho realidad con esta producción de 2016 que se une a otra serie de decepciones de la temporada dentro del género de terror como La Bruja, de Robert Eggers o 31, de Rob Zombie, y que no consigue su fin último, insuflar vida en una franquicia muerta desde hace casi veinte años.




Los momentos de vergüenza ajena en Blair Witch tienen lugar poco después del arranque del largometraje, no por lo mal que estén escritos o rodados (aunque de eso también hay algo, como comentaremos después) sino porque el conocedor de El Proyecto de la Bruja de Blair se dará cuenta escena a escena que Simon Barrett y Adam Wingard van fusilando uno a uno todos los hechos acaecidos en la trama de aquella. No lo decimos solo por la estructura narrativa que es demencialmente mimética a la de su predecesora (recordemos que El Libro de las Sombras: BW2 no existe, ni se hace mención a ella en esta película) sino a todos y cada uno de los hechos que van sucediendo en pantalla. Presentación de los personajes en la intimidad, muestrario del material audiovisual que van a utilizar, llegada al bosque de Black Hills, discusiones entre los componentes del grupo, extrañas y amenazantes visitas nocturnas al asentamiento que han creado, voces de niños entre la oscuridad, salidas a horas intempestivas de las tiendas de campaña para correr frenéticamente, cámara en mano, por el bosque, desaparición de roles secundarios y clímax final en la casa de Rustin Parr. Todo esto planteado con la única novedad de la presencia de un protagonista en el film que es el hermano menor de Heather Donahue lanzado en su búsqueda y el adelanto que supone en la puesta en escena del film el uso de unas cámaras de alta tecnología que permiten más movilidad a los personajes de la cinta.




Si eludimos la enorme losa que supone la autocomplacencia con la que está abordado el proyecto lo que nos queda es una slasher rodado en formato found footage con una puesta en escena caótica, deslabazada, impersonal y ruidosa que sólo ofrece una cara más sensacionalista, aparatosa, fálsamente cruda y primaria, en el peor sentido de la palabra, de El Proyecto de la Bruja de Blair. Con un guión reducido al mínimo exponente y con diálogos de guardería, un reparto de personajes planos, insufribles, con los que es imposible empatizar por culpa de lo pésimamente perfilados que están y que se mezclan confusamente unos con otros (las cámaras localizadas en las cabezas de los protagonistas deberían ofrecer claridad a la narración, pero el resultado es el contrario) unas muy pocas escenas de tensión aisladas mezcladas con un puñado de secuencias a las que asistimos con la más notable de las indiferencias y una recta final interminable de la que podemos rescatar un par de fogonazos mínimos de eficacia visual y de ritmo Blair Witch fracasa estrepitosamente a la hora de llevar la mitología ficticia detrás de Elly Keward y sus malas artes de hechicería a una nueva generación de espectadores que puedan interesarte en un plano cinematográfico por ella y su microcosmos idedao y desperdiciado, una vez más, por unos Eduardo Sánchez y Daniel Myrick que por bisoñez o factores externos no han sabido explotar adecuadamente. A los pobres resultados de taquilla del film nos remitimos a la hora de tener que volver a hablar de fracaso, porque parece ser que la maldición de la Bruja de Blair se extiende más allá de Burkittsville, llegando hasta las carteleras de todo el mundo.

Valoración General

El Proyecto de la Bruja de Blair es una muestra clara de lo que pudo ser y no fue. Tras dicho film y su enorme y desproporcionado éxito si nos atenemos a su naturaleza independiente y humilde, sus creadores, Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, no supieron (o pudieron) controlar los mandos de su máquina y mientras otras sagas con planteamientos menos atractivos como Scream, Saw u otras que nacierona a su rebufo como Paranormal Activity o [•REC] cosechaban un éxito tras otro en forma de secuelas la de la infame Elly Keward, la Bruja de Blair, ha gastado todos sus cartuchos para intentar encontrar su hueco en el cine de género comercial americano del siglo XXI. El Libro de las Sombras BW2 en 2000 y Blair Witch en 2016 han acabado por dilapidar la buena fama de una obra de culto que se puede considerar la única pieza memorable y poseedora de ciertos niveles remarcables de calidad relacionada con una franquicia muerta en vida. Por desgracia si tenemos en cuenta la recaudación (sólo 45 millones de dólares a nivel mundial) poco prometedora que ha obtenido su última incursión en pantalla grande probablemente la saga que nos ocupa vuelva a dormir durante largo tiempo el sueño de los justos o en el mejor de los casos se verá relegada a las estanterías de los videoclubs y a las plataformas de cine online que pueblan ese internet que la vio nacer para revolucionar en sus inicios el medio cinematográfico y que fue testigo mudo de su caída en desgracia y derrota antes de asimilar su prematuro y frenético éxito.


sábado, 26 de noviembre de 2016

Doctor Strange



Título Original Doctor Strange (2016)
Director Scott Derrickson
Guión C. Robert Cargill, Scott Derrickson, Jon Spaihts, basado en el cómic de Stan Lee y Steve Ditko
Reparto Benedict Cumberbatch, Chiwetel Ejiofor, Rachel McAdams, Mads Mikkelsen, Tilda Swinton, Benjamin Bratt, Michael Stuhlbarg, Scott Adkins, Zara Phythian, Alaa Safi, Katrina Durden, Neve Gachev, Amy Landecker, Dante Briggins, Tony Paul West, Daniel Eghan, Annarie Boor, Jill Buchanan, Pezhmaan Alinia, Stan Lee





El éxito de cintas como Guardianes de la Galaxia o Ant-Man sirvió para que los mandamases de Marvel Studios tantearan el terreno para saber si la adaptación a imagen real de personajes secundarios del mundo de las viñetas de la Casa de las Ideas era viable de cara a la taquilla y el resultado contra todo pronóstico fue muy positivo. Gracias a la aceptación de los films de James Gunny y Peyton Reed podemos disfrutar de esta Doctor Strange con la que la división cinematográfica de Marvel ha llevado a imágenes las aventuras del Hechicero Supremo creado por el guionista Stan Lee y el dibujante Steve Ditko en el año 1963 para la colección Strange Tales y cuya vida editorial se extiende hasta nuestros días con series protagonizadas por Stephen Strange en solitario o en compañía de otros superhéroes de la afamada editorial norteamericana, todas ellas ideadas por guionistas como Roger Stern o Roy Thomas e ilustradores de la talla de Gene Colan o Mike Mignola.




Para esta traslación de las aventuras del mago más importante de Marvel Comics el productor Kevin Feige y su séquito de colaboradores solicitaron los servicios del director estadounidense Scott Derrickson, un profesional que cumple el perfil habitual buscado por la factoría de artesano que se adapta al material que ponen en sus manos, aunque en lo referido a su persona sus mayores éxitos han tenido lugar en el género de terror con Hellraiser; Inferno, El Exorcismo de Emily Rose, la primera entrega de Sinister o Líbranos del Mal, aunque también coqueteó con la ciencia ficción en el paupérrimo remake de Ultimatum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still). Al guión encontramos al mismo Derrickson, a su colaborador C. Robert Cargill o a Jon Spaihts (Prometheus) y en el reparto nombres de primer orden como Tilda Swinton (¡Ave César!), Chiwetel Ejiofor (12 Años de Esclavitud), Mads Mikkelsen (La Caza) Rachel McAdams (True Detective) encabezados todos por Benedict Cumberbatch (Star Trek: En la Oscuridad) dando vida al ínclito doctor.




Con su última producción Marvel Studios ha vuelto a conseguir un taquillazo que también ha sido muy bien recibido por la prensa especializada en líneas generales. Doctor Strange es una magnífica muestra de cine comercial, una nueva pieza dentro del engranaje del universo cinematográfico de la Casa de las Ideas que conteniendo en su interior la ya clásica fórmula de la productora añade un plus de originalidad con respecto a la mayoría de proyectos basados en personajes superheróicos con los que va a compartir universo fílmico, precisamente porque Stephen Strange no es uno de ellos, o al menos no uno al uso o en el término más ortodoxo de la palabra y este matiz de excepcionalidad es al que se aferran Scott Derrickson y sus colaboradores para narrar el origen del neurocirujano engreído y altivo que tras sufrir un accidente de tráfico que deja inutilizadas sus manos para ejercer su trabajo y con la intención de encontrar una cura a sus lesiones acaba descubriendo un mundo de artes místicas en el que se convertirá en una pieza clave para combatir las fuerzas oscuras que amenazan nuestro planeta.




Doctor Strange vuelve a ser una muestra del cuidado y la dedicación que Marvel Studios están poniendo para mantener el nivel de calidad en su ya más que asentado universo. Esta producción de 2016 trata por todos los medios de ofrecer un producto adscrito a la mejor cara del cine comercial hollywoodiense propio del siglo XXI pero sin olvidar la fidelidad a los más de cuarenta años de vida editorial del personaje de Stan Lee y Steve Ditko. Por eso con el largometraje de Scott Derrickson nos encontramos con un ejemplo prototípico de blockbuster revienta taquillas, pero que paga su deuda con el mundo de las viñetas por medio de incontables referencias a la psicodelia primigenia de las historias ilustradas por Steve Ditko, al tono más siniestro y esotérico de Gene Colan e incluso al clasiscismo bien entendido del Marcos Martin de la saga El Juramento, una de las mejores sagas de la historia reciente del personaje escrita por Brian K. Vaughan, autor de obras de culto como Ex Machina, Saga o Y: El Último Hombre. Todo eso consiguiendo una armónica convergencia entre tonos tan distintos nacidos en los cómics que en pantalla se ven totalmente cohesionados con la historia gracias a la sabia puesta en escena de la obra.




Todo el microcosmos relacionado con Stephen Strange está aquí, dosificado y concentrado para que el fandom pueda reconocerlo y el espectador neófito descubrirlo por primera vez. El Ojo de Agamotto, la Capa de Levitación, "El Anciano" (o más bien su réplica femenina) Dormammu, el Barón Mordo, Wong, todo el ideario, parafernalia mística y los roles secundarios hacen acto de presencia durante el agradecido metraje y son abordados con la fidelidad esperada. Scott Derrickson toma una puesta en escena tan impersonal como visualmente abasalladora (el clímax final es brillante técnicamente) y aunque es cierto que estilísticamente hay similitudes con la soberbia Inception de Christopher Nolan con toda esa realidad que se repliega sobre sí misma deformando y deconstruyendo la arquitectura a placer los conocedores de las viñetas saben que estos juegos narrativos y conceptuales los ofrecían los cómics del personaje protagonista hace décadas. En ese sentido los precursores del proyecta dan nuevamente muestras de haber hecho los deberes como es debido con respecto a conocer el material original en el que se sustenta la obra cinematográfica.




Benedict Cumberbatch es el rey de la velada y a lo largo de todo el metraje demuestra que nació para interpetar a Stephen Strange, aunque su aspecto físico diste mucho de ser el más parecido al de la versión en viñetas que los fans conocemos desde hace décadas. El intérprete de Khan de Star Trek; En la Oscuridad o el Alan Turing The Imitation Game ofrece de manera sabia y elegante el necesario equilibrio entre egoismo y presuntuosidad durante la primera mitad del metraje su obsesión por descubrir las artes místicas en el ecuador del relato y la reafirmación de su posición como Hechicero Supremo en la recta final donde vemos por fin al rol clásico de los cómics tomar forma en pantalla. El británico hace suyo al Doctor e incluso consigue que los pequeños apuntes de humor que utiliza la cinta en ciertas ocasiones del desarrollo de la trama no chirríen de cara al espectador o desentonen con el matiz más solemne del grueso de la obra y eso que los mismos recaen casi siempre sobre sus hombros. Será interesante verle en un futuro intercambiar diálogos con el Tony Stark de Robert Downey Jr.




Dentro de los secundarios tenemos luces y sombras y no precisamente por la labor del magnífico reparto. En cuanto a los aciertos tenemos el mayúsculo de haber dado el papel de "La Anciana" a una enorme Tilda Swinton que una vez más explota al máximo su físico de naturaleza casi andrógina transmitiendo a la platea la templanza, ambigüedad y el estar creyéndose en todo momento un papel con unos poderes sobreesdrújulos en las antípodas de los roles que suele interpretar. Muy buen trabajo también de Chiwetel Ejiofor con el germen de lo que en entregas posteriores puede ser un gran Barón Mordo, Benedict Wong da con mucho oficio la réplica al protagonista de Benedict Cumberbatch y aunque entre en la galería de villanos poco perfilados y aprovechados el Kaecilius de un siempre magnífico Madds Mikkelsen tiene la suficiente presencia física y transmite los niveles justos de amenaza como para que su personaje no sea desdeñable. La peor parte se la lleva Rachel McAdams que dando vida a Christine Palmer queda reducida al típico prototipo femenino propio de la ficción cinematográfica comercial americana que no deja de ser un añadido para inyectar más dramatismo al masculino.




Aunque sigue casi a pie de la letra la "fórmula Marvel Studios" sin salirse demasiado por la tanjente esta vez Kevin Feige y sus asalariados han sabido ofrecer algo más original y atípico dentro del Universo Cinematográfico de la Casa de las Ideas como en su momento hicieron la inesperadamente autoparódica Iron Man 3 de Shane Black o la gamberra y macarra Guardianes de la Galaxia de James Gunn. Scott Derrickson y sus colaboradores han ejecutado perfectamente su labor de mostrarse como competentes artesanos colaborando por un bien (lúdico y económico) mayor y tanto la taquilla como la prensa especializada han respondido muy positivamente. Menos conservadora que la por otro lado potente Capitán América: Civil War, mucho más compacta que la divertida pero intrascendente Escuadrón Suicida y más rupturista que la continuista pero recuperable X-Men: Apocalipsis Doctor Strange sería la película inspirada en cómics del año si no fuera porque a día de hoy todavía mi corazón se va volando con cierto mercenario canadiense pansexual y con graves problemas cutaneos que dificlmente perderá durante lo que queda de 2016 el título de mejor cinta protagonizada por ¿superhéroes? de la temporada.



jueves, 24 de noviembre de 2016

Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos



Título Original Fantastic Beats and Where to Find Them (2016)
Director David Yates
Guión J.K. Rowling, basado en su propia novela
Reparto Eddie Redmayne, Katherine Waterston, Dan Fogler, Alison Sudol, Colin Farrell, Carmen Ejogo, Samantha Morton, Ezra Miller, Ron Perlman, Johnny Depp, Zoë Kravitz, Gemma Chan, Jon Voight, Christine Marzano, Lucie Pohl





En el año 2001, en pleno apogeo de la serie literaria protagonizada Harry Potter que acababa de ofrecer por aquel entonces su cuarta entrega, la escritora J.K. Rowling decidió extender el universo de su peculiar mago adolescente con una novela localizada en el mismo microcosmos, pero ambientada en una época pretérita en la que el pequeño hechicero vivía aventuras con sus amigos Hermione Granger y Ron Weasley bajo la tutela de Albus Dumbledore y la amenaza de Lord Voldemort. El libro se tituló Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos (Fantastic Beasts and Where to Find Them, en su idioma original) fue editado a modo de obra literaria facsimil propiedad de Harry Potter que le era exigida como lectura obligatoria en el primer año de estudios en Howgarts e ideada por Newt Scamander, un “magizoólogo” británico (antiguo alumno también de Albus Dumbeldore en la famosa escuela) que se dedicaba a la búsqueda y cuidado de criaturas mágicas a lo largo del mundo y que en este manuscrito se dedicó a clasificar y diferenciar. La obra fue bien recibida y tras el cierre de la saga cinematográfica de Harry Potter hace cinco años poco tardaron los jefazos de Warner Bros en ponerse manos a la obra para seguir explotando la creación de J.K. Rowling aunque fuera por medio de un trabajo que sólo estaba relacionado con las peripecias del hijo de James y Lily Potter de manera tangencial y sin ser una pieza fácilmente adaptable a la pantalla grande.




Los productores de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos eran conscientes de que que por mucho que el largometraje estuviera vinculado con el universo de Harry Potter al no hacer presencia en él ninguno de los personajes más conocidos de la saga cinematográfica el riesgo de encontrar a un público poco receptivo estaba en el aire. Por suerte Warner Bros ha depositado la responsabilidad de sacar adelante este proyecto en los dos profesionales más adecuados para que el mismo se convierta en un éxito total, hablamos nada más y nada menos que del cineasta David Yates y la mismísima escritora J.K. Rowling. El primero es un veterano a la hora de llevar a imágenes el mundo mágico y fantástico salido de los libros de Rowling ya que desde Harry Potter y la Orden del Fénix se ocupó de dirigir todas las películas de la franquicia y la segunda es la mejor elección posible en cuanto a adaptar su propia novela a un guión cinematográfico ya que nadie lo conoce mejor que ella y gracias a esto debuta por primera vez en el séptimo arte sin intermediarios para que su prosa llegue, por primera vez, directamente a la platea. Una vez estrenada la cinta ha funcionado magníficamente bien en taquilla y ha seducido a gran parte de la prensa especializada, reacción que nosotros compartimos al encontrarnos con un muy competente proyecto que sabe aunar la “magia Potter” con un tono más dirigido a un público adulto.




La historia narrada en Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos se centra en el viaje de Newt Scamander (Eddie Redmayne) a New York en el año 1926, allí tendrá que cumplir una misión relacionada con los animales del reino fantástico que pueblan el planeta y que se verá truncada cuando su maletín repleto de estas criaturas se abra en la casa de Jacob Kowalski (Dan Fogler) un “no-maj” (persona no mágica, conocidos como muggles en Inglaterra como recordamos de la saga original) y se escapen a lo largo y ancho de la Gran Manzana. Esta excusa mínima sirve a J.K. Rowling y David Yates para desplegar todo su bestiario (nunca mejor dicho) e imaginería visual con la que dan una pátina de clasiscismo y madurez a lo que ambos plantearon en las sagas literarias y cinematográficas relacionados con Harry Potter. Warner Bros no ha escatimado gastos para ofrecer al largometraje un diseño de producción a la altura de una superproducción como la que nos ocupa, el mismos que Yates y su equipo técnico no desaprovechan para retratar una ciudad de New York de principios de siglo con reminiscencias estéticas que van desde El Padrino II a Érase Una Vez en América y una sabia mezcla entre luz y oscuridad perfectamente amalgamada en pantalla. Todo lo relacionado con Scaramander y su búsqueda de los seres que se han escapado de su maletín aportan humor, dinamismo y ritmo alocado y por otro lado la subtrama protagonizada por Graves (Colin Farrell), Credence (Ezra Miller) y con Los Segundos Salemitas como telón de fondo dan un tono de oscurantismo impropio de la franquicia abordando temas como la xenofobia y el extremismo religioso con bastante acierto, pero sin demasiado profundidad.




En medio de esta mezcla de tonalidades que tanto Rowling en la escritura como Yates en la realización saben aunar sin que desentone en ningún momento ambos consiguen perfilar unos personajes que sin eludir arquetipos clásicos y mil veces vistos contienen la suficiente personalidad como para identidificarnos con ellos y convertirnos en cómplices de sus épicas correrías. El Newt Sacaramander de Eddie Redmayne se gana la simpatía del público desde su primera aparición en pantalla, el actor de El Destino de Júpiter, de la manera más sabia posible, emula a los maestros del cine mudo como Charles Chaplin y Buster Keaton apelando a la comedia física y el slapstick de estos, pero desde hace un tiempo en todos sus proyectos parece interpretar el mismo rol tímido, apocado y de sonrisa infantil. En cambio dentro del reparto la verdadera sorpresa la ofrece Dan Fogler como Jacob Kowalski, una especie de cruce entre Oliver Hardy y Sancho Panza que con sus caras de asombro y risa bobalicona hace las delicias de una platea que ve cómo casi todo el humor recae sobre él. A ambos protagonistas les dan la réplica una sencilla Katherine Waterston y una pizpireta Alison Sudol como las hermanas Goldstein, pero es en el “lado oscuro” donde encontramos los trabajos de casting más interesantes con una manipuladora Samantha Morton y un excelente Ezra Miller (el The Flash de la próxima película de La Liga de la Justicia Americana) como Credence que comparte momentos de alto voltaje con el ambiguo Graves de un Colin Farrell que se mimetiza acertadamente con su papel de villano con sorpresa final.




Como previamente hemos apuntado J.K. Rowling debuta como guionista cinematográfica con Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos y aprueba con nota mostrando unas especiales dotes para extrapolar su impronta literaria al ritmo del medio cinematográfico con un muy buen hacer tanto a la hora de perfilar personajes e inyectar acción o dinamismo a la historia como a la de ser fiel a su discurso y microcosmos nacido en las novelas que le dieron la fama, notándose en todo momento que la implicación que tuvo como productora en todas las entregas fílmicas de Harry Potter le sirvieron para coger tablas viendo como otros libretistas como Steve Kloves o Michael Goldenberg llevaban con acierto a guiones cinematográficos sus libros. Por otro lado un David Yates que este año ha encadenado el rodaje de la cumplidora pero bastante olvidable La Leyenda de Tarzán con la cinta que nos ocupa tira de profesionalidad y veteranía en este tipo de producciones emulando el tono impersonal y academicista pero efectivo y dinámico que inyectó en los cuatro films protagonizados por Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint que rodó entre los años 2007 y 2011. El británico se ocupa como jefe de ceremonias de que los apartados técnico y artístico converjan adecuadamente consiguiéndolo en casi todo momento y sólo mostrando algo de endeblez el conjunto de su trabajo en lo referido a unos efectos digitales que paradójicamente no están a la altura del magnífico diseño de los animales fantásticos que dan título a la película.




Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos funciona a distintos niveles y no puede haber mejor noticia que esa. Lo hace como precuela y spin off de la saga Harry Potter, como inicio de una nueva saga, como extensión del universo cinematográfico relacionado con dicho personaje y sobre todo, y más importante, como película comercial entretenida y bien rematada en casi todos sus aspectos. Sin desentonar con las distintas entregas de su franquicia gemela e incluso superando a algunas de ellas (a Harry Potter y el Misterio del Príncipe, por poner un ejemplo) J.K. Rowling y David Yates han puesto la primera sólida piedra para que Warner Bros comience una nueva serie de films que según hemos sabido hace pocos días constará de cinco entregas en las que posiblemente guionista y director estarán implicados totalmente. Pero por ahora nos quedamos con las buenas impresiones transmitidas por esta primera parte que se revela como una interesante y competente propuesta en la actual cartelera que satisfará a los fans de la creación de literaria de la autora de El Canto del Cuco y a los amantes del celuloide adscrito a la fantasía y la aventura sin demasiadas pretensiones, ofreciendo 133 minutos de diversión cinematográfica llena de magia, humor, acción, amistad y la eterna lucha entre luz y oscuridad que no debe faltar en una historia poblada por hechiceros y bestias de distinto y variopinto pelaje.





domingo, 13 de noviembre de 2016

Sully


Título Original Sully (2016)
Director Clint Eastwood
Guión Todd Komarnicki, basado en el libro de Chelsey Sullenberg y Jeffrey Zaslow
Reparto Tom Hanks, Aaron Eckhart, Laura Linney, Anna Gunn, Jamey Sheridan, Autumn Reeser, Sam Huntington, Jerry Ferrara, Jeff Kober, Chris Bauer, Holt McCallany, Carla Shinall, Lynn Marocola, Max Adler, Valerie Mahaffey, Ashley Austin Morris





Pese a sus 86 años de edad el veterano actor y cineasta norteamericano Clint Eastwood no para de trabajar, sobre todo si nos referimos a su prolija faceta detrás de las cámaras. La última vez que supimos algo de él fue en 2014, año en el que estrenó dos biopics diametralmente opuestos, el del navy seal Chris Kyle en la competente, pero demasiado entregada a la idealización de su protagonista, El Francotirador (American Sniper) y la del grupo musical The Four Seasons en la coral Jersey Boys, pareja de films que siguen la tónica que ha tomado la última parte de la filmografía como creador del protagonista de la Trilogía del Dolar o la saga de Harry el Sucio, o lo que es lo mismo, la gestación de largometrajes correctos, cargados de buen cine, pero que normalmente quedan lejos de los mejores trabajos de su autor. Sully no es una excepción a esa regla y a pesar de estar ejecutada con una profesionalidad (casi) intachable en todos y cada uno de sus apartados también tiene poco que hacer frente a piezas aposentadas en la excelencia como Sin Perdón, Un Mundo Perfecto o Mystic River. Pero como mencionamos la última producción como jefe de ceremonias de Clint Eastwood se revela como una de las apuestas más sólidas e interesantes de la cartelera actual gracias a unas buenas dosis de drama, acción y heroismo puramente estadounidenses aposentadas en su saber hacer como autor, un guión considerablemente competente (aunque con alguna mancha que más tarde apuntaremos) y un reparto muy cohesionado comandado por una pareja de actores principales en estado de gracia.




Sully está basada en la novela Higher Duty, escrita a cuatro manos por los pilotos Chelsey Sullenberg y Jeffrey Zaslow, autores de una de la heroicidades más increíbles de la historia de la aviación mundial. El 15 de Enero de 2009 consiguieron la proeza de amerizar con éxito un Airbus 320, el del vuelo 1549 de US Airways, en el río Hudson de Nueva York sin que el pasaje sufriera daño alguno. El largometraje dirigido por Clint Eastwood y escrito por Todd Komarnicki (Seduciendo a Un Extraño, Resistencia) se centra principalmente en la figura de Sullenberger y por medio de él y de la posterior investigación sobre si su acto de heroicidad fue una temeridad o no y de cómo asimila su nuevo estatus profesional y social el director de Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal vuelve a una de sus constantes autorales más representativas, la del héroe que no se considera como tal porque “sólo cumple con su deber” y que nos retrotrae a algunos de sus trabajos como la ya mencionada cinta protagonizada en 2014 por Bradley Cooper o a aquel soberbio díptico bélico formado por Banderas de Nuestros Padres y Cartas Desde Iwo Jima. En este terreno Eastwood vuelva a hacer gala de su visión clasicista del cine de Hollywood con una historia 100% americana en la que se muestran las luces y sombras de su sociedad aunque desde una corrección política más acentuada de lo habitual en su impronta y recordándonos en no pocas ocasiones a la obra de Frank Capra.




Pese a que Clint Eastwood trata de llevar a su terreno su último largometraje este no deja de ser un proyecto bien ejecutado aunque con toda la apariencia de ser un trabajo de encargo en el que no ha depositado otra cosa que no sean sus tablas como cineasta curtido en mil batallas. El director de Bird toma el control de los mandos de su máquina y consigue que esta funcione con el ingenio y el ferreo pulso esperados, con una puesta en escena medida y perfectamente estructurada con la que asentar su relato sobre un guión que en todo momento trata de mantener el interés del espectador aunque en ocasiones recurriendo a algunos trucos algo cuestionables. La primera mitad de la película es ejemplar, con el uso de la narración in media res, todo el desarrollo de acontecimientos que tiene lugar después del accidente aéreo se ve enriquecido con una serie de flashbacks bien equilibrados y localizados en el momento justo del metraje para dar distintos puntos de vista de lo que sucedió aquel ya célebre 15 de Enero de 2009. El problema reside en que después de que asistamos a cómo los pilotos llevan a cabo su acto de heroicidad por medio de uno de estos recuerdos por parte del protagonista el film recurre a ciertas licencias dramáticas bastante torpes para que el relato siga transmitiendo la sensación de intriga que la primera hora del film inyectaba con naturalidad a la narración y aunque estos posiblemente se ciñan a la realidad son reprobables. Poner en peligro de manera arbitraria a miembros del pasaje del avión una vez este se encuentra sobre el río Hudson y dar un tono de impostada conspiranoia al grueso de la investigación con respecto a si la decisión de los pilotos fue temeraria o no dan la impresión de que Eastwood y su guionista quieren alargar más de lo debido su historia por medio de añadidos innecesarios a la trama central, algo que sucedía también en Argo, el magnífico y premiado film de Ben Affleck, que parecía acumular una serie de improbables desinfortunios para poner en peligro a sus personajes hasta el último momento y que denotaban cierto artificio en pos del espectáculo cinematográfico.




Como en toda película con Clint Eastwood detrás de las cámaras uno de los puntos más fuertes de Sully es su dirección de actores. Aunque el reparto de secundarios del largometraje es de nota con la presencia de intérpretes magníficos como Laura Linney (El Show de Truman) Anna Gunn (Breaking Bad) o infravalorados como Jamey Sheridan (el Randal Flagg de la versión televisiva de Apocalipsis de la novela de Stephen King) o Chris Bauer (inolvidable como el sindicalista Fran Sobotka en la segunda temporada de The Wire) son unos intachables Tom Hanks y Aaron Eckhart los que se muestran como el alma de la película. El protagonista de Philadelphia o Capitán Philips apela a una sabia contención y a una dignidad en pantalla con un rol que fácilmente podían haber interpretado en su época genios como Henry Fonda o James Stewart. Chelsey Sullenberg es el americano ejemplar, recto, íntegro, de una honorabilidad fuera de toda duda y en estas lides Hanks es un perro viejo que sabe como vestir el traje de hombre intachable. Dándole la réplica encontramos a un Aaron Eckhart en modo robaescenas que con su carisma, soltura y verborrea no sólo consigue estar a la altura de su partenaire, también en ocasiones consigue quitarle protagonismo gracias a ese talento que no nos pilla de sorpresa a los que hemos disfrutado su labor en films como Gracias Por Fumar, El Caballero Oscuro o Erin Borckovich. La química entre los dos actores, la complicidad de los dos personajes y los momentos que comparten en pantalla bajo las órdenes de un Clint Eastwood que sabe sacar lo mejor de ellos son lo mejor que puede ofrecer Sully como producto cinematográfico, sólo la escena en la que “tienen que salir a tomar el aire” en el clímax final sirve de esclarecedora síntesis del enorme trabajo que ambos intérpretes llevan a cabo de manera conjunta.




Desde Gran Torino, su última gran cinta, Clint Eastwood siempre cumple de cara al público y la prensa especializada, pero no consigue rematar esa gran nueva obra que se le lleva años resistiendo y en ese sentido Sully es otra pieza menor dentro de su filmografía, pero está lejos de ser una cinta desdeñable o carente de interés. Aunque como ya hemos citado parece haber sido rodada con cierto impersonal academicismo y su guión en puntuales ocasiones no está todo lo cohesionado que debiera (el papel de Laura Linney es el prototípico de esposa sufridora y la subtrama del controlador aéreo es innecesaria y lacrimógena) funciona durante la mayor parte del metraje. Por suerte un director con más de cuarenta años de experiencia que controla con presteza todos los apartados del film y un dúo de protagonistas que le dan la película hecha con su enorme labor actoral consiguen que el último proyecto del cineasta norteamericano contenga en su impronta los suficientes aciertos para ser considerado uno de los atractivos más interesantes de la cartelera actual. Al igual que otros veteranos como Woody Allen, Martin Scorsese, Oliver Stone o Steven Spielberg, su etapa dorada pasó, pero por suerte todavía es capaz de ofrecernos propuestas atractivas y eficientes que elevan considerablemente la calidad media de la temporada de turno por medio de producciones que no son otra cosa que el resultado de décadas de carrera engrandeciendo el celuloide comercial estadounidense alternando cine de autor con competentes productos propios de artesanos que conocen plenamente su oficio como el que nos ocupa



viernes, 28 de octubre de 2016

Hardcore Henry, adrenalina e inmadurez en primera persona



Título Original Hardcore Henry (2016)
Director Ilya Naishuler
Guión Will Stewart y Ilya Naishuller 
Reparto Sharlto Copley, Danila Kozlovsky, Haley Bennett, Andrei Dementiev, Darya Charusha, Svetlana Ustinova, Oleg Poddubnyy, Cyrus Arnold, Ilya Naishuller, Will Stewart, Jack Hahn, Jake Karlen, Tim Roth





El actual cine ruso está conociendo una nueva etapa de bonanza en lo referido a dar salida internacional al género de acción que allí se cultiva para hacer carrera lejos de su país de origen. Dentro de esta nueva ola de films de evasión que buscan (y en ocasiones consiguen) mirar directamente a los ojos a las superproducciones hollywoodienses es recurrente el nombre del director, productor y guionista Timur Berkmambetov. El realizador de la terrible adaptación de Wanted, el cómic de Mark Millar y J,G. Jones editado por el sello Top Cow fundado por el dibujante Marc Silvestri, o de uno de los mayores fracasos de taquilla del 2016 (el, como no, innecesario remake de Ben-Hur) se dio a conocer a nivel mundial con el díptico Guardianes de la Noche/Guardianes del Día. Con una estética recargada, de un esteticismo cutre y chabacano que convertían ambos films en dos insoportables videoclips de grindcore Berkmambetov consiguió con esta saga un éxito con pocos precedentes en el cine comercial ruso. A su llegada a Hollywood rodó films como los que hemos mencionado previamente u otros como Abraham Lincoln Cazavampiros, pero no dejó de poner la mirada en el celuloide de su nación y decidió también ejercer labores de productor para impulsar distinto tipo de largometrajes y con ello ayudar a jóvenes cineastas que querían hacerse un hueco en este nuevo resurgir del cine de acción que insufla pujante vida comercial a la producción fílmica del país ruso. Hardcore Henry, la cinta que nos ocupa en esta entrada, es una de esas producciones apadrinadas por Timur Berkmambetov y posiblemente una de las más exitosas ya que en poco menos de un año se ha convertido en una pieza de culto para no pocos fans que han visto en el film escrito y dirigido por Ilya Naishuller una obra tan arriesgada en lo formal como paradójicamente comercial en lo argumental.




El origen de un proyecto como Hardcore Henry es un videoclip para el grupo de rock Biting Elbows de poco menos de cinco minutos llamado Bad Motherfucker con el que el director Ilya Naishuller (también miembro de la banda) narra la escapada de un hombre secuestrado por una organización criminal con la peculiaridad de estar narrada en plano subjetivo, o lo que es lo mismo, el espectador se convierte en el protagonista de la velada. Dos peculiares productores quedaron gratamente sorprendidos por dicho video musical, uno es el ya mencionado Timur Berkmambetov y el otro Sharlto Copley, el actor sudafricano conocido por intervenir en los films de su colaborador y amigo el cineasta Neil Blomkamp (Distrito 9, Elysium, Chappie) y por ofrecer sus servicios a producciones hollywoodienses como El Equipo A, Maléfica o la adaptación televisiva del cómic Powers ideado por el guionista Brian Michael Bendis y el dibujante Michael Avon Oeming. Esta peculiar pareja de “inversores” ofrecieron a Ilya Naishuller la posibilidad de adaptar su videoclip a largometraje con una premisa muy parecida a la de aquellos espídicos cinco minutos pero con una argumento algo más consistente detrás de la historia. El resultado es esta Hardcore Henry que nos ocupa, un producto tan eficiente, entretenido y espídico como redundante, chabacano y efectista. En las siguientes líneas vamos a intentar enumerar tanto los fallos como las virtudes de esta producción rusa que ha llegado a nuestro país tarde, mal y con una promoción nula, algo a lo que volveremos más tarde para hablar de la naturaleza del film como obra cinematográfica de género(s).




Los títulos de crédito con imágenes en primerísimo plano y a cámara superlenta de apuñalamientos, disparos, y puñetazos con todo lujo de detalles hemoglobínicos nos dejan bien claro lo que vamos a encontrarnos con Hardcore Henry, un desfile de violencia explícita y gratuita, adrenalina en vena, acción aparatosa y desenfrenada, uso sexista de la imagen de la mujer y todo sin dar un momento de calma a la platea. El largometraje de Ilya Naishuller es lo más parecido a vivir en primera persona una de las dos entregas de la saga Crank protagonizada por Jason Statham, y de hecho no sólo quedan ahí los paralelismos con el cine de los directores estadounidenses Mark Neveldine y Brian Taylor, ya que tanto el uso como leit motiv del tema Under my Skin de Cole Porter (desembocando su utilización en una peculiar escena musical) como la influencia del mundo del videojuego la emparenten con aquella desquiciada y verhoeveniana Gamer protagonizada por un brutal Gerard Butler y un carismático Michael C. Hall. Porque no eludamos lo evidente, Hardcore Henry es un FPS (First Person Shooter) hecho celuloide, un videojuego de disparos en primera persona (aunque la implicación del espectador con la película sería la de estar viendo a otra persona jugar una partida) que cumplirá los sueños húmedos de más jugadores de videoconsola que aficionados al séptimo arte, aunque es evidente que estos últimos también podrán disfrutar del proyecto debido a sus no pocos hallazgos visuales y estéticos que realmente son los únicos que pueden ofrecer algo verdaderamente remarcable en una producción como la que nos ocupa entregada en todo momento a los brazos de la vacuidad.




Aunque por motivos lógicos es más elaborado que el del videoclip que le sirve como base el argumento de la película de Ilya Naishuller podría escribirse en un post it. El largometraje está protagonizado por el Henry del título, un desconocido que despierta en un laboratorio donde un grupo de científicos comandados por Estelle (Haley Bennett), su mujer, le han implantado partes cibernéticas a su cuerpo sin tener él recuerdos de tales hechos o su vida pasada. Seguidamente un grupo de mafiosos rusos liderados por un misterioso personaje con poderes psíquicos llamado Akan (Danila Kozlovsky) secuestran a Estelle y persiguen a Henry a lo largo y ancho de toda Rusia recibiendo este la única ayuda de un peculiar personaje llamado Jimmy (Sharlto Copley) que le ayudará a vencer a los criminales que le dan caza y con ello rescatar a su esposa. Esta persecución en sesión continua en la que se ve implicado Henry es el único hilo narrativo que bascula la trama y como podemos ver a la media hora de metraje la misma se fagocita y autoconsume hasta entregarse a la reiteración y la redundancia, pero por suerte el guionista y director sabe dar un ritmo frenético a la propuesta por medio del uso y abuso de localizaciones o lo que es lo mismo, las distintas “fases del videojuego”, las secuencias de acción en cascada y la variedad en cuanto a los personajes que proporciona el rol del protagonista de Distrito 9 y sus “personalidades” que son lo mejor del reparto.




Hardcore Henry apela a la persecución continua, al tiroteo cada diez segundos, a las peleas a puño cerrado cada quince, todo es un desfile de pólvora, explosiones, sangre, ruido y furia que no contiene nada en su interior, pero que depositando en los hombros del enorme esfuerzo físico de su actor protagonista en primera persona y en unos efectos especiales que ayudan a potenciar exponencialmente todas y cada una de las secuencias de acción que la pantalla vomita sin dar tregua al espectador con una mezcolanza de thriller frenético, cinta de mafiosos, muestra de trasnochado cyberpunk y algunos toques de ciencia ficción pasada de rosca consigue mantener (casi) siempre el interés del que visiona. Ilya Naishuller y su co guionista Will Stewart saben que tienen poco o nada que contar y tratan por todos los medios llenar el encuadre de la mayor información visual posible para que la platea no se pare en reparar que no hay historia o, siendo algo benévolos, que la misma no tiene la solidez narrativa necesaria para pasar como un relato con inicio, nudo y desenlace en el sentido más ortodoxo de la palabra. Esta producción de 2015 prefiere, como previamente hemos anotado, parecerse más a un shooter descerebrado y sin miramientos que a un producto cinematográfico, y con esta afirmación no quiere el que esto suscribe desmerecer los elaborados guiones de no pocos arcades, aventuras gráficas o juegos de plataforma que en ocasiones tienen un timing y un desarrollo de personajes más elaborado que el de muchas de las producciones de Hollywood (ahí tenemos los productos diseñados por Hideo Kojima) pero sí que el film de Ilya Naishuller prefiere beber de los de más baja estofa relacionados con los FPS.




El mayor problema nace, como unos párrafos más arriba mencionábamos, en que la idea nace casi vieja y que cuando llevamos media hora de metraje la naturaleza comercialoide del proyecto que tomó como base un videoclip sin más peculiaridad que su punto de vista narrativo y visual se deja notar y su director, conociendo estas limitaciones impuestas por la conceptualidad y el género de su obra, sólo pueda entregarse al “más todavía” encadenando escenas dinámicas, desquiciadas, hipertróficas en las que el artificio y lo superfluo arrancan cualquier atisbo de lógica a la narración, algo que por otro lado un proyecto como Hardcore Henry no busca en absoluto, de hecho lo rechaza de plano. Pero es esa imposibilidad del largometraje de salir del microcosmos que él mismo ha creado el que lo convierte un ejercicio de (tosco) estilo en el que sólo tienen cabida la muerte (posiblemente estemos ante una de las cintas con más defunciones del cine reciente) y la destrucción más aparatosa. Finalmente y cuando parece que a Ilya Naishuller ya no le quedan más balas en el cargador se despide del metraje con un clímax final en el que una orgía de sangre, golpes, cuerpos mutilados, masacrados, volados por los aires y profanados físicamente de mil maneras saturan el encuadre de un horror vacui de caos, locura, insania y salvajismo formal y conceptual que no todo tipo de espectador soportará hasta su cierre, pero que también depara algunos momentos memorables por desfasados y cafres.




Para el que esto firma todavía es un misterio que un producto tan obscenamente comercial como Hardcore Henry que ha funcionado considerablemente en las taquillas de los países en los que se ha estrenado haya sido tan ninguneado en España, llegando aquí más de un año después de su estreno y sólo a tres insignificantes salas a lo largo y ancho de todo el país. Posiblemente sea debido a su personalidad cafre, deshinibida, políticamente incorrecta que se mueve entre el sano descaro y la probocación propia de un quinceañero imberbe, o puede que no, pero el film de Ilya Naishuller va a pasar totalmente desapercibido, para bien o para mal, en nuestra tierra. Lo cierto es que poco importa, este film ruso, esta oda al salvajismo impostado pero cortante ya es considerada una obra de culto, ese tipo de largometraje que apasiona a adolescentes que lo ven compulsivamente y (casi) siempre en compañía para disfrutar del desfile da balas, fuego, carne y sinsentidos puestos en fila india con un Sharlto Copley a modo de anfitrión que parece una mezcla entre el Mortadelo de Francisco Ibáñez y un sketch andante de Monty Python’s Flying Circus y que como obra cinematográfica ni siquiera es del todo original (productos relativamente recientes como Enter the Void, de Gaspar Noé o el remake de Maniac que han ideado Alexandre Aja, Gregory Levasseur y Franck Khalfoun hacían mejor uso del recurso de la narración primera persona) pero sí sabe ofrecer fruición a ritmo de chute lisérgico a todo aquel que, sin ser propenso a marearse con los brutales movimientos de cámara, la vea sin prejuicios y sabiendo a ciencia cierta desde su minuto uno que es una divertida y esquizofrénica estupidez.


sábado, 22 de octubre de 2016

Elle, los ojos del gato



Título Original Elle (2016)
Director Paul Verhoeven
Guión David Birke, basado en la novela de Philippe Djian
Reparto Isabelle Huppert, Laurent Lafitte, Anne Consigny, Charles Berling, Virginie Efira, Lucas Prisor, Christian Berkel, Alice Isaaz, Jonas Bloquet, Vimala Pons







Como es uno de mis directores favoritos y creo que es la primera vez que se reseña un estreno suyo como tal en Zona Negativa voy a hacer una pequeña introducción a la vida y milagros de Paul Verhoeven ya que La carrera del cineasta holandés es una de las más peculiares de Europa. Sus comienzos fueron en la televisión de su país con series de aventuras como Floris (en la que coincidió por primera vez con el que se convertiría en su actor fetiche, Rutger Hauer) para más tarde debutar en pantalla grande con Delicias Holandesas (1971), una comedia que se movía entre lo histriónico y lo naif para narrar el día a día de una casa de alterne localizada en el famoso Barrio Rojo de Amsterdan. Pero sería con su siguiente film, Delicias Turcas (1973), con el que comenzaría a labrarse fama de provocador, grosero y chabacano. Aquella revisión nihilista y sexualmente liberada de Love Story que narraba la relación de amor y desenfreno entre unos muy carnales Rutger Hauer y Monique Van De Ven puso a Verhoeven en el punto de mira de la opinión pública, algo que no desaparecería con su siguiente trabajo Katty Tippel (1975), con el mismo dúo de actores y abordando el director una vez más el tema de la prostitución pero localizando la trama a finales del siglo XIX. Eric: Oficial de la Reina (1977) llegó para atenuar la controversia que le perseguía ya que con esta epopeya bélica sobre la amistad, el honor y la traición llegó incluso a los Globos de Oro de aquel año con un gran éxito y una repercusión que por primera vez ponía en el panorama internacional su figura como profesional. Pero sus dos siguientes films Spetters (1980), rebautizada en España terriblemente como ¡Vivir a Tope!), y El Cuarto Hombre (1983) que abordaban con una dureza y explicitud más que notable la juventud holandesa de la época y la obsesión de un escritor homosexual (Jeroen Krabbé, otro de sus actores más recurrentes) con una atractiva “viuda negra” respectivamente terminaron por bombardear la carrera cinematográfica del holandés que se vio en la condición de tener que exiliarse de su país para seguir haciendo cine.




Por aquel entonces nuestro protagonista decidió probar suerte rodando fuera de su país y se embarcó en el proyecto de Los Señores del Acero (Flesh + Blood) (1985) una cinta medieval sucia y bastarda que no escatimaba secuencias truculentas y explícitas para narrar la historia de un grupo de mercenarios que buscaban venganza contra el señor feudal que les había contratado y que a última hora los traicionó. Protagonizada por un Rutger Hauer muy crecido en su ego que ya había rodado en Hollywood productos como Blade Runner y una jovencísima Jennifer Jason Leigh el film supuso una de las peores experiencias del holandés como director debido a la gran cantidad de productores (el film era una producción entre Holanda, España y Estados Unidos) que le presionaron durante el proceso de realización, pero también se reveló como una de las películas que con más fidelidad ha llevado la edad media al séptimo arte, con toda su miseria, podredumbre y visceralidad. De manera todavía indescifrable algún productor de la ya extinta Orion Pictures vio Los Señores del Acero y pensó que este holandés loco sería la elección perfecta para llevar a imágenes un guión escrito por unos desconocidos Ed Neumeier y Michael Miner llamado Robocop. Verhoeven leyó menos de la mitad del guión y lo tiró a la basura, pero su mujer Martine lo recuperó y después de leerlo en su integridad le dijo a su esposo que mirara más allá del género de acción al que se adscribía la historia y vería un trasfondo mucho más interesante de lo que parecía. Finalmente Verheoven terminó el libreto, aceptó el trabajo y el resto es historia.




Robocop (1987), que contenía debajo de su “mitad hombre, mitad máquina… todo policía” una sátira abrasadora sobre la sociedad americana con sus ataques preventivos, capitalismo voraz y consumismo desenfrenado, fue un enorme éxito y a parte de dar pie a una descomunal franquicia en la que cabían secuelas, series de tv, remakes, figuras coleccionables o cómics convirtió a Paul Verhoeven en uno de los directores punteros de Hollywood. La visión distópica de un futuro no muy lejano, la violencia explícita hasta límites obscenos y su control de los resortes narrativos de la ciencia ficción fueron los motivos que incitaron a Arnold Schwarzenegger a pedir a los productores Mario Kassar y Andrew G. Vajna que eligieran a Verhoeven para que dirigiera la adaptación de un relato corto de Philip K. Dick que estaban gestando y que se convirtió en Desafio Total (1990), otro éxito que conseguía trascender de las cintas habituales protagonizadas por el ex gobernador de California para convertirse en una muestra de espionaje intergaláctico brutal y terriblemente divertida. Verhoeven seguía en la cresta de la ola y Kassar y Vajna confiaron en él para llevar a imágenes el que durante mucho tiempo fue el guión más caro de la historia de Hollywood, el de Instinto Básico (1992), escrito por Joe Eszterhas. Una vez más la polémica y el éxito se aunaron para encumbrar al director. Michael Douglas dando vida a un policía autodestructivo, Sharon Stone convirtiéndose en el sueño húmedo de hombres y mujeres de todo el mundo a golpe de cruce de piernas y el mismo Verhoeven resucitaron el thriller erótico y dieron forma a una de las superproducciones más icónicas y taquilleras de los 90.




Después del estreno de Instinto Básico el equipo de productores, guionista y director decidieron volver a trabajar juntos en un salto mortal sin red, crear una película NC-17 (la antigua X que prohibe en las salas americanas el acceso a menores de edad) que no tuviera miedo de su calificación por edades, llegando incluso a celebrarla por medio de desnudos y sexo sin tapujos, el sueño dorado de Verhoeven. Como muchos sabrán estamos hablando de Showgirls (1995), esa versión hardcore de Eva al Desnudo protagonizada por una imposible Elizabeth Berkley (que por otro lado dio todo y más para su papel) acompañada por Gina Gherson y Kyle McLachlan que hacía un retrato grueso, zafio y muy ácido de el mundo de las bailarinas eróticas de Las Vegas. El film fue un fracaso en taquilla y la crítica la hizo pedazos, pero cuando se editó con un descomunal éxito en el antiguo formato VHS comenzó un culto hacia ella que llega hasta nuestros días. Para algunos la peor película de los 90, para otros una obra con mucho más trasfondo del que parece (cuando no es lo uno ni lo otro) lo único que sabemos con certeza es que Showgirls supuso el principio del fin de le etapa americana de un Verhoeven que haciendo un alarde de gran sentido del humor fue a recoger su Razzie al peor director, uno de los siete que ganó el film en su año de estreno. Tras ella la suerte abandonó al holandés, ya que su soberbia adaptación satírica y crítica de la novela Starship Troopers (1997) de Robert A. Heinlein que abrazaba el antimilitarismo y el antimperialismo más lacerante fue recibida como una obra que incomprendida tildada de fascista y glorificadora de la guerra. Tres años después el escaso éxito de su fallida visión de la historia del hombre invisible con El Hombre Sin Sombra (The Hollow Man) (2000) puso el último clavo en el ataud de la carrera estadounidense de verhoeven. El holandés errante volvía a casa.




Después de su salida por la puerta de atrás de Hollywood Verhoeven tardó seis años en ponerse de nuevo detrás de las cámaras. Lo hizo en su país natal y como era de esperar en él con un producto incómodo, 100% hijo de su impronta y abordando un tema complicado como fue el del colaboracionismo de algunos de sus paisanos holandeses con los nazis durante la segunda guerra mundial. El Libro Negro (2006) aunaba todas las virtudes y señas de identidad de su etapa holandesa pero inyectando el sentido del espectáculo y el ritmo propio de su periplo estadounidense convirtiendo esta historia de una matahari holandesa interpretada por una superlativa Carice Van Houten (la famosa Melissandre de Juego de Tronos) en una de sus mejores obras, una genialidad que le mostraba en plena forma y con ganas de volver a hacer cine provocador e inteligentemente malicioso. Tras el fracaso que supuso ese extraño proyecto televisivo llamado Steekspel (2012), una tv movie a modo de mediometraje impulsada por él y realizada en cualquiera de sus apartados por toda aquella persona que quiso implicarse en el proyecto dando forma a un enorme caos, acabamos este paseo por la trayectoria de Paul Verhoeven para llegar a la actualidad y a su último film. Elle supone el primer largometraje en francés del holandés y está protagonizado por Isabelle Huppert entre otros actores originarios del país vecino. Desde su estreno en el pasado festival de Cannes ha sido alabada por la crítica y hace unas semanas llegó a la carteleras españolas con un considerable éxito de taquilla si tenemos en cuenta el reducido número de salas en la que se ha estrenado. Considerada la mejor película de Verhoeven en años un servidor no puede adscribirse al 100% a esta vertiente de pensamiento, pero es ineludible que hablamos de una magnífica cinta con la que el director nacido en Amsterdan vuelve en pleno uso de sus facultades cinematográficas y con sus inquietudes autorales de siempre, aunque con matices.




Basada en la novela “Oh…” del escritor francés de origen armenio Philippe Djian Elle es extrapolada al cine por parte de Paul Verhoeven como un proyecto con el que juega a placer con la perversión de géneros. Por un lado es como si el film pareciera una especie de versión enfermiza de los típicos largometrajes sobre burgueses franceses que la misma Isabelle Huppert protagonizaba para cineastas como el fallecido Claude Chabrol, algo parecido a lo que el austriaco Michael Haneke hizo también con ella en la memorable La Pianista, pero sin que Verhoeven se entregue a la superioridad intelectual con respecto al espectador propia del director de Funny Games. Por otro Elle podría abordarse como una deconstrucción minuciosa de los preceptos narrativos que cimentaron el subgénero rape and revenge si tenemos en cuenta la manera tan peculiar con la que el cineasta holandés y su guionista David Birke (inexplicáblemente habitual de las tv movies americanas y de estrenos directos para los videoclubs) abordan un tema como el de los abusos sexuales y la reacción ante los mismos del personaje principal. Elle sigue los pasos de Michéle (Isabelle Huppert) una empresaria del mundo de los videojuegos que es asaltada y violada en su propia casa por un desconocido encapuchado. Contrariamente a lo que pudiera parecer la mujer no se enfrenta a las secuelas de dicha situación con miedo o resignación, sino que trata de seguir adelante con su vida de una manera normal y sin permitir que el acto violento del que ha sido víctima trascienda demasiado, sobre todo si tenemos en cuenta que cuando era niña fue cómplice de los asesinatos de su padre, un homicida múltiple que a sus más de 70 años de edad sigue cumpliendo condena en la cárcel, pero sí manteniendo en su mente una sola idea, encontrar al violador, que parece ser una persona cercana a su entorno familiar o profesional.




Esta visión mórbida que ofrece Elle permite a Verhoeven incidir en muchos de los temas más recurrentes de su filmografía. La fragilidad del cuerpo humano, la entrega del individuo a sus pulsiones sexuales, la falsa pátina de moralidad en la que se escuda la sociedad occidental, el fanatismo religioso o el nihilismo cortante y seco se dan la mano en esta producción para que el sello de su autor esté en todo momento presente, sobre todo si tenemos en cuenta ese tono de sutil comedia negra que sobrevuela todo el metraje y con el que el holandés desafía al espectador con respecto a hacerle reír con situaciones que en la realidad tendrían poca gracia. Contrariamente a lo que pudiera parecer y sin un proceso gradual en su discurso como si lo experimentara el canadiense David Cronenberg cuando tomó sus preceptos sobre la Nueva Carne y los llevó a un plano psicológico poco a poco en su filmografía con su último film Verhoeven ofrece una vertiente más intelectual, contenida y elegante de sus ideario. El holandés quiere afrontar sus constantes autorales con menos explicitud y grafismo, apelando a la psicología de su personaje protagonista y las reminiscencias freudianas que su manera de afrontar la sexualidad transmiten a la platea con respecto a la represión de la misma o su vertiente sadomasoquista y en ese sentido el proyecto se hace grande, Elle es un perfecto retrato de lo poliédrica que puede ser la mente humana y los recovecos ocultos que la cimentan. El problema es que parece que el director de El Cuarto Hombre parece demasiado atado en corto, evidentemente conociendo el país de producción y su implicación en el proyecto podemos afirmar que esta decisión ha sido tomada de manera voluntaria, pero el que suscribe echa de menos en el largometraje el trazo más grueso y provocador de su creador, el tono más visceral del que Elle carece en favor de una visión más intimista que en ocasiones parace estar a punto de explotar en una enorme escena catárquica al más puro estilo Verhoeven que nunca llega.




Dicha inclinación por la contención en detrimento de su tendencia habitual, desde sus inicios una de sus señas de identidad más características, por la explicitud y la escena impactante no evita que Paul Verhoeven inyecte en Elle su habitual veneno como narrador de historias. Verhoeven utiliza la escena de la agresión sexual de Michéle como un efecto big bang que afectará al pasado y futuro del personaje protagonista y por efecto dominó al de sus familiares y allegados. El director de Eric: Oficial de la Reina utiliza esté catalizador narrativo no sólo para retratar al personaje de Isabelle Huppert y su compleja psicología sino también para ofrecer un fresco desalentador de los burgueses con los que esta se codea en su vida privada y laboral. Verhoeven puebla su fin de adúlteros, pervertidos sexuales, fanáticos religiosos, seres reprimidos, hombres sin personalidad devorados por su vida marital (en distintas vertientes) y añade pinceladas interesantes a este microcosmos con esa empresa que diseño de videojuegos al más puro estilo hentai (imposible no pensar en el anime erótico y de terror Urotsukidôji) ese rol de voyeur que toma el gato cuando asiste impávido y distante a la agresión de su dueña (el felino como representación de la frialdad de Michéle como mujer) o esos múltiples encuentros sexuales en los que se ve implicado el ya mencionado personaje de Isabelle Huppert. Con este caldo de cultivo Verhoeven no deja títere con cabeza y se despacha a gusto con un grupo de personajes tan deleznables, retorcidos o estúpidos poniéndonos en la tesitura de empatizar sólo con su protagonista, que no es precisamente una persona digna de elogio o devoción y cuyo psicoanálisis daría facilmente para una tesis completa dedicada a su persona.




Por suerte Paul Verhoeven cuenta en Elle con la total complicidad de una actriz brillante como la francesa Isabelle Huppert que se deja llevar por el instinto del holandés para abordar uno de los mejores personajes de su carrera. Como previamente hemos mencionado su rol de Michéle podría parecer una más de esas gélidas burguesas parisinas a las que lleva años dando vida, pero es la mirada inquietante, maliciosa y malsana del director de Starship Troopers la que da una nueva y malitencionada visión a dicho rol arquetípico. La protagonista de Gabrielle o Borrachera de Poder sigue el juego a su director y por medio de una contención intachable y una mirada tan distante como abrasadora cuando su sexualidad toma el control de su cuerpo interpreta a una más de esas mujeres verhoevenianas independientes, sexualmente liberadas, hechas a sí mismas, con algo de femme fatales cuyo poder sobre los hombres convierte a estos en meras comparsas, títeres que bailan al son que ellas marcan. Michéle es una mujer rodeada de virilidad tanto en su trabajo como en su casa y mantiene un ferreo control de todo lo relacionado con su vida de manera tan minuciosa que en ocasiones el espectador la percibe como un ser deshumanizado. Gracias al guión de David Birke y la impronta de Verhoeven la actriz se entrega a la ambigüedad, esa misma que no da un origen exacto a su personalidad inquietante y retorcida sin dejarnos claro si aquellos hechos criminales en los que padre la involucró son los que la convirtieron en un ser casi perverso incapaz de empatizar emocionalmente con nadie si no es por medio de la amenaza y la agresión física o si desde su mismo nacimiento llevaba consigo esa pátina masoquista y sádica.




Más cerca de las obsesiones sexuales de El Cuarto Hombre que del artificio de género de Instinto Básico y con uno ojo puesto en Luis Buñuel y el otro en Alfred Hitchocock Paul Verhoeven ejecuta una magnífica pieza cinematográfica con Elle, un producto 100% de su cosecha y efectivo en todos sus apartados. Pero un servidor no ve en ella la maravilla que la prensa especializada y gran parte del público afirma que es, me falta la carnalidad propia de su discurso autoral (el sexo en Elle es aséptico, casi pudoroso, hasta cuando la violencia converge con él, algo impensable en Verhoeven) o su toque de loco desenfrenado que no teme pasarse de la raya porque es capaz de miccionar encima de la misma. Hasta su obra inmediatamente anterior en pantalla grande, la soberbia y ya citada El Libro Negro, recurría a esa obscenidad formal (la sexualidad epidérmica, la violencia de las escenas bélicas, ese baño de mierda en el clímax final) que siempre ha sido su seña de identidad y que no debería perder en favor de cierto aire acomodaticio del que su última pieza hace gala en ocasiones. Aunque lo cierto es que poco más se le puede reprochar a un proyecto tan interesante y atrevido como Elle, repleto de mala baba y humor surrealista (lo del nieto negro, el personaje de la madre en el hospital, todo lo relacionado con la nuera) un film que con mucha osadía Francia ha seleccionada para representar a su cinematografía en la próxima gala de los Oscars. Que suceda es casi imposible, pero sería interesante ver a Paul Verhoeven recoger el premio americano más importante relacionado con el séptimo arte sabiendo que en su etapa americano no hizo otra cosa que volar por los aires la estructura de las producciones de Hollywood inyectándole su insidia europea para reírse de sus constantes narrativas, genéricas y por extensión de la misma sociedad estadounidense a la que nunca se tomó muy en serio. Verhoeven ha vuelto y esperemos que el buen recibimiento de un producto como Elle sirva para que no tarde en volver a ponerse detrás de una cámara para mostrarnos una vez más las inexcrutables debilidades de la carne humana.